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Comparativa BMW M4 vs Lexus RC F (III): Comportamiento en circuito y conclusiones

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Ponemos punto y final a la comparativa entre el Lexus RC F y el BMW M4 Coupé probándolos a fondo en un circuito de carreras. La mayor potencia del japonés y la implacable efectividad del alemán se presentan como las principales armas en esta batalla ¿Cuál es la mejor opción?.

Llega el momento de enfrentar al Lexus RC F y al BMW M4 Coupé al examen más exigente de nuestra comparativa: el comportamiento en circuito. Tras dar unas vueltas de reconocimiento estamos listos para exprimir dos deportivos capaces de enamorar a cualquiera. Ante nosotros, el motor V8 más potente de la historia de Lexus y el último miembro de la saga más gloriosa de BMW M, frente a frente.

La pista dictará sentencia

Preparados en la recta, en cada uno de los coches seleccionamos el modo de conducción más agresivo y pisamos el acelerador a fondo. El rugido de los escapes se apodera de todo el trazado y el RC F sale catapultado hacia el horizonte dejando atrás al M4, que pierde la batalla, que no la guerra, en estos primeros metros.

El alemán es víctima de su propio ímpetu. Es tan salvaje que el control de tracción se esfuerza en mantener la caballería a raya, limitando la energía que llega a las ruedas. Con los controles desconectados la situación es más delicada aún y un pisotón al acelerador es sinónimo de una larga huella de goma en el asfalto. Encontrar el tacto adecuado para optimizar la aceleración desde parado es cuestión de práctica, aunque lo mejor es recurrir al Launch Control para lograr una efectividad máxima y batir a su contrincante sin miramientos.

El japonés carece de esta función Launch Control pero tampoco parece echarla en falta. El RC F saca partido a la entrega lineal y progresiva de la potencia proporcionada por su corazón atmosférico para ganar velocidad desde parado, mientras nuestra espalda se hunde en el respaldo del asiento de tipo backet. La distancia que saca en esos primeros metros se va difuminando a medida que ambos coches ganan velocidad. El M4 saca músculo.

Atacando las curvas, el Lexus muestra un claro subviraje y nos maravilla porque su carrocería apenas balancea. Uno podría pensar que se debe a que Lexus ha optado por una configuración muy rígida, pero en realidad tiene un tarado que ofrece un sensacional compromiso entre estabilidad y confort. El BMW presenta una suspensión firme en todo momento y un comportamiento neutro que da mucha confianza, incluso cuando la zaga se insinúa a las salidas de las curvas.

Para ganar en agilidad, ambos recurren a un diferencial trasero activo gestionado electrónicamente con el nombre de Torque Vectoring Differential -TVD- para el Lexus y Diferencial Active M para el BMW. Los dos sistemas funcionan con el mismo objetivo de repartir el par entre las dos ruedas traseras para mejorar la tracción.

La electrónica también se encarga de mantener todo en su sitio. El M4 ve cortada su respuesta si llevamos los sistemas de seguridad activados, muy intrusivos para conducción en circuito, pero puede ser muy delicado ir con ellos desactivados. El punto medio es el modo MDM-M Dynamic Mode- en el que los controles de estabilidad y tracción son más permisivos e intervienen sólo cuando las cosas se desmadran. En el caso del RC F los sistemas de ayuda actúan de manera menos evidente.

El BMW es más radical, el Lexus más polivalente

El modelo alemán nos permite optar entre un cambio manual o uno automático. De toda la vida ha sido más lógico asociar un deportivo a una caja manual por sus sensaciones, efectividad y diversión. Pero algo está cambiando en los últimos tiempos y las transmisiones automáticas ya no son un elemento que lastra prestaciones y consumos.

El cambio automático DKG de doble embrague M con siete velocidades es todo un acierto y merece la pena desembolsar los 3.250 euros que cuesta porque hace que el modelo alemán sea un coche más rápido, más eficaz y más eficiente. En definitiva, el DKG hace del M4 un coche mejor. El comportamiento de esta caja es sublime y quien quiera jugar siempre puede recurrir a las levas tras el volante.

