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    Lecciones de la industria del automóvil de Australia para el mundo

    Javier Costas
    Javier Costas6 min. lectura

    Se consolida la catástrofe en la economía australiana, la industria del automóvil finaliza una trayectoria de décadas

    A finales de año habrán perdido su empleo unas 200.000 personas y el PIB caerá un 2%

    Las causas del declive se veían venir

    Cuando un país del tamaño de Australia pierde un sector productivo entero hay que entender por qué ha ocurrido. Es más, otros países deben tomar nota de lo ocurrido y así evitar que algún día pueda suceder lo mismo en sus economías. Australia perdió el tren de la competitividad hace tiempo, y a la vista están los resultados.

    Holden terminó la producción ayer, Toyota a principios de mes, y Ford el año pasado

    El cierre de las fábricas que quedaban de Ford, Toyota y Holden condenan no solo a los empleados de dichas fábricas, sino a sus proveedores y demás dependientes. Según un estudio de 2014 (Barbaro, Spoehr & National Institute of Economic and Industry Research) se estimaron en 200.000 las pérdidas de puestos de trabajo a consecuencia de este parón industrial.

    Parte de esos trabajadores conseguirá un nuevo empleo a tiempo completo, otros tendrán empleos de media jornada y un buen porcentaje de ellos no volverá a encontrar trabajo. Si nos acordamos de los empleados despedidos por Mitsubishi en 2004, cuando se cerró la planta de Adelaida, los porcenajes se reparten a partes iguales, casi un tercio de cada.

    Producción de automóviles en Australia - Fuente: tradingeconomics.com

    Un simple vistazo a este gráfico deja las cosas muy claras. La industria del automóvil local no se recuperó nunca del golpe de la crisis global de 2008. Eso no significó que los australianos dejasen de comprar coches, más bien cambió de forma apreciable en sus gustos. Los fabricantes extranjeros se beneficiaron. Las ventas tienen una tendencia ascendente desde hace mucho tiempo.

    Téngase en cuenta en el gráfico que en cada año hay un brusco parón de producción que suele coincidir con las vacaciones, lo cual no es un fenómeno únicamente australiano. De 2004 a 2017 la producción media ha sido de 21.150 unidades al mes, con un pico de 39.306 unidades en noviembre de 2014 y un suelo de 6.139 en enero de este año.

    El producto típicamente australiano ha sido reemplazado en el mercado por productos más económicos producidos en otros países, como Japón, Tailandia, Malasia o Corea del Sur. Y al no ser un mercado grande -casi tiene las cifras del español- el producto de gustos locales, como berlinas medias con motores muy potentes, no se justifica económicamente una industria local.

    Ventas del segmento E-F australiano de 1991 a 2011 - Autor: Greglocock (Wikimedia Commons) CC BY SA

    Uno de los problemas de la industria australiana ha sido su pérdida de competitividad respecto a economías con menores costes laborales. Durante años se compensó con grandes incentivos a los fabricantes para no dejar de producir en Australia, pero al cerrarse el grifo del dinero las cosas cayeron por su propio peso. Los extranjeros se los merendaron.

    Y se veía venir. Australia acogió a varios fabricantes y poco a poco se fueron yendo. En 1991 Toyota cerró dos plantas, una en Dandenong y otra en Port Melbourne. Después, en 1992, Nissan dejó de producir en el país. Ford cerró su planta de Sydney en 1994. En 2004 Mitsubishi clausuró la planta de Adelaida.

    El fracaso tiene múltiples responsables

    Las multinacionales prefirieron -en buena lógica- producir donde les salía más barato. La economía australiana, con una moneda fuerte, le salía más a cuenta importar desde fuera que vender al exterior. Los políticos no tuvieron visión a la hora de ver las tendencias del mercado y no actuaron en consecuencia.

    Valor mensual de las exportaciones de vehículos de Australia (1988-2012) - Autor: Toby Hudson (Wikimedia Commons) CC BY SA

    También son culpables los consumidores, porque con sus decisiones han contribuido a empobrecer su propio país al no elegir producto nacional respecto a los fabricados en el exterior que salían más económicos al ser importados con una divisa fuerte. El ciudadano común y corriente tiene mucho poder, pero parece no darse cuenta.

    Tras la salida de Ford (2016), Holden y Toyota, a los trabajadores de la industria del automóvil australiana les queda el camino de la reconversión y dedicarse a otra cosa, si es que pueden. Tal vez les habría salido a cuenta aceptar unas condiciones laborables o salariales menos buenas, como se ha hecho en España, y así conservar los empleos y la carga de trabajo.

    Desde ya los coches para el mercado australiano solo tendrán de diferente, en el caso de los Holden, un marcado específico. Por lo demás, ya no tendrán algo de especial. Importarán todo desde el exterior y quedará el recuerdo de los buenos tiempos, desde la década de los 70 hasta 2005. Desde entonces el tortazo se veía venir. Ford, Toyota y Holden simplemente han hecho lo que los demás, hacer las maletas.