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    ¿Usamos toda la tecnología de los coches nuevos en 2021? J.D. Power responde: "no"

    Los coches modernos tienen un arsenal de tecnología en materias como el infoentretenimiento, la seguridad activa, comodidad a bordo, etc. No toda tecnología novedosa es interesante para la clientela, tanto la que no pagaría más por ella, como los que la pagan y ni siquiera la acaban utilizando.

    La carga tecnológica de los coches nuevos no para de aumentar, aumentando por tanto el protagonismo de todo aquello que no es estrictamente necesario para conducir, sino enriquecer la experiencia de conducción e incluso la de estar parado. Esto, evidentemente, está teniendo un coste que no siempre compensa.

    Encontraremos ya pocos coches en el mercado que, recién salidos del concesionario, no tengan algún elemento que pueda considerarse superfluo. Ni siquiera los Dacia son lo que eran, han adoptado ciertos elementos de equipamiento que hace unos años eran auténticos lujos, pero se han vuelto habituales.

    Sin embargo, llega un punto en el que la clientela ni aprecia una carga tecnológica adicional, ni acaba utilizándola más que por pura experimentación, se frustra y luego se aburre. Son las conclusiones que obtiene J.D. Power en el mercado estadounidense tras sondear a miles de conductores en los primeros 90 días de uso del coche.

    En esta gráfica vemos el resultado del ranking de innovación del J.D. Power’s 2021 U.S. Tech Experience Index (TXI) Study. La puntuación máxima que se puede obtener es de 1.000 puntos. Tesla aparece abajo del todo -fuera de competición- por no cumplir la marca con los criterios de J.D. Power. Extraoficialmente es quien más satisfacción produce con su tecnología, oficialmente lo hace Genesis.

    En las marcas Premium observamos índices de satisfacción más elevados: Cadillac, Volvo, BMW o Mercedes-Benz, y pocas marcas generalistas superan los 500 puntos. A fin de cuentas, los clientes de marcas Premium valoran más la carga tecnológica y están más dispuestos a pagar sumas superiores por disfrutarla.

    Pero el estudio nos cuenta más. Una de cada tres tecnologías a bordo no han sido utilizadas por más de la mitad de los encuestados durante los primeros tres meses de propiedad. Destaca como una de ellas la compra de aplicaciones a bordo, el 61% declara no haberlas usado y el 51% considera que no son necesarias.

    Interior del nuevo Tesla Model S 2021

    Estas respuestas son relevantes de cara al paradigma que algunos fabricantes quieren implantar, tanto los más recientes como los tradicionales: suscripciones. Algunas prestaciones pueden ser deshabilitadas temporalmente o no activarse si no se abonan cuotas mensuales, siendo estas una forma de ingresos adicional.

    Hay tecnologías que siempre son mejor valoradas por los clientes, como las cámaras de aparcamiento marcha atrás, la visión cenital simulada de 360 grados o el poder conducir ciertos modelos eléctricos «solo con un pedal» (dejando el freno para no chocar). Por contra, el control gestual interesa poco o decepciona hasta el punto de abandonar su uso.

    Podemos encontrar diversas explicaciones al rechazo a nuevas tecnologías: dificultad para aprender su funcionamiento, formación insuficiente, utilidad percibida baja, que sea molesta (p.e. avisador de abandono de carril), que el acceso mediante menús sea tedioso, etc. A mayor carga tecnológica, más conocimientos hacen falta para «dominar» el coche.

    ¿Alguien se acuerda de esto? Apuntaba maneras hace un lustro

    La muestra poblacional de esta encuesta, realizada en 15 zonas de Estados Unidos, resulta suficiente, 110.827 personas

    De este estudio también podemos aprender que no solo basta con que haya tecnología a bordo, esta debe ser atractiva para el consumidor, fácil de utilizar, con criterios de usabilidad, y además, que tenga una finalidad práctica. Muchas veces al consumidor se le obliga a adquirir algo que no desea, pero «viene en el pack».

    De hecho, a algunos fabricantes les sale a cuenta poner ciertos equipamientos en todos los coches a sabiendas de que los clientes puede que nunca los usen -caso de que hagan falta suscripciones- o que no se puedan llegar a usar porque se vende el hardware sin un software que lo haga funcionar a corto plazo. «¿Hola, es la conducción autónoma? Que se ponga».

    Cierto es que los coches pelados cada día tienen menor interés, y por eso son ya una rareza en el mercado. El polo opuesto es ofrecer características que no tienen interés para los clientes, ya puede ser un derroche su mero desarrollo, así que los estudios de mercado igual tienen que hilar un poco más fino para evitar este tipo de problemas.