Volvo consigue lo impensable: Trump acepta que vendan tecnología china en Estados Unidos
Volvo ha recibido una autorización expresa del gobierno de Estados Unidos, creando un antecedente mediante el cual los fabricantes chinos sí tienen un resquicio de esperanza para poder vender en el mercado más grande de todo el mundo detrás del suyo propio.

Técnicamente hablando, los coches chinos como tal no han sido prohibidos en Estados Unidos - aunque hay quien lo está intentando activamente por vías legales en estos momentos. Ahora bien, hay un fabricante que ha conseguido encontrar una solución al respecto, lo cual cambia las reglas del juego - en el mercado de Estados Unidos y, en sentido económico, puede tener un impacto más global.
Ese fabricante no es otro que Volvo Cars, de origen sueco, con fábrica en Carolina del Sur desde hace muchos años pero propiedad del grupo chino Geely. De modo que es de lógica que cuente con software de origen chino en sus modelos, con un centro de diseño en Shanghái y fábricas en tres localidades chinas (Chengdu, Daqing y Taizhou en concreto).

Volvo podrá vender software de origen chino en EEUU
Ahora bien, desde la norma del departamento de comercio que la administración de Donald Trump firmó el 17 de marzo de 2025 los vehículos conectados con software procedente de China o Rusia estarán restringidos de 2027 en adelante. Lo mismo ocurrirá con aquellos coches que lleven hardware de un país u otro a partir de 2030. Esto implica software y hardware ‘diseñados, desarrollados, fabricados o suministrados por personas al servicio de, controlados por, o sujetos a la jurisdicción’ del gobierno chino.
El temor es evidente, dados los antecedentes: evitar que haya espionaje por parte del gigante asiático, que sean capaces de hacerse con información sensible o controlar flotas de vehículos de manera remota. Un miedo que no es único de Estados Unidos, pues también se ha dado en otros lugares del mundo más cercanos como Polonia, además de investigaciones acerca de ese posible control remoto que han llevado a cabo desde Noruega y Reino Unido.
Una autorización frente a la ley actual de la administración Trump
Volvo, gracias a su prolongada presencia fabricando en Estados Unidos, ha recibido una autorización específica por parte de la Oficina de Tecnología de la Información y los Servicios de Comunicación (OICTS) de manera que podrá continuar importando y vendiendo sus coches conectados con su tecnología actual. Evidentemente, desarrollada y/o diseñada en territorio chino.

El fabricante se ha acogido a la norma ‘Securing the Information and Communications Technology and Services Supply Chain: Connected Vehicles’. Caso a caso, el Departamento de Comercio analiza e investiga la tecnología, la seguridad de los datos y quien está al mando de la compañía que solicita esa autorización. Este proceso es el que sienta el precedente.
Caso a caso, como los precios mínimos en Europa
Este caso a caso recuerda, en cierto modo, a la situación de los aranceles de la Unión Europea a los coches eléctricos fabricados en China. En esta situación, caso a caso, (siendo el primero de ellos el CUPRA Tavascan) cada fabricante ha de negociar con la Unión Europea unos precios mínimos como medida alternativa a los aranceles impuestos a finales de 2024, además del arancel estándar del 10% para la importación de toda clase de vehículos.
En el caso de Volvo, su planta de Charleston cuenta con más de 2.000 trabajadores, una planta en la que se han invertido más de 1.100 millones de euros. La sede norteamericana se encuentra en Nueva Jersey, con en torno a 400 trabajadores más otros 200 ubicados por todo el país y una historia de 71 años desde que llegaron por primera vez al país de las oportunidades, creciendo hasta contar con 281 concesionarios en 48 estados distintos, sumando unos 11.500 empleados.

Una oportunidad de crecimiento única
Tener a Volvo en sus manos (así como Lotus y otras marcas) le da a Geely una oportunidad única de crecimiento frente al resto de grupos chinos, lo que abre un hueco a que otras de sus marcas, como Zeekr, acabe llegando a Estados Unidos. La cuestión es cómo BYD, SAIC y otros fabricantes paisanos suyos podrían acordar algo similar, al menos con la actual administración Trump al mando.

