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    Cuando lleguen los coches autónomos, salvarán miles de vidas y evitarán aún más accidentes

    Cuando lleguen los coches autónomos, salvarán miles de vidas y evitarán aún más accidentes
    Javier Costas
    Javier Costas6 min. lectura

    Es la conclusión del informe «La movilidad sostenible del futuro y su impacto sobre los ODS», presentado esta mañana en el III Observatorio de la Movilidad Sostenible de España. Los expertos apoyan el despliegue de los coches autónomos para reducir la siniestralidad vial.

    Aunque los coches autónomos no vayan a ser para todos, al menos durante los primeros años, su impacto en la Seguridad Vial será fácilmente apreciado como positivo. Solamente eliminando los errores humanos como factor de siniestralidad, la grandísima mayoría de los accidentes pueden evitarse.

    El mencionado informe, elaborado por Grant Thornton en colaboración con Fundación Ibercaja y Mobility City, señala que salvarán 11.000 vidas y evitarán 260.000 accidentes cada año. No solo eso, los tiempos al volante se reducirán por una conducción más fluida, y las emisiones de carbono serán 400.000 toneladas inferiores.

    Hoy día circulan por el mundo unos 51 millones de vehículos con conectividad con el exterior, con acceso a redes de datos 5G o con algún tipo de inteligencia artificial (IA). Su número puede multiplicarse por 10 de aquí a 2025, abriendo un enorme segmento de negocio ligado a los servicios y el valor añadido. De hecho, el software puede acabar superando el valor de los propios vehículos.

    Antes de la conducción autónoma han llegado los sistemas ADAS, que facilitan al conductor su tarea y reducen riesgos

    ¿Por qué los coches autónomos tienen estas ventajas?

    Los conductores humanos percibimos la gran mayoría de la información del entorno con nuestra vista, y en menor medida con el oído. Dicha percepción alcanza decenas o cientos de metros, y estamos limitados a nuestro alcance visual. De ahí que las pérdidas de visión o percepción disparen el riesgo de accidentes.

    En cambio, los coches autónomos disponen de varios sensores para percibir el mundo exterior, incluso completamente a oscuras. De los sensores de ultrasonidos hemos pasado a cámaras de vídeo, radares de microondas, LiDAR, etc. La combinación de estos sensores construyen una visión computerizada del entorno.

    A esta percepción, que también está limitada a decenas o centenares de metros, se le une una -llamémosla- percepción extrasensorial. En otras palabras, recibe información del exterior, remitida por otros vehículos, ciertas infraestructuras, e incluso otros usuarios de la vía como pueden ser ciclistas. De ahí la importancia de la conectividad para mejorar la seguridad.

    Actualmente, muy pocos modelos ofrecen -y opcionalmente- la posibilidad de que el conductor desconecte de la conducción en ciertas condiciones

    Mediante la conectividad al exterior los coches autónomos pueden conocer peligros que se van a encontrar a una distancia para la que hay mucho tiempo para tomar acciones correctivas. Por ejemplo, se puede conocer una retención súbita a kilómetros, y reducir la velocidad progresivamente hasta una parada suave, evitando el riesgo.

    Los vehículos autónomos se avisan entre ellos de cualquier riesgo que hayan podido percibir

    Pero también pueden conocer peligros mucho más cercanos, como peatones que están a la vuelta de una esquina con escasa visibilidad, obras en la calzada, señalización circunstancial o balizada, etc. Además, la sincronización semafórica permite adaptar la velocidad para atravesar más semáforos en verde.

    Esto último maximiza la velocidad media en zonas urbanas, incluso cumpliendo estrictamente con los límites legales, ya que se reducen las paradas y por tanto las aceleraciones. Como consecuencia, el consumo se reduce y las emisiones también, aunque este efecto se note menos en los vehículos eléctricos por sus inherentes características de eficiencia.

    Para llegar a este escenario de reducción de accidentes, víctimas del tráfico, emisiones y consumo de energía, no son pocos los desafíos a los que hay que hacer frente. Todavía hay unas cuantas barreras tecnológicas para que las inteligencias artificiales puedan conducir por sí mismas sin ninguna acción humana, ya sea presencial o remota.

    Por otro lado, han de acometerse muchos cambios en vehículos e infraestructuras para facilitar el tráfico de información, que ha de estar estandarizada y ser universalmente compatible, así como en todas aquellas normativas que deben adaptarse a una realidad cambiante. Además, la sociedad tiene que irlos aceptando y perder el miedo a lo nuevo.

    Con el paso del tiempo, la propiedad de un vehículo para gran parte de la población perderá el sentido si puede desplazarse en un vehículo autónomo y con mayor seguridad. Respecto a los actuales taxis y VTC se pueden eliminar los costes laborales de los conductores, aunque esta tecnología necesitará tiempo para ser amortizada y que los precios efectivamente estén por debajo de los de un billete sencillo de autobús.