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    La madre de todas las multas: 30.005 euros si eres tan insensato como para hacer esto

    La Ley de Tráfico es cada vez más severa.

    La Ley de Tráfico se está endureciendo progresivamente para intentar contener el número de infracciones que se producen en las carreteras. Las hay más y menos severas, pero algunas hacen mayor daño al bolsillo.

    La última reforma de la Ley de Tráfico ha generado una serie de modificaciones que incrementan la severidad de las sanciones por determinadas infracciones. Ya hemos hablado de algunas de ellas, entre las que destaca el incremento de la cuantía económica y de la retirada de puntos del carnet por utilizar el teléfono móvil, así como una nueva definición de lo que se considera uso ilícito.

    Pero dicha reforma de la Ley de Tráfico incluye otras que también han cambiado para hacerse más severas, habiendo algunas que pueden llegar incluso a los 30.000 euros e, incluso, penas de cárcel.

    La supermulta de Tráfico

    Posiblemente la multa más llamativa sea la que hace referencia a la alteración y daño de la vía pública y sus elementos, pues su sanción económica comienza en los 2000 euros y puede llegar hasta los 20.000 euros en función de lo ocurrido.

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    Algunos ejemplos de este tipo de multa pueden ser la realización de obras sin autorización o la retirada, ocultación, alteración o deterioro de señalización de cualquier tipo. Igualmente, nos puede caer «la del pulpo» si incumplimos las normas regulatorias de las actividades industriales que afecten a la seguridad vial o dañamos, por ejemplo, la parte superior de un puente por no respetar la altura máxima en ese tramo de la vía.

    Otras multas muy costosas

    La Ley de Tráfico prevé otras sanciones también cuantiosas, como la prevista para los conductores que circulan sin seguro, que en caso de ser detectados deberán hacer frente a una multa de entre 601 y 3005 euros, además de ver inmovilizado su vehículo.

    El uso de inhibidores de radares o cinemómetros también se castiga con una notable cifra que va desde los 200 hasta los 6000 euros para el usuario, más 30.000 euros de sanción para el taller instalador, si lo hubiera.

    Finalmente, no puede faltar una, por desgracia, multa clásica en nuestras carreteras: negarse a realizar la prueba del alcohol y drogas, que se castiga con hasta 1000 euros. Y, obviamente, en este y otros casos las consecuencias pueden ir mucho más allá del aspecto económico, pudiendo ser castigados con la pena de cárcel.

    En resumen, en el caso hipotético de que la Guardia Civil de Tráfico interceptara a un conductor que ha burlado los radares con un inhibidor, circulaba sin seguro, que ha dañado la vía y, además, se niega a someterse a las pruebas de alcoholemia y drogas, batiría el récord y tendría que asumir la madre de todas las multas: 30.005 euros. ¿Hemos mencionado ya la cárcel? Esperemos, por el bien de todos, que no ocurra nunca.

    Fotos: Freepik