Nos vamos de Barcelona a París en un Citroën 2CV de 1977: más de 2.000 km para conocer a su heredero eléctrico

¡Nos vamos de aventura! Con motivo de la presentación del nuevo Citroën 2CV Concept en el Salón de París, hemos ido de Barcelona a la capital francesa con el modelo clásico en un viaje de 2.000 km.

Dos hombres apoyados en un Citroën 2CV naranja.
El protagonista de esta aventura es un Citroën 2CV 6 CT completamente restaurado de chapa y mecánica.

Publicado: 30/10/2026 11:48

19 min. lectura

La primera vez que monté en un Citroën 2CV tenía 20 años. Era 2016 y coincidió con mi primer viaje a París para asistir a su centenario Salón del Automóvil, una de las citas europeas más destacadas del calendario para los aficionados al mundo del motor. En aquella ocasión acudí como visitante, sin saber que una década más tarde volvería como periodista. ¡Las vueltas que da la vida!

El 2CV siempre había sido uno de mis clásicos fetiche; sin embargo, aquel viaje selló mi amor por el modelo. En aquella ocasión apenas estuve un fin de semana en la capital francesa, y puesto que pasé todo el sábado en el Salón, solo me quedó el domingo para visitarla. ¿La solución? Contratar una visita guiada con una conocida empresa que hace tours turísticos con una colorida flota de Citroën 2CV.

Aquel primer 2CV en el que subí era un Charleston amarillo y negro. El flechazo fue instantáneo: su característico e inconfundible sonido, la peculiar suspensión que parecía flotar por las calles empedradas de París, el techo de lona que retiramos para dejar pasar el sol otoñal... El coche acaparaba miradas, sonrisas y saludos entusiastas a su paso. Recorrer los lugares más destacados de la ciudad de la luz a bordo de uno de los clásicos más emblemáticos de Francia fue una experiencia que jamás olvidaré.

Devolviendo la vida a un Citroën 2CV

Un lustro después, pude cumplir el sueño de tener mi propio 2CV. Se trataba de un ejemplar blanco de 1977, un 2CV 6 CT que llevaba muchos años parado (su última ITV era de 2005). Aunque pasó gran parte de su vida en Jerez de la Frontera, por entonces dormía el sueño de los justos en un pueblo de Huelva.

El coche estaba en muy mal estado: algunos podridos en el piso, un chasis que había visto mejores días, y muchos daños en todo el lateral izquierdo porque, tiempo atrás, unos graciosos lo vieron aparcado en la calle y no se les ocurrió nada mejor que hacer que volcarlo.

Tras un largo proceso de restauración que conllevó la sustitución de prácticamente medio coche (por suerte, se siguen fabricando todas las piezas nuevas debido a que varias empresas se hicieron en su momento con el utillaje), un cambio de color (elegí el naranja 'Mandarine', un tono original de catálogo) y la homologación de un nuevo chasis reforzado y galvanizado, el coche volvió a la carretera en 2023.

Un Citroën 2CV blanco en muy mal estado subido a un remolque.
Cuando lo compré en 2021, mi 2CV había visto días mejores.

Desde entonces, mi 2CV me ha acompañado en numerosas aventuras (los coches están para usarse, ¿no?); sin embargo, siempre tuve clara una cosa: algún día volvería a París con él. Cuando el pasado mes de mayo Citroën anunció su intención de resucitar el modelo de cara al Salón del Automóvil de este año, no dudé ni un segundo: rápidamente le propuse a los chicos de Motor.es ir hasta allí con el modelo clásico para conocer a su descendiente.

El punto de partida sería Barcelona, por lo que estamos hablando de un viaje de algo más de 1.000 km (a los que habría que sumar otros tantos de vuelta) dividido en tres etapas (Barcelona-Carcasona, Carcasona-Limoges y Limoges-París).

Por suerte, no tuve que enfrentarme a este desafío solo, ya que tuve como compañero de expedición al gran Agustín «Gustingorriz», al que seguramente la mayoría conozcáis por su canal de YouTube o por sus colaboraciones en redes sociales con Motor.es.

Un Citroën 2CV naranja junto a un antiguo colegio francés.
El Citroën 2CV sigue siendo un símbolo para los franceses.

Primera y segunda etapa

Nuestro viaje comenzó el pasado 9 de octubre en Sitges. Las semanas previas, el coche recibió una completa puesta a punto en un taller especializado; sin embargo, los coches antiguos son impredecibles, y el día antes de salir comenzó a fallar el bombín de arranque: la llave no entraba, cuando lo hacía se quedaba enganchada...

Afortunadamente, los Citroën bicilíndricos tienen una de las comunidades de aficionados más fuertes y cohesionadas del mundillo de los coches clásicos, y a través de un grupo de WhatsApp me consiguieron en tiempo récord un nuevo clausor. ¡A primera hora de la mañana siguiente ya lo tenía en casa! Desde aquí quiero dar las gracias a Xus Carmona, sin cuya ayuda nuestro periplo podría haber terminado antes incluso de empezar. Ya lo decía la publicidad del Citroën Dyane: estos coches son para gente encantadora.

