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    La autonomía de los coches eléctricos, cómo se mide y de qué claves depende

    La autonomía de los coches eléctricos, cómo se mide y de qué claves depende
    Fran Romero
    Fran Romero4 min. lectura

    La autonomía de los coches eléctricos es una de las claves en la decisión de los clientes. Un valor que complementa a otro como es el consumo de la energía eléctrica. Skoda explica cómo se mide el primer valor, del que depende, en un 90 por ciento, la compra.

    La autonomía en los coches eléctricos es una de las verdaderas claves en la decisión a la hora de comprar coches nuevos y abandonar por completo la combustión. Antes se comparaban prestaciones, ahora se busca el máximo de kilómetros que podemos viajar sin parar a recargar la batería.

    Skoda ha decidido explicar algo que genera el síndrome de abstinencia energética, por el que los potenciales propietarios de coches 100% eléctricos sufren al sentir que pueden quedarse sin energía para completar su viaje o, al menos, llegar al punto de carga más cercano. La firma checa sabe que entre lo declarado por el fabricante y la realidad, existen importantes desviaciones, lo que causa también dudas en los clientes. Lo cierto es que, al igual que con el consumo medio declarado, todo depende de una serie de factores muy variables.

    Skoda Enyaq iV
    Las bajas temperaturas merman la autonomía en los coches eléctricos

    Las diferentes variables que determinan la autonomía de los eléctricos

    Hoy, para evitar engaños y ser lo más cercanas a la realidad, Europa estableció un sistema de medición llamado WLTP, en el que se incluye una prueba de conducción en tráfico real llamada «RDE» y otra similar pero en laboratorio llamada «WLTC». El cometido de ésta última es el de poder comparar autonomías y consumos entre modelos equivalentes de la misma marca o diferentes. En general, el WLTP considera el peso real de cada unidad, incluyendo también diferentes equipamientos opcionales y se realiza a una velocidad de hasta 135 km/h.

    Sin embargo, los checos advierten que las desviaciones -al alza o a la baja- que se dan en la autonomía y el consumo está íntimamente ligado a cuatro categorías: la física del vehículo -comprendiendo aerodinámica, peso y resistencia a la rodadura- el clima y la temperatura exterior, el estilo de conducción -frenadas y aceleraciones bruscas o la elección de un modo de conducción determinado- y la orografía de la carretera. De hecho, también influye el uso de los sistemas de confort como la climatización, calentando el habitáculo un día soleado Con todas estas variables, la autonomía difiere según condiciones que prácticamente nunca se repiten.

    Con el conductor solo, en ciudad, en otoño o primavera y con el modo «ECO», la autonomía llega al máximo de hasta 533 kilómetros. En cambio, en verano, con cuatro pasajeros y en modo «Normal», la autonomía puede bajar hasta los 435 kilómetros, aproximadamente. En invierno se reduce hasta los poco más de 350 kilómetros, teniendo en cuenta que la batería ha de calentarse para que se mantenga entre 10 y 35º, que a una temperatura exterior de -5º necesitemos climatizar el interior, conduciendo en modo «ECO» y fuera de ciudad con un par de ocupantes.