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Prueba BMW 420d Gran Coupé, cuando el estilo marca el paso

Las berlinas han cedido su puesto a los más modernos SUV. Sin embargo todavía tienen mucha vida ante ellos, y los fabricantes siguen apostando por ellas. Como es el caso del coche que ocupa esta prueba, el BMW 420 Gran Coupé.

No cuesta mucho reconocer a un Serie 4 Gran Coupé, aunque hay que tener el ojo entrenado

En poco tiempo el segmento de las berlinas tradicionales ha sufrido la embestida de los SUV, perdiendo por ello una gran cantidad de ventas. Es por ello que las marcas se han visto obligadas a desarrollar nuevos conceptos de venta para hacer a éstas más atractivas de cara a los potenciales clientes. Las berlinas con estilo coupé no son nada nuevo ni reciente, pero sí que han proliferado más en los últimos años. La prueba de hoy es de uno de los mejores representantes del segmento, del BMW 420d Gran Coupé.

En 2013 BMW decidió que era hora de seccionar su gama de una forma más racional, y es por ello que dio vida a la familia del BMW Serie 4, que antiguamente estaba enclaustrada en la más tradicional Serie 3. A diferencia de ésta última, la nueva serie tenía como principal atractivo el estilo coupé de todos sus modelos. Un punto deportivo extra más allá del tradicional diseño de berlina, aunque también encontramos coupés puros y cabrios.

Así que con la aparición de la Serie 4 surgieron nuevos modelos en la casa, principalmente el que hoy nos ocupa, el Gran Coupé que es el más familiar de todos los que conforman la gama. La principal diferencia con sus hermanos es la adición de dos puertas traseras y un enorme portón de maletero. Del morro al pilar B es el mismo coche, salvo que en este caso se ha estirado la línea para hacerlo más funcional para así poder albergar más ocupantes y más maletas.

Y la verdad es que su estilo gusta, y así lo dejan claro las buenas ventas que está cosechando desde su aparición. En la lista de rivales hay pocos modelos actuales, destacar uno de ellos; el Audi A5 Sportback que recientemente ha sufrido una importante actualización. Ambos copan con casi la totalidad de las ventas, las primeras posiciones en el ranking de berlinas coupés del segmento C. Mercedes no cuenta con un modelo semejante, y el más cercano es el Mercedes CLA.

Del morro al pilar B estamos ante un Serie 3, a partir de ahí la cosa cambia

Si tomamos las medidas como referencia, un Serie 4 es cinco milímetros más largo que un BMW Serie 3, 14 milímetros más ancho, y 36 milímetros más bajo que éste. Es decir que salvo por la altura son prácticamente iguales. De hecho ambos comparten muchos elementos de desarrollo, como parte del chasis, mecánicas, tecnología... Esto hace que en cuanto a volumen de maletero ambos ofrezcan el mismo dato, 480 litros. Eso sí, la caída del techo hace que se disponga de un menor espacio en las plazas traseras, sobre todo para la cabeza.

Y es que el estilo deportivo, la línea coupé, obliga a eso, a reducir la altura libre con respecto al techo en las plazas traseras. La pérdida es sustancial, y de hecho personas de altura importante, por encima del 1.90, tendrán serias dificultades en acomodarse detrás. Delante no hay ningún problema, porque como ya os he dicho, hasta el pilar B es un Serie 3, tanto por fuera como por dentro.

A principios de este mismo año BMW actualizó ligeramente la familia del Serie 4. Las novedades introducidas resultaron mínimas de cara al estilo, salvo por los faros delanteros y por algún que otro detalle más. Por dentro pasó tres cuartas partes de lo mismo. El facelift se basaba principalmente en una mejora de sistemas y equipamiento tecnológico, como por ejemplo el equipo de conectividad. Un cambio obligado ante la aparición de una nueva generación del A5, su rival más directo.

Al habitáculo presenta una composición repetida y conocida, con calidad y buenos acabados

Gracias a este trabajo el Serie 4 ha empezado a disfrutar tecnología que en su momento también fue introducida en la Serie 3, y que ha sido extraída a su vez de modelos de gama más alta. El despliegue tecnológico es importante, principalmente en el apartado de seguridad, donde una colección de asistentes se agolpan para salvaguardar a los ocupantes. Cámaras de 360º, aviso de cambio de carril, control de crucero adaptativo, faros con tecnología Adaptative LED, o Head-Up Display entre otros muchos elementos.

