Tras un viaje de más de 2000 Km en un Citroën 2 CV, ya sé lo que es conducir un clásico
¿Estamos romantizando en exceso el vehículo clásico o es cierto que tiene un encanto incuestionable? Un viaje de ida y vuelta a París despeja todas mis dudas.

Cuando me propusieron acudir al Salón del Paris para la presentación del concept del Citroën 2 CV utilizando una unidad recién restaurada de 1977 del mítico paraguas francés, recuerdo en primer lugar decir un "sí" instintivo y por último, pensar fríamente las consecuencias: ¿pero no son muchos kilómetros? ¿pero ese coche está para esos trotes? ¿pero el 2 CV es capaz de superar los 60 km/h?
Lo admito: yo soy fan de los coches clásicos por su historia, por su técnica, su ingeniería y por la cantidad de historias que giran alrededor de ellos. Pero una cosa es un aprecio desde la distancia y otra convertirlas en tu única opción para un viaje a otro país. Que sí, que muchos me comentaban así viajábamos con 3 niños y la suegra. Pero, afortunadamente, los tiempos han avanzado y el mínimo de un automóvil a día de hoy está bien lejos del "mínimo" de 1948, año de nacimiento del Citroën que protagoniza esta aventura.

Nuestra unidad: el flamante 2CV6 "C" de 1977 de Alber Callejo
En realidad todo el plan fue idea del compañero y redactor Alber Callejo, con el que coincidí un par de veces en eventos, y ya fueron suficientes para que hubiera química. Lo más curioso es que a nivel de gustos del automóvil, estamos en las antípodas: él es un periodista convencido de la electrificación pero que disfruta mucho de los clásicos populares...y yo soy más bien un petrolhead (o petrocuñado) más escéptico -que no detractor- respecto a los EV. Adoro el motor clásico, pero me seducen más en el contexto de la competición o la deportividad. Creo que ese contraste ha hecho esta historia mucho más enriquecedora.
Su unidad poseía un motor de 602 centímetros cúbicos capaz de entregar 29 CV, y había sido reconstruido recientemente. Sin ir más lejos, una semana antes le había terminado el rodaje, y ya estaba listo para devorar kilómetros de nuevo. Además contaba con unos asientos más mullidos (¡de ahí la C de Confort!) y un extra de insonorización en puertas y marcos cuya inutilidad comentaré más adelante.
Si quieres nos movemos por Sitges y te vas haciendo al coche me dijo Alber el día de antes de partir, y así lo hicimos. En un aparcamiento apartado me explicó los conceptos básicos, donde me advirtió que un 2 CV es un coche peculiar en su conducción: por su famosísima suspensión que afecta a la dirección y, por supuesto, por su cambio de marchas ubicado en el salpicadero.
Un botón para los limpias, un mando para las luces y el cláxon, otro para al altura de faros, intermitentes que no vuelven con el giro del volante monobrazo, un botón para las luces de emergencia, otro para los lavaparabrisas y otro para activar el testigo de nivel de líquido de frenos. Estamos listos.
Prueba de conducción, 50 años tarde
De primeras avancé con mucha cautela por el respeto que me producía llevar un coche que no es mío, más sabiendo todo el trabajo de restauración que llevaba a las espaldas. Algún rascón en primera -que no está sincronizada- y algún tirón por querer salir con prisas, pero a los 15 minutos ya lo estaba conduciendo con suficiente confianza como para lanzarme al tráfico.
En ciudad, su conducción me pareció muy entretenida. Su motor tiene un sonido inconfundible (el coche insiste en que lo escuches), y aunque no maneja una cifras impactantes, sí me parece destacable lo elástico que resulta el bóxer de 2 cilindros: empuja lo mismo desde abajo hasta más de la mitad del rango, y arriba solo produce ruido. Este ajuste tiene toda la lógica del mundo, puesto que fue concebido como un coche de trabajo, para moverse por terrenos difíciles y ofrecer movilidad en zonas remotas. A poca velocidad y con tráfico se mueve alegre y solvente.
La caja de cambios tiene un escalonado enorme, y al no tener cuentarrevoluciones, cada cambio es una apuesta a oído; "¿Si cambio ya lo ahogaré? ¿Reduzco ya o es muy pronto?". El mayor salto es de tercera a cuarta, donde debes cambiar bien arriba para que el nuevo engrane deje al propulsor a mitad del rango y no más abajo. El mecanismo de la palanca primero asusta, pero después resulta muy natural; adelante y atrás con juego de muñeca para girar el pomo. Salvo primera, que se debe introducir con el coche casi parado, el resto entraba con facilidad y sin atascos.
Los pedales eran un mundo aparte: el embrague tenía un recorrido muy corto, el freno no contaba con servoasistencia y tenía que anticipar mucho la pisada. Luego estaba el acelerador cuyo tacto, al ser de cable, me encantó. No por nada terminé de últimas haciendo punta-tacón para suavizar reducciones, y si administrabas bien la presión al freno, resultaba hasta cómodo.
«Tumba, pero no vuelca»
La dirección funciona al revés de lo que dicta la lógica, firma de la Citroën que tanto añoramos, y va muy relacionada con el eslógan "tumba pero no vuelca". Al comenzar al giro encuentras una resistencia que implica usar los dos brazos para hacer trabajar a ese volante monobrazo, cuyo diámetro es propio de una furgoneta. Con el coche en movimiento, este esfuerzo se reduce. Hasta aquí todo normal.
Lo divertido empieza cuando ganas velocidad: cualquier coche pierde capacidad de giro cuando más rápido avanzas. En el 2 CV esa capacidad no se pierde, si no que aumenta cuando comienza a inclinarse. ¿El motivo? la suma del balanceo y la propia suspensión tan blanda hace que se modifique la caída de la rueda, potenciando aún más el giro. Solo los neumáticos chirriando te indican que no vas a poder girar tanto como quiere el coche, pero la primera reacción es mucho más rápida que en otro coche, y esto puede llevar a algún susto respecto a su "inesperada" maniobrabilidad.
Y la suspensión es tan sorprendente como la cuentan, y todavía hay que aclarar que nuestra unidad era algo más "civilizada" que los primeros modelos, puesto que no utiliza batidores de inercia y por tanto, resultaba más estable. No he visto nunca una mejor solución contra los badenes y los baches, eso sí, a la espera de probar una hidroneumática (ojalá). La suspensión del 2 CV es su mayor virtud y esto nos beneficiaría durante el viaje.

