GP de Mónaco F1 2026: Antonelli rompe el Mundial
Y llegó Mónaco, el odiado o amado Gran Premio urbano por excelencia del calendario de la Fórmula 1. Tradicionalmente considerado la Joya de la Corona, referido a la Triple Corona que integra con las 24 Horas de Le Mans y las 500 Millas de Indianápolis.

Sin embargo, parece que Liberty, la Fórmula 1 o la FIA, o los tres, pretenden humillar a esta carrera. No bastó con eliminar el tradicional jueves con los libres –último reducto de cuando los Grandes Premios empezaban un jueves, sí, con entrenamientos-, o con cambiar esta año la fecha -¿se imaginan que la Indy 500 no se celebrase en mayo en relación al Memorial Day?.
No. También se limitó la potencia para este año. Y se eliminó el uso de todo artilugio aerodinámico. Ni siquiera el ‘overtake mode’, que no es sino el antiguo DRS, para la recta de meta, como siempre estuvo, y como se mantuvo para la F3 y la F3. Es decir: intentemos que Mónaco sea todavía peor y que arrecien las críticas.
Mientras tanto el emocionante, glamuroso, elegante, refinado y tradicional Gran Premio de Las Vegas renueva hasta 2037, carrera promovida por la F1 que la F1 hace casi vitalicia. En estos términos nos movemos. Pero para desgracia de la F1 y Liberty, Mónaco nos dio emoción cada segundo en pista desde que empezaron los primeros entrenamientos libres: la de sentir la precisión, el riesgo y la velocidad encapsulada en calles imposibles.
Los entrenamientos
Porque este fin de semana hemos tenido de nuevo una F1 que calificaríamos de pura. En los entrenamientos, ni libres ni clasificatorios, hubo que preocuparse por la recarga de energía, hasta el punto de que era posible apretar dos vueltas seguidas. Era pilotaje y rendimiento. Y ahí se mostraron cuatro pilotos desde los libres: Antonelli, Verstappen, Hamilton y Leclerc.
En realidad, los Ferrari abrumaron el viernes, mientras que Antonelli merodeaba. El sábado, el jovencísimo líder del mundial empezó a mostrar la realidad de su Mercedes y de sus manos: velocidad, precisión, agilidad. Y en la clasificación se permitió la desfachatez de arrebatar a Max Verstappen la pole position por 43 exiguas milésimas. El holandés vivió en sus carnes lo que le hizo experimentar a Fernando Alonso en 2023.
Y hay que decirlo. Porque si Mónaco es agilidad de movimientos, rotación, tracción, el Aston Martín se mostró como el peor coche de la parrilla. En marzo nos quisieron convencer de que eran los quintos –Adrian Newey dixit-. El Honda no es bueno. El chasis no es bueno. Estaría bien dejar de vender esperanzas, asumir la realidad y trabajar en un futuro que será complicado, aun incluyendo los beneficios especiales de desarrollo.
Kimi Antonelli sonreía, mencionaba a Ayrton Senna, degustaba su adolescente grandeza –por edad, y porque está creciendo- en uno de los grandes escenarios del automovilismo mundial. Pole en Mónaco, atributo no concedido a muchos. Más de media carrera en la mano para el domingo. Y un golpe moral tremendo a un George Russell que languidecía en sexto lugar, a casi cuatro décimas. En Mónaco.

La carrera
Si Antonelli había fallado en algunas salidas al inicio del año, esta vez salió a la perfección. Y no sólo eso: el Red Bull de Max Verstappen fallaba clamorosamente y se quedaba clavado, con un grave problema que le llevaba a retirarse. A partir de ahí, fue la fiesta de Kimi Antonelli.
Desde el inicio fue abriendo hueco de forma implacable, hasta llegar al punto de humillación de doblar a su compañero de equipo cuando iba cuarto. Sí, George Russell, que tras Australia se vislumbraba como candidato firme al título, sufría esa humillación. Él, y todos, porque el italiano estaba en ‘modo Senna’, cada vez más y más rápido. Era una maravilla verlo pilotar en cada curva.
Pero todo eso se puso en franco riesgo con una situación inaceptable en un circuito del mundial, permanente o urbano. Como ocurrió con el GP de Brasil en el circuito de Goiânia, en la frenada para la última curva, Antony Noghès, el asfalto se levantó y provocó dos accidentes. El primero de Lance Stroll, y su consiguiente coche de seguridad. Y al relanzarse, el tercer clasificado, Charles Leclerc hizo lo mismo, provocando bandera roja.
Lamentable el asfalto, y lamentable la reacción de Leclerc, que debería empezar a tener un poco más de equilibrio emocional. Empieza a parecerse también en eso a Jean Alesi. El que no se inmutaba era Antonelli. Faltaban diez vueltas de carrera. A Russell le caía, además de los cinco segundos, un driver through, anulando su carrera. Otro doloroso cero. Y más lluvia de sanciones para otros.
Sería una carrera a ocho vueltas con salida en parado. Y aunque supuestamente el Ferrari sale mejor, Antonelli no falló pese toda la presión. Podía perderlo todo. Pero lo ganó todo de nuevo, marcando incluso la vuelta rápida. Logrando no sólo su quinta victoria consecutiva –sólo lo han logrado campeones del mundo, tomen nota-, sino su primer Grand Chelem.
Allí donde el rey de los Grand Chelem –Jim Clark, con 8- siempre quiso ganar porque era su circuito preferido. Allí donde Ayrton Senna forjó gran parte de su leyenda, donde cada curva devuelve su mito. Allí donde los más grandes han añadido a su grandeza el broche de la excelencia. Allí, en Mónaco, Kimi Antonelli ha inscrito su nombre con letras de oro y camino de la gloria mayor. El campeonato del mundo es ya el único objetivo.
