La conducción analógica o de siempre, ¿es acaso mejor?

Hay decisiones de los fabricantes que son difíciles de asumir, pero seríamos injustos si les echásemos la culpa solo a ellos. La era de los coches digitales o inflados a electrónica es... inevitable.

La conducción analógica o de siempre, ¿es acaso mejor?
Podríamos vivir sin todo eso... o no - Generada por IA

Publicado: 22/03/2026 10:00

16 min. lectura

Durante años, la clientela de los fabricantes de coches exigió algunos cambios que modificaron drásticamente el interior y las interfaces o sistemas HMI, con o sin relación con el infoentretenimiento. Además de eso, los reguladores exigieron la instalación de sistemas de seguridad para reducir la sangría producida por los siniestros viales. Los cambios han sido muy drásticos durante 10-15 años.

El progreso es imparable, pero algunas cosas han tardado mucho más en implantarse. Por ejemplo, si bien los primeros tableros digitales se vieron durante las décadas de 1970 y 1980, tardaron mucho en generalizarse, y cuando lo hicieron, fue en forma de pantallas completas en vez de un festival de luces que requerían su cableado y electrónica; eran complejos y caros.

Todas estas modificaciones han cambiado por completo la experiencia de conducción respecto a un coche «analógico», aunque esa definición es muy poco precisa. Para hablar de algo realmente analógico, sin nada de electrónica, hay que irse más allá de los 80, pero hacia el pasado, si admitimos que el reloj no se considera electrónica -aunque la tenga, pero utilice agujas.

El Range Rover fue uno de los primeros modelos en contar con una instrumentación totalmente digital a través de una única pantalla

El estilo de vida moderno, inmiscible de las pantallas de ordenadores, televisores, tabletas y teléfonos, ha exigido que el automóvil le siga el paso y se pueda contar con una integración razonable de ese ecosistema digital. Seamos francos, los fabricantes han colocado cada vez pantallas más grandes porque lo han solicitado los clientes. Sus clientes.

Incluso las luces LED de colorines se han instalado en multitud de modelos modernos, unos con más vergüenza que otros

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Podremos discutir si un tamaño x es muy grande, suficiente o pequeño, aunque a buen seguro coincidiremos en que es rocambolesco que en algunos modelos la rotura de la pantalla lleve a las aseguradoras a dar como siniestros totales a coches totalmente funcionales. El quid de la cuestión está en la referencia de recambio, una pasta, y sin ella dejan de funcionar muchas cosas.

Además de las pantallas, tenemos la inclusión de sistemas de seguridad obligatorios que avisan al conductor de un potencial peligro, ya sea pegarse a otro vehículo -que lo es- o ir a más de 31 km/h en una zona escolar, aunque sea un domingo a las 3 de la mañana. Donde antes había un relativo silencio, hay varias alertas y pitidos que antes no estaban, y llaman la atención más en coches que se han vuelto más y más silenciosos. Algunos asistentes hacen algo aún más herético, corregir al conductor, que no siempre lo aprecia como algo positivo.

El Tesla Model 3 es un caso extremo de minimalismo, ni siquiera tiene palanca de intermitentes y se cuentan con los dedos los botones que se pueden pulsar. Puro abaratamiento de costes de producción

Indudablemente, esta metamorfosis ha dado como consecuencia que los precios se hayan elevado, el equipamiento es más amplio por imperativo legal, cosmético y estético, con pocas excepciones. Sin embargo, tenemos a la vez la ironía de que producir interiores modernos es cada vez menos complejo, la microelectrónica viene hecha de fuera, hay menos cables, menos relés, menos resistencias... Pero nada de eso implica menor precio.

Conductores nada sospechosos de ser nostálgicos de la conducción sin asistencias empiezan a valorar como característica de los modelos que están entrando en años que sean más simples y sencillos. Se aceptan pantallas de una línea o dos, hasta en monocromo, a cambio de liberarse de algunas esclavitudes modernas.