Por su parte, Lexus ha apostado por una transmisión automática de convertidor hidráulico de par y ocho marchas. El cambio del RC F es extremadamente suave y para tener un embrague simple es muy rápido, de los mejores, pero no llega al nivel de sofisticación del BMW notándose esta desventaja, sobre todo, en las reducciones.

El campo de batalla de este enfrentamiento fue el circuito Kotarr

El cambio juega un papel importante en el japonés porque este V8 atmosférico necesita estar por encima de las 4.500 rpm para dar lo mejor de sí. El alemán hace valer el doble turbo de su motor de seis cilindros para procurar una respuesta inmediata casi a cualquier régimen, una potencia que se siente, que en todo momento parece estar ahí. El M4 te provoca, te incita, te susurra al oído ‘písale más ¡más!’.

El M4 Coupé es capaz de tomar las curvas a un ritmo endiablado y devorar las rectas en apenas un instante. Es un misil imparable, un deportivo que se encuentra como pez en el agua en cualquier circuito. El RC F es igual de divertido pero menos efectivo al verse penalizado por un peso notablemente mayor, unos 150 kg -según versión y equipamiento-.

A pesar de ese exceso de peso, los frenos del RC F firmados por Brembo sorprenden por su mordiente y por su resistencia al trabajo duro. Aún así, el M4 tiene ventaja con unos frenos carbocerámicos que aguantan todo lo que les echen. Infatigables, precisos y contundentes, las pinzas doradas con el logo M permiten apurar la frenada hasta límites insospechados. Hay que tener en cuenta que estos frenos cerámicos de carbono M forman parte del equipamiento opcional y es un extra muy costoso.

¿Cuál es el mejor?

Lexus deja de lado su fama en la fabricación de coches híbridos para hacer frente al desafío de plantarle cara a BMW M. Los japoneses han escrito sus propias reglas del juego, con un enfoque alejado de la tendencia actual en Europa impuesta, en parte, por las normativas y por el precio de los carburantes. Su apuesta es un deportivo rebosante de tecnología pero realizado a la vieja usanza con un rotundo motor V8 atmosférico y un cambio automático de concepción tradicional.

Si tuviéramos que valorar exclusivamente las capacidades en circuito, el BMW M4 Coupé sería el claro ganador de la comparativa. Los dos modelos son muy divertidos pero las prestaciones del RC F son inferiores en términos absolutos a las del implacable M4, que es más salvaje en todo momento, tiene un paso por curva frenético y es el más efectivo en circuito. El alemán no se anda con medias tintas y te recuerda en todo momento que una fiera frenética se agazapa bajo el capó, dispuesta a atacar en cualquier momento.

En la vida real, en el día a día, fuera de los circuitos, la elección se antoja mucho más complicada. El RC F es todo un Gran Turismo, un coupé deportivo con elevadas prestaciones y gran refinamiento que puede sacarnos una sonrisa en un circuito y brindar una gran comodidad en viajes largos. Lexus está en el buen camino para poner en jaque al que posiblemente sea el mejor deportivo de la categoría pero hay cosas que pulir. Definitivamente el deportivo japonés necesita una dieta. Y un cambio de doble embrague tampoco le vendría mal.

El Lexus RC F hace gala de una personalidad única en su categoría, no sólo por su planteamiento sino también por su diseño, refinamiento, suavidad y exclusividad. Cronómetro en mano no es tan rápido como el M4 pero para muchos eso no será determinante: lo fundamental es que es muy rápido y muy divertido. Cada vez que te bajas del coche sólo estás pensado en volver a subirte en él.

Pero quien opta por las versiones más exigentes del RC y el Serie 4 lo hace en busca de las máximas prestaciones. Por eso, la balanza se inclina por el más contundente de los dos y ése es el BMW M4 Coupé. Al fin y al cabo, el M4 es el heredero de una de las sagas automovilísticas más reconocidas del mundo, nacida con el excepcional M3 E30. El fabricante alemán atesora 30 años de experiencia para perfeccionar un concepto, el de cómo se entiende la deportividad en la casa bávara. La balanza se inclina debido al peso de la experiencia.

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