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    Consejos para evitar dos grandes peligros de la conducción, el estrés y la soledad

    Lso grandes atascos, aún con fluidez en el tráfico, son causantes de estrés en los conductores

    Uno de los grandes peligros de los conductores es el estrés, el producido por las propias condiciones de la circulación, los atascos en autopistas, en ciudad, el tráfico en carreteras de doble sentido. Pero igual de peligrosa es la conducción en soledad, tanto en el vehículo como en la vía. Te damos las claves y consejos para mantener la atención.

    Los atascos son circunstancias a las que nos enfrentamos a diario, bien en horas puntas, cuando salimos de viaje en vacaciones o también cuando se produce un accidente. Son situaciones que nos generan estrés, acumuándose al que ya tenemos por otros motivos, llevándonos a un límite en el que lo pagamos con otros usuarios de la vía o los propios pasajeros que viajen con nosotros.

    Algo que hay que evitar a toda costa, ya que interfiere de forma negativa en la conducción, en nuestra seguridad en el tráfico y en la de los demás. No solo se trata de nosotros, lo que hagamos en la carretera afecta directamente a la seguridad vial de los demás conductores, ciclistas y peatones en ciudad. De hecho, el estrés es causante de muchos accidentes.

    Bonito atardecer pero una de las horas del día con más posibilidades de sufrir accidentes

    Maniobras que causan peligro o ignorando normas de circulación, como saltarnos un semáforo en rojo, superar la velocidad máxima permitida en una vía, cambiarnos repentinamente del carril. Así, hay que buscar la forma de rebajar el estrés, por ejemplo con una música suave, realizando pausados ejercicios de respiración que nos lleven a un estado más tranquilo o bajando la ventanilla para que entre aire. En casos extremos es mejor parar.

    Aunque no lo creas, el estrés aparece también cuando conducimos solos, vamos con más prisa por llegar a casa o encontramos tráfico pesado difícil de adelantar, por lo que nuestro consejo es que levantes el pie del acelerador, aumentes la distancia de seguridad con el vehículo precedente y así tendrás más margen de tiempo para tomar una decisión ante una situación de peligro; de hecho, duplicar la velocidad supone multiplicar por cuatro la distancia de frenado.

    Pero, igual de peligroso que es el estrés, lo es también la soledad, especialmente circulando por carreteras donde el tráfico es apenas inexistente e invitan a ir más tranquilo disfrutando del "placer de conducir". En este caso, debes evitar fijar la vista en un punto infinito del horizonte, porque la capacidad de percibir estímulos se relaja, la atención a lo más inmediato de la circulación se vuelve borroso y la reacción se reduce.

    La soledad también tiene un punto álgido en las últimas horas del día, las del crepúsculo, cuando el sol está cayendo y está anocheciendo. En esas horas, la conducción se vuelve casi más peligrosa, por lo que se recomienda poner música, algo más animada, ya que se da un peligroso efecto de "ceguera" parcial y momentánea, en el que nuestro cerebro "ve" una imagen que no es real, causando atropellos o colisionando con otros vehículos.

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