Por ejemplo, en un coche anterior a la década de 2010 es muy difícil ver acuerdos de licencia que hay que leerse y aceptar (si bien prácticamente nadie los lee ni los entiende). Tampoco hay políticas de privacidad, ni hay que conceder permisos, y son inmunes a las pérfidas suscripciones que desactivan, al dejar de pagarse, elementos que el coche tiene físicamente a bordo. Y esas mismas suscripciones pueden acabar cuando les dé la gana, eso dice el acuerdo de licencia.

Un contraejemplo de que no siempre está bien tener un botón para cada posible función, y los hay mucho peores que el Opel Insignia, que no tiene marcador telefónico de diez teclas

Recuerdo que, en su momento, era motivo de chanza que un señor Rolls-Royce tuviese a bordo un disco duro de 20,5 GB para almacenar música comprimida. ¡Sólo 20,5 GB, en un coche de ultralujo! Desde luego era más funcional que un cargador de una decena de CD en el maletero, o media docena de discos DVD, que de vez en cuando Bautista o Néstor tendrían que cambiar por aquello de la variedad.

En la actualidad, es muy difícil encontrar un simple lector de CD en cualquier coche, independientemente de su presupuesto. Recuerdo a los más mozos que pasado 2005 aún había coches con lector de ¡cintas! a bordo, ya fuesen una Kia Carnival o un Audi A6 con el sistema de sonido Concert. Al menos eran capaces de saltar de canción en canción solitos, y dar la vuelta a la cinta (auto reverse). Ah, y no leían MP3 en CD, todo sea dicho, y nanai de los USB, que existían.

Cuestiones musicales al margen, gente como un servido afeó a los fabricantes que tableros de instrumentos, climatizadores o radios tuviesen una triste pantalla monocroma de una o dos líneas, que estaban desfasadísimas entrados los 2000 y la tecnología permitía cosas mejores. Diantres, si el iPhone de primera generación llegó en 2007 y algunos coches seguían atascados en los años 90.

Los coches de antes, vamos a simplificarlo así, apenas avisaban de algún peligro y, si acaso, como mucho contaban con la sofisticación del control de estabilidad si la cosa se salía de madre. Pero si no hacíamos nada raro, difícilmente pitaban si no saltaba la reserva o pasaba algo grave. Y no, no hablaban, aunque el Renault 25 era capaz de... bueno, lo aceptamos como decir frases al estilo del Nº5 de «Cortocircuito».

El conductor estaba a lo que tenía que estar o se acababa dando un toñazo. No había apenas distracciones, aunque más de uno con un mal hábito no echó la ceniza en el objetivo y algún cigarro se cayó en la delicada zona de la entrepierna con nefastas consecuencias. Un coche actual, en cierto sentido, es a prueba de idiotas, o les dificulta su tarea, como ir pisando todo el rato las líneas que delimitan los carriles sin el intermitente puesto.

De la conducción automatizada (ADAS Nivel 2) o superior, mejor ni hablemos, para algunos son artefactos diabólicos creados en el averno por el mismísimo Belcebú

Ni siquiera estaba generalizado lo del cambio automático como elemento único del menú, y siempre existía la opción del manual -más bien solía ser de serie, y el automático era el opcional- especialmente hablando de coches europeos. En Norteamérica sí era un poco más normal, desde los años 60, que algunos modelos viniesen de serie como automáticos con convertidores de par con tres o cuatro relaciones; sí, el manual se pagaba aparte.

El Jaguar X-Type tenía, en sus versiones más equipadas en los primeros años, un sistema HMI muy adelantado a su tiempo, pero sin perder un aura clásica

Nos guste o no, los fabricantes han hecho aquello que se les ha pedido o han seguido las tendencias. Antes de eso, hay casos puntuales de coches que contaban con navegador GPS, sintonizador de televisión por UHF o una pequeña pantalla que podía reproducir una fuente de audio y vídeo por conectores RCA. En absoluto nada de eso era tendencia ni se había generalizado, y era caro.

