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    Amores de juventud: el Alpine A110

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    El Alpine A110, un encantador biplaza que triunfó en la década de los años 60 y 70.wheelsage.org

    Pequeño, pero matón: así era el Alpine A110 que tanto llamaba la atención en la carretera y que tan competitivo fue en el mundo de los rallies.

    El afilado heredero del A108 no era un prodigio de habitabilidad y refinamiento, pero ofrecía una diversión y comportamiento dinámico incuestionables.

    Giovanni Michelotti, diseñador italiano que trabajó en la creación de diversos modelos para Austin, BMW, DAF, Ford, Lancia, Maserati y Triumph entre otros, presentó su creación para Alpine en el Salón de París de 1962 bajo el nombre de A110, que en la práctica ejercía como relevo del A108 usando como base el Renault 8.

    Su primera configuración de carrocería fue la que le otorgó el apodo de «Berlinetta», aunque posteriormente llegó a ofrecerse también como descapotable. El A110 era un singular biplaza que destacaba por su estética, pero también por sus extraordinarias cualidades dinámicas, que le permitieron completar una trayectoria muy exitosa en los rallies.

    Pequeño y ágil

    Jean Rédélé, fundador de Alpine, se curtió en el mundo de la competición tras la Segunda Guerra Mundial y debutó como constructor con el A106, que tomó como base el Renault 4CV. Posteriormente llegaron el A106 y el GT4/A108, pero el modelo que realmente le encumbró fue el protagonista de nuestro artículo: el Alpine A110 «Berlinette».

    Al igual que sus antecesores, el A110 tomó como referencia un modelo de Renault, en este caso el 8, que cedió numerosas piezas a su primo deportivo. El proyecto corrió a cargo del diseñador italiano Giovanni Micheletti, que concibió una afilada carrocería montada sobre un chasis tubular con motor trasero longitudinal y tracción igualmente posterior.

    El Alpine 1600 SC, una de las versiones más potentes del A110.

    La mayor novedad de este nuevo Alpine era la parte trasera, más alargada para alojar motores de mayor envergadura que los del A108 precedente. La ligereza del conjunto era notable y no sólo por sus dimensiones contenidas, sino también por la carrocería de fibra de vidrio. En total, el A110 no superaba en ningún caso los 750 kg de peso, lo que le otorgaba una relación peso potencia muy a tener en cuenta, además de unas cualidades dinámicas sobresalientes.

    Producido en varios países

    El origen francés del Alpine A110 no le impidió expandirse a otras partes del mundo, llegando a construirse en México, Brasil, Bulgaria y por FASA en España, donde no llegó hasta 1967. Las versiones originales galas diferían con respecto a las españolas, pues en nuestro país se comenzó la comercialización con el A110 1100 hasta 1970 y continuó con el A110 1300 hasta 1976, para finalizar con el A110 1400 en 1978.

    La gama de motores oscilaba en función de cada mercado, pero el A110 llegó a alojar propulsores que iban desde los 66 CV del motor R8 Major de 1108 cm3 montado en la versión 1100 «70» hasta los 140 CV del motor del R17 TS con inyección montado en la versión 1600 SC. En cualquier caso, el empuje de los motores del Alpine no era su punto fuerte, pues estos eran conocidos por su elasticidad y fiabilidad, pero no por su enérgica patada.

    Mientras que en Francia se comercializaron un total de 6892 unidades, en España FASA llegó a construir 1904, que sumadas a las 300 de México y Brasil, además de las 200 de Bulgaria, dieron como resultado una producción final de unas 9000 unidades del Alpine A110 entre 1961 y 1978.

    Incómodo y modesto

    Una vez conseguíamos meternos en el bajísimo A110, observábamos que el habitáculo era tan pequeño como se intuía, ofreciendo incluso sensación de claustrofobia a los ocupantes de gran envergadura. El Alpine contaba con únicamente dos plazas efectivas y el espacio para el equipaje era igualmente escaso.

