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    Cambio manual: de inevitable al colmo de la exclusividad

    Cambio manual: de inevitable al colmo de la exclusividad
    Caja de cambios manual Motor Verso (Flickr) CC BY
    Javier Costas
    Javier Costas6 min. lectura

    No hay duda, las cajas de cambio manuales están condenadas a la extinción y son una herencia de los primeros automóviles, independientemente de lo que han evolucionado. La lista de fabricantes que las ofrece está en constante proceso de encoger, hasta su completa desaparición.

    En el amanecer del automóvil los cambios manuales fueron una absoluta necesidad. Dada la entrega de potencia de los motores de combustión interna, que deben girar a un mínimo de revoluciones para no calarse, hubo que diseñar un ingenio para poder acompasar la velocidad del motor a un vehículo detenido.

    Según fue aumentando la potencia de los motores, fue aumentando el número de velocidades necesarias. Durante mucho tiempo, las relaciones de cambio más largas no llegaban a la «directa», es decir 1:1, y más adelante llegaron las sobremarchas, superdirectas o superlargas. Con el tiempo, las sobremarchas aumentaron mucho las velocidades máximas.

    Hasta pasada la Segunda Guerra Mundial, los cambios automáticos no eran ninguna cosa generalizada. La industria americana del motor los fue integrando en multitud de gamas y modelos, incluso de dos velocidades, lo cual ha llegado a nuestros días en forma de cajas de hasta 10 velocidades sin salirnos del mundo del vehículo ligero. Las manuales no han pasado de siete relaciones.

    Caja de cambios manual para el Toyota GR Supra

    Las cajas de cambio manuales han necesitado, salvo puntuales excepciones, el manejo de un tercer pedal, el del embrague, para poder separar el motor de la transmisión momentáneamente, realizar el cambio, y soltar el pedal para reacoplar la mecánica. Han sido décadas de terror para los alumnos de licencias de conducción de turismos.

    La relación «cambio manual» y «economía» han estado íntimamente relacionadas, pero el continuo perfeccionamiento de la técnica ha ido dando la vuelta a la tortilla. Hoy día existe una panoplia de cajas de cambio insólita, desde la más simple manual robotizada (embrague pilotado) hasta las más sofisticadas cajas de doble embrague, convertidor de par, etc.

    La proliferación del coche eléctrico e híbrido está retirando las transmisiones manuales por dejar de tener sentido en estos vehículos, pero también se está invirtiendo de forma rápida la proporción de manuales vs automáticos. En algunos segmentos, el cambio manual ya es símbolo de exclusividad.

    Caja de cambios manual para el Volkswagen Golf GTI

    Para la enorme mayoría de los conductores, un buen cambio automático trata mejor la mecánica, alivia el costoso reemplazo del embrague (salvo manuales pilotadas, que lo mantienen), reduce el consumo de combustible, e incluso permite el avance por inercia o «a vela» sin implicar un mayor riesgo al volante.

    Lo mismo puede decirse de los modelos más prestacionales y exclusivos del mercado. Muy atrás han quedado los tiempos en que los cambios automáticos se hacían pensando en los que no podían usar el pedal del embrague o no querían usarlo. En muchos diseños ni siquiera se plantea dónde colocar la palanca de cambios de toda la vida.

    De hecho, en algunos modelos el cambio manual es inviable, sobre todo en modelos con conducción semiautónoma o totalmente autónoma

    No obstante, sigue habiendo un nicho de mercado donde el cambio manual va a seguir teniendo un discreto protagonismo, e incluso un mayor valor. Por ejemplo, el anuncio del Toyota GR Supra con caja de cambios manual es un revulsivo para aquellos que no quieren un automático, por bueno que sea, e incluso si esto les hace ser menos eficaces.

    Caja de cambios manual para el Porsche 911

    Las cajas más modernas de cambio, especialmente las de doble embrague robotizado y sendos ejes secundarios (marchas pares e impares), pueden hacer sucedáneos de reducciones como si el conductor hiciese un doble embrague e incluso maniobra de punta-tacón. Sigue sin haber nada igualable a que uno lo haga por sí mismo, con un mínimo de práctica.

    En ocasiones, el automóvil tiene que poner la eficiencia en un segundo plano, y centrarse en el capítulo de las sensaciones. Y eso se ve reflejado mucho en ciertos modelos, pese a tener un buen cambio automático, su público objetivo lo prefiere manual. Y especialmente lo prefieren conductores más jóvenes, ya que los de mayor edad suelen preferir automático.

    Los últimos coches con cambio manual seguramente serán muy exclusivos, una vez todos los coches económicos empleen un cambio automático de cualquier tipo. Y algunos conductores ni siquiera podrán llevarlos legalmente, sobre todo habiendo aprendido con automático, habiéndose examinado con automático, y con la restricción de no poder conducir manual.