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    La paradoja de la UE: aviones vacíos sobrevuelan los denostados coches de combustión

    La paradoja de la UE: aviones vacíos sobrevuelan los denostados coches de combustión
    La aviación comercial no es objetivo de los gobiernos en materia de emisiones.Freepik
    David Plaza
    David Plaza9 min. lectura

    Mientras la Unión Europea presiona sin descanso a los fabricantes de coches, sus mismas leyes obligan a Lufthansa y varias aerolíneas más a completar vuelos con aviones vacíos para no perder ‘slots’.

    Hablamos mucho y muy a menudo de la estrategia que la Unión Europea está adoptando en su empeño de impulsar el coche eléctrico, así como la enorme presión que ello ha generado en los fabricantes de vehículos.

    Estos se han visto obligados a modificar a marchas forzadas sus planes a corto y medio plazo para cumplir con las normativas antiemisiones y los objetivos marcados por dicho organismo, lo que ha puesto a muchos en una situación delicada.

    Un Airbus A380 necesita emplear la energía equivalente al combustible de 3500 automóviles

    Grandes inversiones, factorías renovadas, nuevos modelos y /o gamas completas (EV de KIA, EQ de Mercedes, ID de Volkswagen, Ioniq de Hyundai), incluso marcas exclusivas como Polestar (de Volvo)... todo ello enmarcado en un clima hostil en el que poco a poco va calando el mensaje de que los coches de motor de combustión (los que a día de hoy son realmente rentables) y sus fabricantes son el enemigo.

    Algo que, en última instancia, no perjudica sólo a las empresas del sector del automóvil, sino a los usuarios que deben asumir las consecuencias de una acelerada y apresurada transición para la que el mundo no está realmente preparado.

    Lo que contaminan los coches

    Pero, ¿realmente hay tanta prisa por completar la transición al vehículo eléctrico y es el coche privado el enemigo número 1 del medio ambiente? Esto es algo debatible a tenor de los datos que la propia Unión Europea hace públicos.

    Según cifras de la UE, el 30% de las emisiones de dióxido de carbono (CO₂) originadas anualmente en su territorio corresponden al transporte, de las cuales el 60,7% son responsabilidad de los automóviles, el 26,2% de los vehículos pesados, el 13,6% del transporte marítimo y el 13,4% de la aviación civil.

    Sin duda, el transporte privado ligero constituye el principal problema en este sentido, aunque no por la cantidad de emisiones que un vehículo emite, sino por la enorme cantidad de ellos que circulan por el planeta.

    Los aviones se van de rositas

    Y es que, si tenemos en cuenta las cifras que arroja un avión tipo Airbus A380 con una capacidad de combustible de 323.546 litros para transportar un máximo de 853 personas, necesita emplear la energía equivalente al combustible que se usa aproximadamente para 3500 automóviles, por lo que queda claro que un avión es más contaminante que un coche. Y es que sí, cualquier avión comercial es capaz de transportar muchas más personas que un coche, pero no las suficientes como para compensar la capacidad de esos 3500 vehículos.

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    Con estos datos, podría pensarse que la Unión Europea también debe centrarse en la aviación (así como en el transporte marítimo) si quiere abordar de verdad el problema de la contaminación derivada del transporte.

    Pero no. De hecho, incluso promueve que miles de aviones vuelen vacíos con un único propósito: cumplir con la normativa impuesta por la Unión Europea. Es lo que se conoce como vuelos fantasma y las aerolíneas se ven forzadas a realizarlos para así no perder los denominados «slots», es decir, los derechos de vuelo sobre determinadas rutas.

    Con ocasión del incremento de casos de COVID por la alta transmisibilidad de la variante Ómicron, Lufthansa se verá obligada a cancelar 33.000 vuelos programados entre enero y marzo, siendo 18.000 de ellos innecesarios o vuelos fantasma.

    Antes de la irrupción del coronavirus, la Unión Europea obligaba a las aerolíneas a cubrir un 80% de los vuelos de cada ruta, cifra que rebajó hasta el 50% a través de una moratoria que expirará en marzo de 2022. Después de eso, el porcentaje aumentará hasta quedar establecido en un 64%.

    El CEO de Lufthansa, Carsten Spohr, alertó hace unos días de que no tiene ningún sentido operar vuelos innecesarios sólo para no perder sus derechos de vuelo. «En casi todas las partes del mundo se han establecido exenciones para no perjudicar al clima, pero la UE no lo permite», aseguró en una entrevista en el diario Frankfurter Allgemeine. «Es algo muy dañino para el clima y contradice lo que la Comisión Europea quiere lograr con su paquete Fit for 55», reiteró.

    Impuestos, pero pocos

    Recientemente, Transport & Environment publicó un informe en el que afirmaba que las aerolíneas europeas sólo pagan impuestos por valor del 30% de sus emisiones de CO₂, ya que el 70% de los vuelos restantes se produce fuera del espacio comunitario. La conclusión es que en la actualidad las aerolíneas contaminan libremente en sus operaciones fuera del espacio comunitario y además suponen el grueso de la actividad de las principales aerolíneas.

    En concreto, el informe expone que las operaciones fuera de la UE suponen el 77% para Lufthansa; el 83% para Air Europa y el 86% en el caso de British Airways. En esos vuelos, las aerolíneas europeas emitieron en 2019 un total de 65,9 millones de toneladas de CO₂, por las que no tuvieron que pagar impuestos.

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    Además, los cinco aeropuertos más grandes de Europa, Londres Heathrow, París Charles de Gaulle, Frankfurt, Amsterdam Schiphol y Madrid Barajas, contaminan más que toda la economía sueca, según el rastreador de aeropuertos en línea creado por ODI, Transport and Environment (T&E) y el Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT). En concreto, estos cinco aeropuertos emiten 53 millones de toneladas de CO₂ (excluidos los vuelos de carga), que están exentos del impuesto sobre el combustible.

    Jo Dardenne, gerente de aviación de Transport & Environment, apuntó que «a diferencia de los automóviles o las centrales eléctricas, la mayoría de las emisiones de los vuelos se liberan fuera de las fronteras de Europa, pasando escandalosamente por alto la gran mayoría de las emisiones de los aeropuertos europeos. Todos los vuelos deberían incluirse en el sistema de comercio de derechos de emisión, no sólo en los de Europa».

    Se da la paradoja de que todos los aeropuertos mencionados tienen planes de expansión, sobre todo Heathrow, cuya ampliación planificada se ha retrasado recientemente debido al COVID. Este complejo es responsable de las segundas emisiones aeroportuarias más grandes del mundo, ya que sus 16,2 millones de toneladas de CO₂ cada año equivalen a 8,1 millones de automóviles.

    Mientras, los fabricantes se ven obligados a llevar al coche de combustión camino del matadero.

    Fuente: Faz.net