    En lo referente a los acabados, lo cierto es que ni el salpicadero ni el resto del coche eran un prodigio de refinamiento y acabados, haciendo gala de un diseño sobrio e incluso espartano en muchos de sus elementos. Eso sí, el cuadro de instrumentos era bastante completo y entre las opciones disponibles contábamos con la posibilidad de incorporar faros adicionales, un depósito de gasolina más grande, llantas de aleación y asientos tipo baquet.

    Atacando las curvas

    Si por algo destacaba el A110 era por su estabilidad y nobleza a la hora de ser conducido. En carreteras viradas, contaba con una agilidad y aplomo brillantes, debiendo hacerse auténticas perrerías para sacarlo de sus casillas y, aún así, la suavidad de su deslizamiento permitían al conductor reaccionar a tiempo para controlar la situación.

    A todo ello contribuían positivamente las suspensiones independientes en las cuatro ruedas y la singular configuración del coche, con una zaga más hundida que la parte delantera y ruedas con caída negativa, lo que permitía una gran tracción y una dirección ligera.

    El A110 era más bajo de atrás y las ruedas dejaban ver una pronunciada caída.

    La mecánica tampoco desmerecía en apartados como la transmisión, que otorgaba al Alpine una sincronización perfecta y una palanca de cambios igualmente acertada en cuanto a tacto, recorrido y posición. La suspensión se percibía en ocasiones dura, aunque más por la ligereza del coche que por el tarado de la misma. La dirección era igualmente efectiva por su precisión.

    Ello, por tanto, hacía del Alpine A110 un coche muy agradable de conducir en carreteras viradas, aunque también es cierto que los frenos no rendían a la misma altura. Con discos delante y tambor detrás en la mayor parte de sus versiones, tendían al sobrecalentamiento y al temido «fading», según cuentan las crónicas de la época a consecuencia de la escasa calidad del líquido de frenos que Renault utilizaba en sus vehículos.

    El Alpine A110 en los rallies

    El ágil «Berlinetta» era todo un espectáculo en los tramos por su ligereza y maniobrabilidad. En lo que a la estricta competitividad se refiere, el primer triunfo llegó en el Rally de Lions de 1963 con José Rosinski.

    Ya en el 67 nace Alpine Renault y se unen al equipo oficial pilotos como Gérard Larrousse, Jean-Claude Andruet y Jean-Pierre Nicolas, consiguiendo el segundo el Campeonato de Francia al año siguiente. En 1970, la versión 1600 S consigue la homologación del Grupo 4 y comienza a competir a nivel internacional, coronándose Andruet campeón de Europa y anticipando lo que vendría posteriormente en el Mundial de Rallies.

    Esta es una de las unidades preparadas para correr en Sudáfrica en 1975.

    En 1971, el A110 consigue su primer Rally de Monte-Carlo con Ove Andersson a los mandos, seguido de Thérier y Andruet. Nuevas victorias por parte del sueco en Italia, Austria y Grecia le darían el título internacional a Alpine.

    Ya en 1973, durante la primera edición oficial del Campeonato del Mundo de Rallies, otra victoria en Monte-Carlo copando las cuatro primeras posiciones, además de un doblete en Portugal y victoria también en Marruecos, permiten a Alpine proclamarse campeona del mundo de constructores.

    A partir de ahí, la llegada del Lancia Stratos, un vehículo específicamente concebido para la competición de rallies, forzó el ocaso del A110 en la competición, aunque en manos de pilotos privados seguiría recolectando victorias algunos años más y, con ello, agrandando su prestigio y leyenda dentro y fuera de los tramos de rallies.

    El Alpine A110 1300 fabricado por FASA para España.

    CARACTERÍSTICAS GENERALES

    El habitáculo del A110 era pequeño y sobrio.

    ESPECIFICACIONES TÉCNICAS

    Fotos: Wheelsage.org

    Amores de juventud: el Alpine A110