Crisis energética en Europa: por qué la falta de gasolina y queroseno es solo el principio de un problema mayor
Una pequeña parte de las estaciones de servicio de Francia empieza a sufrir escasez de combustible. Pero esto no es algo que solo afecte al tráfico rodado, el queroseno para aviones comerciales también comienza a sufrir la crisis energética.

Lo que comenzó como una anomalía en los surtidores franceses ha terminado por encender las alarmas en las torres de control de varios aeropuertos de Europa.
La noticia de que el 12 % de las estaciones de servicio de Francia han agotado sus existencias de algún tipo de combustible no es un hecho aislado: es el síntoma visible de la enésima crisis energética que ya afecta a la aviación comercial y que amenaza con cambiar los planes de movilidad de todo el continente durante este mes de abril.
Francia e Italia se convierten en el foco de la crisis
Los datos oficiales del Gobierno francés confirman la gravedad: una de cada diez gasolineras se está quedando seca. Aunque el ejecutivo galo apunta a una afluencia inusual por los precios limitados de operadoras como Total Energies, la realidad logística es más profunda.
Cruzando la frontera, en Italia, la situación se ha extendido al sector aéreo. Aeropuertos estratégicos como Milán Linate, Venecia y Bolonia han comenzado a aplicar restricciones severas al suministro de queroseno de clase Jet A-1 (el más utilizado en aeronáutica). Las aerolíneas comerciales tienen ahora un cupo máximo de repostaje, una medida de emergencia para evitar el desabastecimiento total antes de que lleguen nuevos cargamentos de crudo.
¿Por qué faltan gasolina y queroseno a la vez?
Para entender el problema, hay que entender lo que ocurre en una torre de destilación. En el proceso de refinado del petróleo, la gasolina, el diésel y el queroseno son ‘primos hermanos’. Cuando la entrada de crudo en las refinerías europeas se ve comprometida a consecuencia de la inestabilidad geopolítica que bloquea rutas clave como el Estrecho de Ormuz, la producción de todos estos destilados sufre las consecuencias.
El problema no es simplemente una cantidad insuficiente de combustible; además, el sistema logístico se ve obligado a priorizar los sectores críticos. Si no hay suficiente queroseno para los aviones de largo radio, el sistema comienza a absorber recursos de otros puntos, creando un efecto dominó que acaba llegando al surtidor de tu gasolinera habitual.
El impacto en el cielo: tankering y vuelos más pesados
La escasez de queroseno está obligando a las aerolíneas a recuperar prácticas poco eficientes desde el punto de vista energético: lo que se conoce como tankering.
¿En qué consiste? Los aviones cargan combustible extra en aeropuertos donde aún hay suministro (como los españoles) para evitar repostar en destinos con restricciones (como los italianos).
El problema es que un avión más pesado consume más energía y emite más CO2. Es una solución de emergencia que choca frontalmente con los objetivos de sostenibilidad, pero que es necesaria para evitar cancelaciones masivas.
A esto hay que sumarle un problema mayor: la urgencia de la soberanía energética, ya que este escenario pone de manifiesto la fragilidad del modelo actual. Mientras la industria automotriz acelera hacia la movilidad eléctrica y la aviación experimenta con los SAF (Combustibles de Aviación Sostenibles), la dependencia del petróleo refinado sigue siendo el talón de Aquiles de Europa.

Qué esperar en las próximas semanas
Toda crisis energética deriva en precios altos, que supone un importante problema para el consumidor. Sin embargo, uno aún mayor puede llegar a ser la disponibilidad física de los combustibles.
Los analistas sugieren que si el flujo de crudo no se normaliza antes de mediados de abril, podríamos ver restricciones de movilidad más severas, afectando no solo al transporte privado, sino a la cadena de suministro global.
España, por el momento, mantiene una posición más resiliente gracias a su robusta infraestructura de almacenamiento gestionada por Exolum, lo que nos sitúa como un ‘oasis’ logístico, aunque los precios en el surtidor seguirán la tendencia alcista del mercado europeo.
Por tanto, ¿qué podemos esperar en las próximas semanas? En la carretera, una mayor presión sobre los precios y posibles roturas de stock puntuales en gasolineras de bajo coste. En el aire, un reajuste de horarios y posibles escalas técnicas no previstas para repostar en zonas seguras. Y en la industria, un impulso renovado hacia las energías renovables y la producción local de biocombustibles para reducir la dependencia de las rutas de importación de Oriente Próximo.
