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    Peajes en 2021: más kilómetros gratuitos, pero más presión a favor de peajes electrónicos

    Cabinas de peaje de la AP-6César (Flickr) CC BY-SA 2.0

    El Gobierno de España ha dejado caer en más de una ocasión que el creciente kilometraje de la red pública de autopistas y autovías requerirá que el mantenimiento se pague (¿no se paga ahora?). En 2021 habrá más tramos libres de peaje.

    En un plazo de pocos años hemos visto que han ido cayendo barreras de peajes después de décadas pagando por el uso de vías rápidas. A finales de 2018 se liberó la AP-1 entre Burgos y Armiñón. Cuando empezó 2020 también se dejó de cobrar en la AP-4 entre Dos Hermanas y Jerez de la Frontera, y también en la AP-7 entre Alicante y Tarragona.

    Cuando empiece 2021 no habrá ningún cambio brusco, solo los ajustes tarifarios habituales, unos subirán, otros bajarán, otros se quedarán como estaba. Lo bueno comenzará en verano, especialmente para aragoneses, catalanes, y otros tantos automovilistas de paso por la AP-2 y la AP-7.

    Desde el 31 de agosto dejaremos de pagar el peaje de la AP-7 entre Tarragona y La Junquera -frontera con Francia-, por lo que ya se podrá ir del tirón desde Alicante hasta el país vecino sin pagar y evitando las horribles alternativas gratuitas por la costa (a menos que uno no tenga ninguna prisa).

    Estas imágenes de atascos en los peajes en Cataluña empezarán a ser historia en verano de 2021

    Pero no solo esto, tampoco habrá que pagar la AP-2 entre Zaragoza y las conexiones con Cataluña por la AP-7. Lo mismo va a pasar con las autonómicas C-32 y C-33, que aliviarán la presión sobre el bolsillo de los habitantes de Barcelona, el Maresme, Montmeló, etc. Parecen buenas noticias, ¿verdad?

    En parte sí, porque el fin de esas concesiones van a ir ligadas a un turismo mucho más seguro y la recuperación de nuestra industria dedicada a ello, según vaya aumentando la inmunidad grupal gracias a la campaña nacional de vacunación (las vacunas, por sí solas, no solucionan nada si no nos las inoculan).

    En total, 378 kilómetros de autopistas de peaje pasarán a ser gratuitos en 2021 por su uso

    La cara B de todo este asunto viene porque el incremento en kilómetros de vías rápidas con cargo al erario público. Dado que los impuestos que pagamos los automovilistas no se están usando para el mantenimiento de la red viaria, ese presupuesto añadido de mantenimiento se nos quiere colar a través de peajes a la portuguesa.

    AP-7 a su paso por Barcelona - Fotografía: Jorge Franganillo (Flickr) CC BY

    Nuestros vecinos lusos disfrutaban de una red de autopistas financiadas con fondos europeos (SCUT, de «sin coste para el usuario») que complementaban a una red de autopistas privadas con peajes de barrera convencional. En 2010, como había que pagar la crisis, pusieron peajes electrónicos sin barrera. Un sistema complejo para los españoles (y otros extranjeros) que pretendan hacer turismo en Portugal.

    Lo mismo puede acabar pasando en nuestro país. Se han soltado varios globos sonda para ir introduciéndonos la idea. Que si le mantenimiento hay que pagarlo (sí, lo dicen en serio), que si el que contamina paga, que si lo paguen los camioneros... Ese debate es estéril, TODO va a subir de precio en un país donde casi 9 de cada 10 toneladas van por carretera.

    Este año maldito nos ha hecho valorar más hasta qué punto nuestro estilo de vida depende de que los camioneros y el sector logístico funcionen bien. Ahora imaginemos que les cargamos con más costes, solo a ellos. Cualquiera con dos dedos de frente lo sabe, esos costes no se los van a comer ellos, nos los trasladarán a los consumidores (y en buena lógica).

    El pasado marzo la patronal de las constructoras de autopistas y de su mantenimiento, SEOPAN, propuso que paguemos 0,09 euros por kilómetro en vehículos particulares y 0,19 euros por vehículos pesados. Parece poco, pero si pensamos en 500 kilómetros (ya sean semanales, o en un viaje largo), ya hablamos de 45 euros por un turismo y 95 euros por un camión o un autobús.

    Siempre he defendido que el mantenimiento de la red viaria lo debemos pagar todos los españoles, a escote, porque todos nos beneficiamos de la red. A los extranjeros se les puede hacer colaborar (forzosamente) mediante el cobro de una viñeta, como nos pasa al cruzar Austria o Suiza, pero trasladar el coste solo a los automovilistas y transportistas es radicalmente injusto.

    Y si el pago es inevitable, pues parece preferible el modelo de la viñeta, de que se paga una cantidad fija al año (no llegaría a 50 euros), pero no por kilómetro. Eso se va a trasladar en pasar tráfico a las vías secundarias, donde la DGT dice que nos vamos a matar, aunque nos hagan ir a todos a 70 km/h y se nos meta en la cárcel por adelantar a vehículos lentos. En definitiva, que habrá muertos.

    No obstante, teniendo en cuenta que este año, tirando muy a la baja, han muerto más de 50.000 personas por la pandemia de COVID-19 en España, parece de una extrema relatividad que suban las muertes anuales unas decenas al año o un par de centenares. Algunos podrán decir, con toda la frialdad del mundo, que es el precio del progreso.

    Precisamente la liberación de peajes ha tenido como consecuencia una menor siniestralidad, por pequeña que haya sido. En 2020 los datos no son muy de fiar porque la movilidad se ha restringido a lo bestia. Pero sirva de referencia que en 2019 entero solo hubo UN muerto en el tramo de la AP-1 y su paralelo por la N-I, y fue un camionero que sufrió un infarto y no contó como víctima de tráfico.

    El auténtico progreso es seguir desviando tráfico de las vías de doble sentido, tan peligrosas, a las autopistas y las autovías, como se hizo a partir de los años 90 de forma generalizada en nuestro país. Pretender que los automovilistas y transportistas paguen el pato de una gestión pública lamentable salvará los números, pero tendrá un coste inaceptable en vidas humanas, por no hablar del impacto económico.