Opinión¿Podrá Toyota seguir siendo líder? Su estrategia frente a China
Líder mundial del automóvil desde 2020, el gigante japonés afronta el empuje de los fabricantes chinos con una estrategia que combina híbridos, baterías de estado sólido, hidrógeno y alianzas con su gran rival, BYD.

Toyota es la primera corporación automovilística mundial. Desde 2020 lidera de manera ininterrumpida el ranking de fabricantes, vende más del 10% de los coches que se comercializan en todo el mundo, lidera más de dos tercios de los mercados mundiales, entre ellos Estados Unidos, Japón o Australia, roza el monopolio en América del Sur (se le escapa Brasil, que es territorio Fiat), África (donde solo cede cuatro países), el Sureste Asiático, Oceanía y el Golfo Pérsico y en Europa es la más vendida en varios países, entre ellos el nuestro donde sus híbridos se despachan solos y no vende más coches porqué a la filial española no se le asignan más.
La estrategia de Toyota se ha sustentado siempre en dos grandes pilares: la mejora continua de sus modelos y de sus métodos de producción y una oferta de vehículos adaptada a lo que pide cada mercado en cada momento. Hasta ahora, ha sido la estrategia perfecta, pero la compañía se enfrenta actualmente a un nuevo reto: mantener el liderato mundial frente al tsunami chino, un tsunami que amenaza su posición dominante en los mercados emergentes y que avanza a una velocidad mucho mayor de lo esperado en Europa donde las ventas conjuntas de los fabricantes chinos han superado ya a las de los fabricantes japoneses. Eso, sin embargo, no es demérito de Toyota sino de los constantes errores de planificación de producto de prácticamente todas sus compatriotas.
Híbridos de nueva generación y baterías de estado sólido
Hace unas semanas, el vicepresidente ejecutivo de Toyota, Hiroki Nakajima, que, además, es el responsable de desarrollo tecnológico de la marca, vino a Europa a explicar a los inversores europeos diferentes aspectos de la estrategia futura del fabricante, una estrategia que pasa por ahondar en sus pilares básicos y explorar nuevas líneas de negocio.

Nakajima explicó que en Europa y en numerosos otros mercados, donde la electrificación avanza a un ritmo mucho más lento, se mantendrá la apuesta por los híbridos con una nueva generación de motores, más compactos y eficientes, que llegarán acompañados por nuevos propulsores de gasolina. Así, quién no quiera pasarse (todavía) al eléctrico puro, podrá seguir incluyendo un Toyota en su lista de la compra, pero para aquellos que ya estén dispuestos a dar el paso la marca anuncia nuevos propulsores eléctricos y, sobre todo, las famosas baterías de estado sólido, que prometen una eficiencia un 20% mayor y que llegarán entre 2027 y 2028.
El hidrógeno y las alianzas con BMW y los fabricantes de camiones
En paralelo, Toyota sigue trabajando en el desarrollo del hidrógeno, tanto como combustible para motores eléctricos (fuel cell), como para usar directamente en motores de combustión interna. Las alianzas con los fabricantes de camiones y con BMW permiten en este caso compartir gastos en el desarrollo de una tecnología que sigue verde a la espera de un compromiso público paneuropeo, sobre todo para el transporte en carretera, que luego se pueda aprovechar para el mercado de turismos.
Conducción autónoma, plataforma Arene y robots humanoides
Las otras tres grandes apuestas de futuro de la empresa son la conducción autónoma, desarrollada “in house”, es decir, con el software y los componentes de desarrollo propio que veremos muy pronto en una gama de coches dotados de conducción autónoma L2++, la plataforma Arene con inteligencia artificial que se estrenó en el RAV 4, se expandirá a diez millones de coches anuales y se empleará en la gestión de los procesos productivos, la logística, las infraestructuras y la gestión de los concesionarios y un nuevo paso en la robotización en el proceso de producción con robots humanoides capaces de asumir tareas de montaje.

¿Bastará para frenar la avalancha china?
Cabe preguntarse ahora si esta estrategia a medio plazo, acompañada de potentes inversiones en la modernización de plantas en todo el mundo, bastará para frenar la avalancha china. Es evidente que la hibridación será la piedra angular de la electrificación creciente en mercados de lo que otrora llamábamos despectivamente “tercer mundo” a medida que se implementen en ellos normativas medioambientales más exigentes, pero la huella china en esos mercados no para de crecer y los fabricantes chinos disponen de la misma tecnología a precios, ahora mismo, imbatibles.
El hidrógeno, que parece una apuesta sensata a medio plazo, sobre todo en Japón y en Europa para los camiones, puede dar a Toyota, que es la marca que más lo está impulsando, una notable ventaja competitiva, pero no deja de ser una tecnología de futuro de la que se desconoce cuándo se convertirá en presente y qué ventajas tendrá para entonces si cuando llegue tenemos eléctricos que superen los 1.000 km de autonomía y se recarguen en 5 minutos.

El flanco más débil de Toyota, los eléctricos y el pacto con BYD
Y es precisamente en el ámbito de los eléctricos donde más dudas existen. Toyota ha sido de las últimas marcas en llegar a la electrificación, entre otras cosas porqué, de acuerdo con su propio argumentario, “no iba a ser una tecnología rentable hasta que la demanda la justificara” algo que parece que ya empieza a suceder en los principales mercados europeos y, sobre todo, en China. El liderazgo chino en este ámbito ha llevado a Toyota a sellar una alianza con BYD (empresa conjunta al 50% para desarrollo de baterías y vehículos completos que permita reducir costes y acelerar plazos de desarrollo) y a reconducir las joint-ventures históricas ya existentes con FAW y GAC.
Y es que después del descalabro de Honda con la cancelación del Proyecto 0, que se suspendió cuando los coches estaban a punto de entrar en producción ante la imposibilidad de resultar competitivos pese a la enorme inversión realizada de casi 16.000 millones de euros, difícilmente Toyota se arriesgará a desarrollar una tecnología eléctrica propia más allá de lo que ya tenga hecho en el ámbito de las baterías de estado sólido. Con las alianzas con los grupos chinos que demuestran una vez más aquello de “si no puedes vencer a tu enemigo, alíate con él”, Toyota busca acceder a una tecnología líder pagando solo una parte del desarrollo. Al enemigo chino no se le ganará desarrollando una tecnología superior, sino accediendo a la que ya existe -y que es superior- para transformar una amenaza real en una convivencia beneficiosa. Y eso Toyota lo sabe. Porqué a pragmática no le ha ganado nunca nadie.