Pocas quejas he leído del sistema de infoentretenimiento del Nissan Skyline GT-R (1999), que viene de los creadores del videojuego «Gran Turismo» de PlayStation

Si un fabricante se atreviese a lanzar un coche pelado desprovisto de todos estos adelantos no tendría apenas mercado. En el caso de Lada, del fabricante ruso Autovaz, han tenido que volver al equipamiento de hace 30 años por aquello del plan maestro de Putin iniciado en 2022 y que se completaría en tres días. Lo de Ucrania, vaya. Los rusos no se han vuelto por puro gusto minimalistas ni amantes dello-fi.

A los fabricantes no les ha quedado más remedio que contentar a clientes y reguladores. Puede que haya una clientela residual que prefiere conducir un coche «analógico», y le sobra hasta el sistema de sonido, un elemento opcional en la inmensa mayoría de coches de los 90, pero que ya se había popularizado entrados los 2000. Admitámoslo... es algo residual, al final, todos queremos alguna comodidad, aunque sea la integración Bluetooth con el teléfono para llamadas y música, o un simple control de velocidad de crucero.

BYD ha colocado en sus coches pantallas que rivalizan con algunos televisores pequeños. Menos mal que se pueden colocar en posición horizontal y que sigue habiendo un tablero separado sólo para conducir

Es cierto que una mayor simplicidad es, a priori, sinónimo de mayor fiabilidad, pero no pequemos de amnésicos, que incluso el «100% analógico» se estropeaba. Nadie disfruta del cambio manual y el embrague en un atasco o una autopista. Y recuerdo que la estructura de deformación era el coche entero, y salir de un siniestro en una bolsa de plástico era más fácil.

Soy consciente de que mucha gente cree que los coches modernos son una m____a por la electrónica y las pantallas. Si es eléctrico, aún peor, lo de antes pero pinchada en un palo. Que ya no hay «libertad» para saltarse tantas y tantas normas de tráfico. Incluso algún romático cree que hoy día tendrían que fabricarse coches con retrocesos tecnológicos de más de 10, 15 o 20 años, según gustos. Y creen que los compraría alguien en un país desarrollado.

Existe un término medio entre la nostalgia al pasado y un pragmatismo moderado, en el que el cliente está en su derecho de no tener que aceptar acuerdos de licencia y que no quiera que ningún dato suyo salga del condenado coche al exterior. Que las suscripciones son un cáncer salvo que estén ligadas a algo que hay que mantener para que siga funcionando, como la cartografía del GPS. Y son inadmisibles para asientos calefactados y cosas así.

Sí, esto llegó a suceder, y cabreó a muchos clientes fieles a marcas «de toda la vida»

Como consumidores, es nuestra responsabilidad poner coto a ciertas cosas que no son estrictamente necesarias hoy día. Hay adelantos que son razonables y nos hacen la vida más fácil, como lo que anticipó el prototipo Peugeot Instinct. Mientras podamos elegir, vale. Si nos lo imponen, y no hay detrás una razón ligada a la Seguridad Vial ni otro bien superior, mal.

Siempre podremos disfrutar dosificadamente de la experiencia de antaño con los coches que vayan sobreviviendo a la extinción de sus congéneres por edad, cansancio o razones legales. Puede servirnos para apreciar la parte positiva de la descrita evolución, o para reafirmarnos en nuestro planteamiento tecnófobo.

Una línea roja sería tener publicidad en el coche, y no me refiero a las cuñas de la radio FM, sino a imposiciones del fabricante

Cada uno tendrá su opinión al respecto, y sus límites respecto a lo que es razonable, deseable o rechazable. Desde luego, a grandes rasgos, el público abraza el progreso y lo integra en su vida diaria, siempre y cuando pueda permitírselo, y después de una resistencia inicial y minoritaria, acaba por normalizarse.

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