Puesto que no teníamos una radial para quitar el bombín viejo, terminamos instalando el nuevo encima, así que durante todo el viaje el 2CV tuvo dos clausores cual Rolls-Royce. Entre unas cosas y otras, terminamos saliendo después de comer. Por delante nos quedaban casi 400 km hasta Carcasona, los cuales realizamos íntegramente por autovía debido a la falta de tiempo.

El clausor de un Citroën 2CV.
El nuevo clausor tuvo que montarse directamente sobre el antiguo.

Viento, lluvia y un consumo sorprendentemente ajustado

El Citroën 2CV se siente como pez en el agua circulando por sinuosas carreteras secundarias, por lo que la autovía no es precisamente su hábitat natural. Estamos hablando de un vehículo cuyo diseño data de 1948 y con unas prestaciones que, siendo generosos, solo pueden calificarse como discretas (mi unidad equipa un diminuto motor bicilíndrico de 602 centímetros cúbicos refrigerado por aire que no llega a los 30 CV).

Si queréis saber más sobre la historia y evolución del Citroën 2CV, desde su concepción hasta el final de su producción en 1990, os recomiendo que os paséis por este artículo que le dediqué hace unos años por su 75º aniversario.

Gran parte del recorrido fue de noche, cuesta arriba, con un fuerte viento de frente y camiones adelantándonos en las subidas (los 2CV llanean muy bien y se embalan cuesta abajo, pero los ascensos se les atragantan). Agustín pudo comprobar de primera mano que, a pesar de que la suspensión es muy cómoda, se trata de un coche ruidoso, que mete mucho calor en el habitáculo incluso con la calefacción cerrada (lo que combinado con el aire frío que entra por las puertas crea un microclima al que hay que acostumbrarse) y con el que hay que ir a ritmo tranquilo. Circulamos en todo momento a 90-100 km/h de marcador, aunque en algunas cuestas se quedaba a 80 km/h.

Dos hombres junto a un Citroën 2CV naranja; el de la derecha sostiene el tirador de la puerta, que se ha caído.
El tirador de la puerta del conductor decidió soltarse antes incluso de llegar a Francia.

En una de las paradas que realizamos, el tirador de la puerta del conductor se cayó debido a que se había aflojado el tornillo que lo sostenía (el cual terminé encontrando unos días más tarde bajo el asiento). Dado que la puerta seguía cerrando, pudimos continuar sin mayores contratiempos. Tras 362 km, llegamos a Carcasona agotados; eso sí, el consumo fue muy ajustado dadas las condiciones de conducción: 6,4 litros/100 km. Spoiler: fue el día en el que más consumió el coche.

La segunda jornada apuntaba a ser más tranquila que la primera... pero también terminó complicándose debido a la lluvia. Tras rellenar el aceite (cosa que no hubo que volver a hacer los días restantes) y repostar, partimos hacia Limoges, nuevamente por autopista. El coche no pisó secundaria hasta el viaje de vuelta, que nos tomamos con mucha más calma.

Una vez pasado Toulouse comenzó a diluviar, lo que nos obligó a reducir la velocidad y a ir con más precaución: los limpiaparabrisas no son especialmente rápidos ni eficaces, y los frenos están lógicamente a años luz de los de un coche moderno (aquí no hay servo, ABS ni otras sofisticaciones que por suerte hace décadas que se estandarizaron); de hecho, hay que tirar mucho del freno motor. La iluminación, eso sí, es notable para un coche de los años 70 (producto de haber cambiado las parábolas y sustituido el foco europeo por unas luces halógenas). En esta etapa, el consumo bajó a 6,2 litros/100 km.

Citroën 2CV naranja con el portón del maletero abierto.
A lo largo del viaje, el consumo se fue estabilizando en torno a los 6 litros/100 km.

Tercera etapa y Salón de París

La última etapa fue también la más larga; por suerte, la climatología por primera vez acompañó e hizo buen tiempo durante toda la jornada. Además, gran parte del recorrido fue cuesta abajo, motivo por el que fuimos durante muchos tramos a 100-110 km/h. En las paradas para comer o repostar que realizamos, la gente se acercaba al coche, le hacían fotos y en algunos casos incluso nos contaban que habían visto en la tele que Citroën iba a lanzar un nuevo 2CV eléctrico. Está claro que sigue tratándose de un icono para los franceses.

La llegada a París fue exactamente como esperábamos: con un atasco kilométrico a pesar de ser domingo. Aunque la ciudad tiene una enorme zona de bajas emisiones, los fines de semana no funciona, por lo que pudimos finalizar nuestro viaje bajo la mismísima Torre Eiffel, donde aprovechamos para hacer una breve sesión de fotos. El consumo fue todavía más bajo que en las dos etapas anteriores con apenas 6 litros/100 km.

