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CrisisDetroit, la Ciudad del Motor, suspende pagos

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La ciudad estadounidense de Detroit se ha declarado en suspensión de pagos al no poder abordar una deuda cercana a los 17.000 millones de dólares. Detroit se ganó el sobrenombre de "Ciudad del Motor" por ser el epicentro de la industria automovilística de los Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX.

En los años 50 era la capital industrial de Estados Unidos, con las grandes marcas automovilísticas allí asentadas como principal baluarte: Detroit se ganó a pulso el sobrenombre de “Ciudad del Motor”. Tras décadas de decadencia, la ciudad ha suspendido pagos.

Detroit “ha agotado su capacidad de endeudamiento”, asegura el interventor encargado de intentar librar a la ciudad del caos financiero. Con una deuda próxima a los 17.000 millones de dólares, el gestor pide que los acreedores renuncien a parte de lo que se les debe para evitar la mayor quiebra de la historia de una ciudad estadounidense, porque Detroit “es claramente insolvente”.

La historia de Detroit siempre ha estado estrechamente vinculada al mundo del automóvil.

Su situación geográfica, a orillas de los Grandes Lagos, permitió a Detroit disponer de una fructífera industria de fabricación de carruajes a finales del siglo XIX. No es de extrañar que Henry Ford pusiera sus ojos en esta ciudad para montar su primera fábrica en 1903, desde donde se produciría en cadena los automóviles Ford T.

La producción en masa tuvo un papel decisivo en la floreciente industria automotriz en Detroit -donde los Big Three se asentaron: General Motors, Ford y Chrysler- y también en la I y II Guerra Mundial. Las líneas de ensamblaje de automóviles sirvieron para que Detroit fuera uno de los principales centros de producción en tiempos de guerra en Estados Unidos.

El elevado nivel de producción se transformaba en dinero, empleo y prosperidad. La población de la Motor City experimentó un crecimiento vertiginoso, llegando a convertirse en la cuarta ciudad con más habitantes de Estados Unidos. En los años 40, Detroit vivía su época dorada, estaba en su máximo esplendor.

El ocaso comenzó en la década de 1950. El aumento de habitantes ocasionó que se crearan los primeros suburbios y con el rápido crecimiento de la población inmigrante también llegaron las tensiones raciales.

La gran dependencia de la ciudad en la industria automotriz tuvo su efecto en los años 70, con la crisis del petróleo. Entonces, los fabricantes japoneses comenzaron a ser una dura competencia, ya que ofrecían modelos más económicos y que consumían menos combustible. El desplome de la industria automovilística norteamericana supuso el despido de miles de empleados.

Las masivas migraciones a los extrarradios tuvieron como consecuencia el desplome del precio de las viviendas en la ciudad, y el incremento del desempleo se tradujo en mayores índices de delincuencia.

En este declive, Detroit vive ahora con una deuda inasumible, en un proceso de despoblación inexorable y con miles de edificios industriales y viviendas abandonadas que dan fe de que hubo una época de esplendor ya casi olvidada. Pero Detroit, la Ciudad del Motor, se niega a morir.

Fuente: Expansión

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