Las llantas grandes pueden hacerte perder hasta 73 km de autonomía en un coche eléctrico, y nadie te lo cuenta
Las llantas grandes siempre han subido el consumo en los coches de combustión, pero era un problema menor, cuestión de segundos extra en el surtidor. En los eléctricos, la misma diferencia de tamaño puede recortar hasta 73 kilómetros de autonomía real, convirtiendo una decisión estética en un problema práctico serio.

Durante décadas, elegir unas llantas grandes para el coche nuevo ha sido, sobre todo, una cuestión de estética. Un coche con llantas de 20 pulgadas siempre ha lucido mejor que el mismo modelo con acero de 16, y esa diferencia visual ha pesado más en la decisión de compra que cualquier cifra de consumo.
Hace veinte años, lo más grande que se podía encontrar en el mercado eran llantas de 18 o 19 pulgadas, reservadas a los tope de gama, mientras que los modelos de acceso se conformaban con 13 pulgadas de unas llantas de acero y con embellecedores de plástico. Hoy esa brecha se ha reducido, pero el efecto sobre el consumo sigue ahí, y conviene entender bien cómo funciona antes de decidirse por el aro más grande del catálogo de opciones.

En combustión, un problema menor
En un coche de combustión, la relación es real pero manejable. Unas llantas más grandes suelen implicar neumáticos de mayor anchura y menor perfil, lo que se traduce en más peso, más resistencia a la rodadura y una mayor superficie de contacto con el asfalto. Todo eso exige más esfuerzo al motor y, en consecuencia, sube el consumo. Un caso conocido es el del Volkswagen Golf 2.5, que con llantas de 15 pulgadas consumía 10,1 litros a los 100 kilómetros, y subió a 11,2 litros al montar unas de 19.
Es un incremento notable en términos porcentuales, pero que en la práctica se traduce en unas decenas de segundos más frente al surtidor. Nadie que compre un coche potente con llantas grandes lo hace pensando en ahorrar combustible, y el impacto real sobre el uso diario del coche es, en el fondo, insignificante.
Repostar un poco antes o un poco después no cambia la experiencia de tener el coche. Nunca se le dio tanta importancia a esta cuestión, que cobraba más interés por el lado estético y, por supuesto, la personalización. Las marcas saben que esto es clave, por lo que algunos modelos ya los ofrecen con homologación de fábrica para llantas de 23 pulgadas de diámetro, mientras que algunos utilitarios ya no se venden con menos de 17 pulgadas.
En el eléctrico, la ecuación cambia: hasta 73 km de diferencia
Con los eléctricos, la ecuación cambia por completo. Aquí no hablamos de visitar la gasolinera unos minutos antes, sino de la autonomía disponible entre una carga y la siguiente, y ese margen ya es mucho más ajustado que el de un depósito de combustible.
Los fabricantes lo saben, y no es casualidad que las cifras de consumo y autonomía que aparecen en la publicidad estén casi siempre asociadas al equipamiento más básico, con las llantas más pequeñas disponibles y el menor peso posible. Es una imagen que el cliente medio interpreta, de forma lógica pero equivocada, como representativa de cualquier configuración del coche, cuando en realidad no lo es.
La diferencia queda muy clara en una prueba independiente realizada sobre dos unidades del BMW iX3 50 xDrive, técnicamente idénticas salvo por un detalle: una montaba neumáticos de 20 pulgadas con cubiertas aerodinámicas, y la otra llantas de aleación de 22 pulgadas, más vistosas pero también más pesadas y menos eficientes aerodinámicamente.
Recorriendo la misma ruta, la versión con ruedas grandes consumió una media de 21,3 kWh/100 km, frente a los 18,6 kWh de la versión con ruedas más pequeñas. Es una diferencia del 14,5 %, casi 3 kWh/100km, y con una batería de 108,7 kWh utilizables el efecto sobre la autonomía es contundente: 510 kilómetros con ruedas grandes al 100 % de carga frente a 583 kilómetros con las pequeñas.
O 408 frente a 468 kilómetros si se limita la carga al 80 %, algo habitual para cuidar la batería.
El enemigo silencioso de la autonomía
Ahí está la clave del problema. En un coche de combustión, unas llantas grandes penalizan el bolsillo, pero no la experiencia de uso. En un eléctrico, penalizan directamente la autonomía real, que es el dato que más preocupa a cualquier comprador de este tipo de coches, y lo hacen en una proporción que sorprende a quien no lo ha probado en primera persona.
La paradoja es evidente, las mismas llantas grandes que en un deportivo de combustión son sinónimo de prestaciones y estética sin apenas coste práctico, en un eléctrico se convierten en el enemigo silencioso de la cifra que más se mira antes de comprar.
Quizás haya llegado el momento de que los compradores de coches eléctricos empiecen a mirar las llantas con otros ojos, aunque eso suponga renunciar a parte del atractivo visual que durante años ha definido la compra de un coche nuevo.
BMW iX3 y sus rivales
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