Al día siguiente, el coche tuvo que quedarse en el parking del hotel debido precisamente a la zona de bajas emisiones, que está activa hasta las 8 de la tarde, motivo por el que fuimos andando al Salón del Automóvil. Allí pudimos conocer en persona al Citroën 2CV Concept, que se había presentado oficialmente la noche anterior en un evento del grupo Stellantis al que acudió nuestro compañero Fran Valle.

Un Citroën 2CV naranja a los pies de la Torre Eiffel.
Hacer fotos frente a la Torre Eiffel terminó resultando un poco complicado por el tráfico y los turistas.

El prototipo fue el gran protagonista del Salón; de hecho, era muy complicado acercarse para grabar debido a la muchedumbre que lo rodeaba, por lo que tuvimos que esperar varias horas para que se despejara un poco. Además, Citroën sorprendió a propios y extraños con un segundo show car: el 2CV Fourgonnette Concept, una simpática versión furgoneta que, por lo que nos adelantaron los responsables de la marca, también llegará a producción.

Según Citroën, el diseño del 2CV Concept, que reinterpreta sin complejos las peculiares líneas del clásico, se corresponde en un 90% con el del modelo definitivo. Aunque se ha suprimido el carenado de la rueda trasera, se mantienen otros rasgos como los faros sin integrar en la carrocería, las voluptuosas aletas, el capó estriado o su característica línea lateral.

Por supuesto, es descapotable, mientras que el portón está pintado en negro para rendir homenaje a los primeros 2CV, cuya lona llegaba hasta la placa de la matrícula y cubría tanto el techo como el maletero. Tampoco podemos dejar de mencionar pequeños guiños como las llantas de chapa, los intermitentes en el pilar C (un homenaje a los modelos de los años 50 y 60) o los gráficos del sistema de infoentretenimiento realizados por un artista de cómics belga.

El Citroën 2CV Concept en el Salón de París.
El 2CV Concept fue el gran protagonista del Salón del Automóvil de París 2026.

El regreso más esperado del año

El nuevo 2CV será 100% eléctrico y se fabricará en la planta de Stellantis en Pomigliano d'Arco (Nápoles, Italia) a partir de 2028. Con un precio objetivo de unos 15.000 euros antes de ayudas, está llamado a convertirse en uno de los coches eléctricos más asequibles del mercado europeo. El concept mide 3,76 metros de longitud; por otro lado, el modelo definitivo rondará los 1.000 kg de peso (por comparar, mi 2CV pesa 600 kg).

En definitiva, nos encontramos ante una propuesta muy ambiciosa que busca revivir la fórmula que hizo del 2CV original un éxito: mientras que aquel se creó con el objetivo de motorizar a la Francia rural de posguerra, su descendiente tratará de hacer más accesible la movilidad eléctrica entre el público europeo. La forma de lograrlo será la misma: a través de un vehículo sencillo, económico y muy inteligente.

El Salón de París nos guardaba además otra sorpresa: el famoso publicista Jacques Séguéla, conocido por su trabajo en Citroën, se reencontró con el 2CV AZLP PO con el que dio la vuelta al mundo en 1958 y 1959, aventura que quedó plasmada en un libro («La vuelta al mundo en un 2CV»). El vehículo se conserva tal cual quedó tras la hazaña, y el anciano de 92 años no pudo evitar emocionarse e incluso dar un beso a la vieja carrocería.

Varias personas escuchan hablar al anciano publicista Jacques Séguéla junto a un Citroën 2CV gris y blanco.
El reencuentro entre Jacques Séguéla y el 2CV con el que dio la vuelta al mundo fue un momento especialmente emotivo.

La noche del lunes tuvimos que dormir a las afueras de París para evitar que al día siguiente nos multaran por circular por la zona de bajas emisiones. Volvimos a dividir el viaje de vuelta en tres etapas, con exactamente las mismas paradas que a la ida; eso sí, añadimos algunos tramos de nacional para que Agustín pudiera disfrutar del coche en su elemento. Llegamos a Barcelona el día 15 de octubre tras haber cubierto un total de 2.376 km. El coche consumió 144 litros de gasolina, lo que equivale a una media de 6,06 litros/100 km.

¿Con qué me quedo de este viaje? Más allá de que haber tenido la oportunidad de regresar a París con mi propio 2CV ha sido una experiencia con un significado muy especial, me llevo la sensación de haber asistido al nacimiento de algo grande. El Citroën 2CV está de regreso, y llega dispuesto a volver a poner patas arriba el sector. No os voy a mentir: tengo muchas ganas de conocer el modelo definitivo, que verá la luz coincidiendo con el 80º aniversario de su entrañable antecesor. En un momento en el que los coches sin personalidad, grandes y caros se han convertido en la norma, este renacimiento es digno de celebrar.

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