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Virutas F1El mausoleo

El Taj Mahal, la pirámide de Kheops, y el MTC de McLaren podrían ser tildados como los tres mausoleos más venerados del planeta… según a quién le preguntes. Si el primero se erigió para una mujer y el segundo para un faraón, el tercero, construido para diseñar el futuro y servir de ejemplo a otros, ahora entierra sueños.

Y los entierra de verdad. Si se da un paseo incontrolado, algo verdaderamente raro en Woking, y se camina en los alrededores del helipuerto que usase Ron Dennis cuando presidía la compañía, se pueden observar dos rarezas propias de un error en Matrix.

Una de ellas es que pegado al bosque situado al este del lago, entre Reed Beeds y el Informal Lake, existen varias pequeñas piezas metálicas que emergen del suelo sujetas por una varilla con la forma del edificio principal. En ellas unos pocos seguidores de la escudería ya fallecidos hacen notar su pasión por McLaren desde el más allá con una firma en el más acá. Algunas llevan nombre, como la de Brian Alexander Harden, otras decidieron ser anónimas. Es su manera de permanecer junto a la formación a la que amaron en vida, por la que vibraron y la que hizo de su existencia algo mejor. De un tiempo a esta parte la densidad de habitantes en espíritu parece haber decrecido.

Una vida un poco peor ha traído a todos los habitantes del MTC la actual situación de McLaren, sin resultados, sin un horizonte claro, sin una sola alegría que llevarse al coleto. Un equipo de carreras es como un ciempiés. Todos han de moverse de forma sincronizada, siguiendo una línea, o acabarán pisándose los cordones para caerse al suelo todos sus componentes.

El problema es que el norte está más perdido que nunca en Woking. Tras seis pruebas disputadas siguen siendo el peor participante de la tabla de constructores, acumulan cero puntos, y de seis salidas con doce posibilidades de acabar carreras, sólo han podido lograr esto en dos ocasiones. Es un bagaje terrible para una formación en la que la victoria forma parte de su lenguaje habitual. Esta sangría de valor cae de forma vertical hacia abajo y es muy compleja de atajar.

Si el día empezaba soleado, acabó grisáceo y desapacible con con un abandono doble, sino triple. Todo un récord... de tristeza.

Los directivos se preocupan más que nunca por sus filas y Zak monta barbacoas para que su gente vea las carreras y levantar un ánimo que a este paso va a necesitar una tuneladora. Hubo silencio en la salida indianática, aplausos cada vez que Alonso adelantaba en una escalada de emociones que iba in crescendo, explosión de júbilo del centenar de empleados que allí se dieron cita cuando se puso primero, y gélidos se quedaron tras su abandono. Caras largas, hamburguesas que se atragantaron. Ningún japonés en la sala.

Muchos se marcharon a casa o volvieron a sus tareas cuando esto ocurrió, pero si el día empezaba soleado en el condado de Surrey, acabó grisáceo y desapacible no con un abandono doble, sino triple, todo un récord de tristeza. En Woking arrecia la lluvia.

Sin resultados, sin su creador, con un nuevo directivo que bienintencionado y muy conocedor del marketing pero menos de las interioridades y recovecos de un equipo monolítico. Sin apenas patrocinadores les concedieron barra libre y gratuita en el coche de Indy 500 para compensar las pérdidas por la falta de exposición en Fórmula 1.

El personal del equipo se cruza con los japoneses por boxes, paddock o el propio MTC y apenas se miran entre ellos a cuenta de un motor aún peor que el primer año y con el que contaban como bueno para esta tercera temporada conjunta. Los orientales han adquirido forma de las nubes de olor que persiguen los dibujos animados, etéreas e insustanciales, las mismas que echan sus motores cuando revientan.

En McLaren supieron de la ineficacia de unos propulsores que apenas duran dos carreras en invierno y se sintieron engañados por sus socios. Si la temporada fue dura y la pretemporada agria, imagínate las navidades que pasaron estos. Los cálculos de diseño de chasis y aerodinámica se hicieron para un motor del que no disponen y todo deja de funcionar. En la escudería se esfuerzan por integrarles, pero el choque de culturas, de jerarquías, es grande y lleva a la incomprensión. El ciempiés se está vapuleando los quesos.

Jenson saltó del barco a tiempo, en parte porque ya tocaba, en parte porque a Vandoorne ya le tocaba, y en parte porque es la china lo que le ha tocado a Alonso. Cuarto año en McLaren, tercero consecutivo, y las alegrías se las tiene que buscar fuera. Canadá va a ser muy duro para él, mucho. Registros extraordinarios en Indianápolis, liderar carreras, ¡adelantar a coches! hacía tanto que Fernando no vivía eso que ha sido como colorear una foto en blanco y negro.

Ahora volverá a la rutina de las humaredas, las salidas desde el fondo de la parrilla, el agarrarse de los pelos en las rectas viendo como el resto le mete lo más grande. Al de Oviedo se le va a poner cara de Tom Hanks en la película La terminal. Encerrado en un bucle temporal del que no puede escapar, sin pasaje hacia fuera (puerta cerrada en Red Bull, y Mercedes y Ferrari con aparente desgana por ficharle) y lo de McLaren-Honda como ticket viable pero impreso en un papel térmico que lleva años poniéndose negro.

Un corredor necesita avanzar, luchar y ganar. Si no, tarifará a donde viva esas sensaciones. Son yonquis. Lo necesitan para vivir.

Lo mejor está por llegar, pero lo traen tan andando como cuando Fernando se baja de su coche y con ese ya conocido método de transporte hasta su box. Los sueños del bicampeón no han fallecido aún, pero un corredor, el que vive de llevar gasolina en sus venas, necesita avanzar, luchar, competir, y ganar. Si no, tarifará a donde viva esas sensaciones. Cuando Schumacher se largó corrió en moto, se tiró de aviones colgando de un trapo, o escaló montañas. Son yonquis. Lo necesitan para vivir. Dejar de hacerlo sería morir un poco, y de ahí al mausoleo solo hay un paso.

La segunda rareza de la que dispone McLaren en la misma zona, no accesible de manera habitual para el visitante es una construcción barata y de orden rayano en lo casero, algo atípico dentro de la grandilocuencia y espectacularidad del entorno. Debió ser Dennis el que dispusiera una mesita de picnic, como para menos de media docena de comensales que existe en un descampado, en mitad de la nada, a un centenar de metros al suroeste del helipuerto.

Allí puede verse de vez en cuando al espíritu de Bruce McLaren tomándose un té a las cinco y negando con la cabeza, mientras espera a que algún mortal le vea y le consulte. Seguramente le diría una de sus frases más célebres y conocidas: “si analizas todos sus fracasos y averías después de los hechos siempre habrá una razón que los explique”. En este caso va a haber unas cuantas.

Fotos: McLaren F1

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