El sistema de conectividad e infoentretenimiento también se ha renovado, actualizándose a la última versión del mismo, que en su día estreno el todopoderoso BMW Serie 7. A diferencia de éste no dispone de control gestual, pero seguro que para la nueva generación la marca alemana lo introducirá como una de las principales novedades. Con el actual cabe destacar la facilidad de uso. Un sistema muy intuitivo y completo que centra la mayoría de sus funcionalidades en una pantalla, de hasta 8,8 pulgadas, ubicada en la parte superior del salpicadero.

La diferencia de precio entre el Serie 3 y el Serie 4 es notable. El primero arranca en los 34.300 euros, el segundo lo hace a partir de los 41.650 euros

Donde BMW no deja lugar a la especulación es en el tema calidades. Audi se ha posicionado como el referente del segmento en este tema, y BMW le sigue la estela no muy lejos. Bien es cierto que como en la inmensa mayoría de coches de la actualidad nos encontramos con cierta cantidad de plásticos, pero todos estos dan buena sensación al tacto, y su montaje es el esperado, sin holguras, por lo que la sensación de durabilidad es alta. Bien es cierto que hay cosas a mejorar, como el aspecto del cuero Dakota, montado en la unidad de pruebas, y el ajuste de la franja azul que recorre todo el frontal del salpicadero. Por lo demás, calidad elevada como tiene que ser.

La calidad no solo reside en los materiales empleados, sino también en cómo se viaja a bordo del Serie 4. En términos de habitabilidad ya ha quedado claro que la pérdida de altura ocasional que las plazas traseras sean más justas de lo preferido. Aun así cuatro ocupantes viajarán de forma cómoda, un quinto ya irá más estrecho en la plaza central. Es preferible usar ésta únicamente para desplazamientos cortos, pues en un viaje largo no quiero imaginarme cómo puede acabar dicho ocupante.

Túnel de transmisión elevado y banqueta estrecha. La quinta plaza es para un uso ocasional y corto

Si saltamos al apartado mecánico, con la actualización de la Serie 4 BMW ha aprovechado la ocasión para limar los motores que ya conocíamos. Ninguno cambia, pero se han mejorado, principalmente, elementos para mejorar las emisiones y los consumos. Las potencias arracan en los 150 caballos del 418d, pudiendo llegar a un máximo de 326 para el bloque más novedoso de todos, el 440i. BMW ha decidido que este sea el tope de gama, pues el Gran Coupé nunca irá asociado a la familia M, dejando tal honor al coupé y al cabrio. 

En cuanto a transmisiones y tracciones, la gama básica la encontraremos asociada a un cambio manual de seis velocidades, pero en todos los casos será posible incorporar un cambio automático de ocho velocidades, u otro de mismo número de relaciones pero con tacto deportivo. El eje trasero será el encargado de recibir toda esa potencia, aunque salvo las versiones de acceso, todas podrán asociarse a la tracción total de BMW denominada xDrive.

Para esta prueba seleccionamos la variante que a priori copará el mayor número de ventas en nuestro país. Me refiero al bloque 420d con cambio automático de ocho velocidades y tracción simple al eje trasero. A esto hay que sumar el paquete M Sport, así como un gran número de elementos opcionales. Esto hace que aunque el precio de salida del BMW Serie 4 Gran Coupé sea de 41.650 euros, la unidad probada tenía un presupuesto de configurador de más de 65.000 euros.

El maletero oscila su volumen entre los 480 y los 1.300 litros si abatimos la segunda fila en una proporción 60:40

Prueba BMW 420d Gran Coupé

Más arriba he dicho que los Serie 3 y los Serie 4 comparten gran parte de componentes. De hecho el desarrollo de ambas actualizaciones fue llevado a la par, aunque no por eso quiere decir que ambos sean iguales. No lo son porque el cliente habitual no es el mismo en ambos casos. El comprador del Serie 4 busca un toque más deportivo, no solo en el aspecto si no también en la conducción. Es por eso que el ajuste de ciertos elementos dinámicos sea particular para el caso que nos ocupa.

BMW siempre ha destacado por su especial puesta a punto. Con un marcado carácter deportivo. Bien es cierto que este sigue estando presente, pero cada vez cuesta encontrarlo más en la gama media. Me explico. El 420d Gran Coupé ha sido desarrollado principalmente para comportarse como un excelente rutero. Un coche de esos en los que montarse y hacer kilómetro tras kilómetro de forma cómoda y relajada. 