La parte más bonita: ciudad en un coche clásico
Aparte de la sensación de llevar una máquina tan sencilla, directa y dependiente de tí, se añade otro extra con el que yo no contaba: es un coche que provoca sonrisas. Otros conductores te saludan, los peatones se giran, te hacen fotos estando aparcado, los niños sonríen al ver un paraguas naranja y pareces llevar una señal del "ceda el paso" encima, porque todo el mundo te trata con paciencia al llevar a un anciano venerable.
Por supuesto hay gente con prisas que no permite retrasos al salir de un semáforo, quienes te adelantan porque si vas en un 2 CV, es que vas lento -aún circulando a la velocidad máxima permitida-, pero la sensación general es muy enriquecedora.
"¡Yo tuve uno como este!" es la frase más habitual cuando alguien peinando canas se nos acercaba. Es un coche que despierta mucha curiosidad, causa simpatía, y viéndolo aparcado al lado de muchos coches actuales que no resaltan ni en diseño ni en colores, se entienden fácilmente los motivos.
La parte menos bonita: autopista en un coche clásico
Claro, un Citroën 2 CV para moverse por ciudad o para un trayecto corto es encantador, pero nosotros lo utilizamos para un largo viaje por carretera y ahí la cosa cambia mucho.
Por supuesto tenía algunas reservas: falta de potencia, ruido, posibles mareos debido a la suspensión...y me alegra decir que algunos resultaron más "mito" que otra cosa. Lamentablemente viajamos por autopista principalmente, y desde luego el 2 CV nos penalizó por no estar en su elemento.
Para empezar la velocidad era la esperada: crucero entre 90 y 100 Km/h -posibilidad de 110 forzando un pelín- en plano, con subidas en las que debías jugar con las marchas para evitar bajar de los 70 Km/h. Básicamente nos estábamos peleando con los camiones (que también nos saludaban) y no podíamos salir del carril derecho. Todos los pensamientos de "este coche no está pensado para esto" tenían su razón de ser.

Viajar en un 2 CV es una experiencia no tan dura como cuentan, pero no para todos los días
Su aislamiento sonoro es lo que esperaba, pero el motor no es el único culpable: el ruido aerodinámico a velocidades altas todavía lo superaba y podías escuchar cómo el aire golpeaba la carrocería. La situación se volvía peliaguda en zonas con fuertes rachas de viento lateral, donde incluso era necesario girar el volante para contrarrestar (menos de 600 Kg es lo que tienen...). Para hablar había que elevar bastante la voz y tras apagar el motor, el silencio acompañaba a un pitido en los oídos.
Y ahora el factor clave que me costó un constipado: es un coche que tiene ventilación y calefacción a la vez, quieras o no. En el salpicadero dispones de una rejilla que permite entrar aire del exterior y enfriar el interior, y otra palanca (estaba atascada) para dirigirlo arriba o de frente. Sumado al rudimentario sistema, al cerrar por completo esta rejilla no había estanqueidad y siempre acababa entrando una pequeña corriente. En los pies notabas el calor de la caja de cambios y el escape a través del piso; frío arriba y calor abajo. Destemplanza garantizada.
"¡Y seguro era muy incómodo!". Pues no, precisamente aquí salí muy sorprendido. Cierto es que la unidad de Alber tenía asientos acolchados con gomaespuma y eso se notaba. Sí hubiese echado en falta un reposa-cabezas mejor ubicado -demos gracias por contar con uno-, pero todas las molestias tras una larga sesión de viaje fueron por el propio entumecimiento de ir sentados. No había malas posturas ni partes que se claven en el cuerpo.
La gran pregunta, ¿...Repetiría?
Sí, pero desde luego no del mismo modo. Viajar en autopista con un 2 CV es una tortura y tanto el coche como sus ocupantes están fuera de lugar. En cambio, como a la vuelta nos sobró algo de tiempo al fin pudimos serpentear por las sinuosas carreteras comarcales francesas y sí comenzamos a disfrutar mucho más del coche; paradas en pueblos para estirar piernas, en áreas de servicio, tráfico de todo tipo y unos paisajes preciosos.
Lo cierto es que el coche nos llevó y nos trajo sin rechistar. Aunque hubo momentos de hartazgo, risas también tuvimos muchas. A nivel personal, disfruté mucho de experimentar un coche mínimo (¡pero mínimo de verdad!) y saber de dónde venimos.
Siempre es muy bonito romantizar el automóvil clásico como se hace en redes para ganar Likes y provocar esa nostalgia por lo sencillo, pero la realidad es que hemos mejorado enormemente en confort, seguridad y prestaciones. Por supuesto todo antes era más simple y económico, y más en el mundo del automóvil, pero igual de correcto es afirmar que los estándares han subido, y yo agradezco disponer de vehículos con tecnologías que convierten los viajes en algo cómodo, predecible y apacible...aunque para irme de curvas sé que me lo pasaría mejor con el paraguas.
