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    Amores de juventud: el Porsche 928

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    El Porsche 928 destaca por sus líneas redondeadas y ópticas singulares.wheelsage.org

    Este espectacular Gran Turismo fue un pionero en la gama de Porsche y, en cierto modo, el precursor del actual Panamera.

    Nació con la intención de recoger el testigo del mítico 911, pero adoptando un enfoque más polivalente y refinado.

    Estoy seguro de que muy probablemente, querido amante de las joyas automovilísticas del siglo pasado que recordamos en «Amores de juventud», experimentaste un déjà vu en 2010, cuando se presentó al mundo el nuevo Porsche Panamera. «Creo que he visto un Porsche como este antes».

    Efectivamente, el 928 era un Gran Turismo con todas las letras y atributos propios del término, es decir, un vehículo claramente dirigido a hacer de los largos viajes por carretera un placer, tanto por confort de marcha, como por comodidad en el habitáculo, prestaciones, equipamiento y calidad de acabados.

    El heredero del 911

    El modelo más icónico de la firma de Stuttgart, el 911, fue presentado en el Salón de Frankfurt de 1963 y se sigue comercializando más de medio siglo después. Pero a finales de la década de los 60, la cúpula directiva de Porsche ya temía que el bajón de ventas del modelo significara su fin comercial y empezó a idear el que debía ser su relevo en el mercado.

    Así promocionaba Porsche el 928 en televisión.

    Sin embargo, el radical y claramente deportivo 911 iba a ser sustituido por un 928 más dócil, versátil, equilibrado y refinado que compitiera en el segmento de los Gran Turismo de lujo. Así, a primeros de los años 70, Ferry Porsche encargó un proyecto que culminó con su presentación en 1977 y el inicio de su producción al año siguiente, cuando se convirtió en el único deportivo y único modelo de Porsche en ser galardonado como «Coche del Año en Europa».

    Desde cero

    El 928 no heredó la plataforma de ningún otro modelo de la marca, pues esta desarrolló un chasis específico y que contaba con ciertas cualidades que le hacían único. Los ingenieros de Porsche probaron numerosas configuraciones para el motor, pero finalmente optaron por un bloque V8 de aluminio con 4,5 litros de cilindrada refrigerado por agua, dispuesto en posición delantera longitudinal y asociado a una transmisión tipo «Transaxle».

    Entre otros elementos mecánicos destacables, sobresalía la suspensión «tipo Weissach» en el eje trasero, llamada así porque fue concebida por los ingenieros del Porsche Development Center de la localidad alemana de Weissach. Este sistema permitía estabilizar la convergencia, otorgando mejor estabilidad en frenada y a la hora de levantar el pie del acelerador en curva.

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    La carrocería del 928 es todo un prodigio de líneas limpias bajo las que se integran, entre otros elementos, los parachoques de seguridad. A diferencia de lo que era habitual en muchos modelos de la época, Porsche utilizaba materiales plásticos en las zonas expuestas a los golpes para enmascarar los sistemas de seguridad pasiva obligatorios de la época, evitando así penalizar el diseño del vehículo en su conjunto.

    En la afilada parte delantera destacaban los faros escamoteables -pero visibles- y el largo capó que ocultaba el V8. Sin embargo, el resto del vehículo estaba dominado por trazos redondeados acompañados de grandes superficies acristaladas y culminados con una trasera rebosante de personalidad. El portón del maletero insinuaba el buen tamaño del mismo -para ser un Porsche- y venía acompañado de otro de los sellos de identidad del 928: las ópticas traseras de considerable volumen y aspecto futurista.

    Sea cual sea la vista, el Porsche 928 no deja indiferente.

    El Porsche «GT» contaba además con varios elementos de la carrocería fabricados en aluminio: capó motor, portón trasero, puertas y aletas delanteras. Todo ello con el ánimo de aligerar en la medida de lo posible este deportivo que flirteaba con la tonelada y media de peso y que, por otro lado, contaba con un nada despreciable tamaño: 4,52 metros de largo y 1,89 metros de ancho.

    El interior

    Porsche puso mucho empeño en dotar al 928 de un habitáculo cómodo y acorde a las pretensiones (y precio) del coche, incorporando unos asientos fabulosos que contribuían a conseguir una posición de conducción igualmente acertada. Incluso los pedales eran regulables, por lo que era casi imposible no encontrar la postura ideal a gusto de cada conductor. Finalmente, la palanca de cambios -de recorrido algo largo- se encontraba en la posición ideal para ser accionada con comodidad.

    Por lo demás, el diseño era más bien clásico, pero dotado de mucha atención a los detalles y equipamiento de altos vuelos, con sistemas como retrovisores regulables eléctricamente desde el interior, aviso de avería de intensidad variable en función de la gravedad de la misma o calefacción igualmente regulable para la luneta térmica trasera. En resumidas cuentas, una combinación de lujo y sobriedad muy propia de un Gran Turismo de altos vuelos.

    GT

    Pocos coches pueden permitirse el lujo de definir con mayor precisión estas míticas siglas, que engloban a la que es la familia de vehículos que mejor combina lujo y prestaciones.

    El 928 fue concebido, como novedad en Porsche, con un motor V8 refrigerado por agua con dos objetivos: competir en el mercado americano y dotar de mayor refinamiento a un modelo que quería desmarcarse del temperamental y tosco 911.

    A nivel dinámico, el motor cuenta con una excelente curva de potencia que combina con un brillante equilibrio del chasis. La conducción es precisa y de alto nivel, tanto en las anchas y rápidas autopistas como en las reviradas curvas de una carretera de montaña. Eso sí, en el momento en el que el conductor quiere pasar del modo «alegre» al «competitivo» nota que la dirección es algo pesada y desmultiplicada, algo que no ayuda a combatir el subviraje que aparece al límite, aunque difícilmente a la entrada de las curvas, sino cuando el apoyo es largo o se hace necesario una rápida transferencia de masas.

    Jeremy Clarkson a bordo de un Porsche 928.

    Desde que comenzara a comercializarse el 928 en 1978 y hasta su desaparición con la variante GTS en 1995, Porsche lanzó al mercado un total de siete versiones de este modelo que no variaron en exceso su aspecto y del cual llegaron a venderse más de 57.000 unidades. Aunque no cumplió su objetivo de relevar al 911 en el mercado a consecuencia de la inesperada longevidad del icónico buque insignia de Porsche, sí fue capaz de hacerse un hueco en el olimpo de los Gran Turismo, recogiendo por derecho propio la etiqueta de mito del automovilismo.

    Para ello rompió con muchos estándares de la marca de Stuttgart y apostó por más tecnología, refinamiento, habitabilidad y equilibrio sin renunciar a las prestaciones propias de todo vehículo que porte el escudo del caballo rampante y las astas estilizadas. Un Porsche con mayúsculas, pero con una personalidad muy propia.

    CARACTERÍSTICAS GENERALES

    El interior del 928 es lujoso y cómodo.

    ESPECIFICACIONES TÉCNICAS

    Fotos: Wheelsage.org

    Amores de juventud: el Porsche 928