En estos ambientes el 420d Gran Coupé es excelente. Aunque el motor no es especialmente refinado en cuanto a rumorosidad exterior, el aislamiento de la cabina apenas filtra ruidos molestos al interior. Si a esto le sumamos unos asientos cómodos, un cambio tranquilo, y una suspensión que tiende principalmente a pecar de blanda, nos encontramos con una berlina sensacional que conquista con su puntito extra de deportividad. 

Los modos de conducción varían mucho el comportamiento del coche

Todo el tren motriz ha sido configurado también para ello. La variante 420d muestra una potencia de salida de 190 caballos con un par motor de 400 Nm que los encontramos a unas tempranas 1.750 vueltas. Es un motor más que sobrado para un uso común. Su principal cometido es ahorrar, aunque nos deja cierta libertad a la hora de seleccionar su comportamiento. Por ello existen cuatro modos de conducción: Eco Pro, Confort, Sport y Sport +. La diferencia entre el primero y los dos últimos es más que notable, algo que no pasa entre los dos primeros modos, donde las diferencias son apenas insignificantes.

Mi recomendación es que si vamos a rodar de forma tranquila y rutinaria, seleccionemos el modo Eco Pro, pues con él conseguiremos un comportamiento digno y unos consumos ridículos. Tanto es así que no cuesta mucho rodar en datos oficiales. Bajar de los cinco litros a los 100 kilómetros resulta muy sencillo, y si el terreno es favorable y somos precavidos a la hora de acelerar, encontraremos que el ordenador de a bordo desprenderá datos más cercanos a los cuatro litros. 

Las cifras de prestaciones de este diésel son de 0 a 100 Km/h en 7,5 segundos, y velocidad punta de 240 Km/h, con un consumo mixto homologado de 4,2 litros/100 Km

Eso sí, este modo tiene una pega principal, y es el tacto del acelerador. Como era de esperar, a la hora de poner el modo más eficiente de todos, el acelerador, electrónico, varía la intensidad de su actuación. En este modo se nota como todo se vuelve más lento de reacciones, tanto que si queremos que la potencia entre de forma correcta deberemos hundir el pie en el pedal. El cambio también cambia su comportamiento, y la transición entre las marchas se hace de forma sutil, incluso se percibe un cierto deslizamiento en el embrague.

Todo esto empieza a cambiar según vamos ascendiendo en la escala de programas. Como ya he dicho en el modo confort las diferencias son apenas perceptibles, pero no así en los modos Sport y Sport +. Una vez tengamos cualquiera de estos dos seleccionados, el cuadro de instrumentos cambia a un color rojo y las esferas empiezan a olvidar los programas de eficiencia. Además se perciben cambios notables en el comportamiento del coche; acelerador, cambio, dirección, todo se tensa, y todo se vuelve más duro y reactivo.

En el programa Eco Pro el cuadro de instrumentos cambia para mostrarnos lo eficientes que somos

Es en estos modos cuando el 420d Gran Coupé empieza a comportarse como un verdadero BMW. El cambio automático estira sus marchas de forma prominente, pegando una pequeña patada en las transiciones. El volante se vuelve más duro, aunque he de reconocer que en todos los modos la información que se transmite es buena. Y por último desaparece el molesto retardo en la respuesta del acelerador. 

El motor parece empujar con más brío, y con cierta facilidad se empieza a rodar a velocidades superiores a lo legalmente establecido. Los adelantamientos se realizan de forma rápida y segura, aunque repito que hay que cambiar el modo de conducción. En un tramo de curvas también se disfruta, aunque el coche no está pensado para ello. Hacerlo lo hace, pero se le nota que empieza a sufrir, principalmente por esa suspensión blanda. Imagino que en modelos más potentes el comportamiento varía.

Sin embargo no puedo poner demasiadas pegas a este respecto. A un coche no le podemos pedir que ahorre, que sea cómodo, que corra y que sea un loco en un tramo de curvas. El 420d Gran Coupé cumple con creces en temas de ahorro y confort, algo que lastra el comportamiento más puramente dinámico. A pesar de ello salva la papeleta con cierta holgura gracias a un chasis bien afinado.

Conclusiones

La conclusión es clara, y no es otra que el BMW 420d Gran Coupé es una gran opción para aquellos que busquen una berlina familiar media con un estilo más deportivo. En su interior cabe destacar la calidad de su composición, y el amplio despliegue de tecnología y elementos de seguridad. Aunque el diseño juega a su favor, penaliza en cuanto a habitabilidad de las plazas traseras, que no en maletero, pues sus 480 litros son muy aprovechables y funcionales.

En cuanto a rendimiento y dinámica, encontramos polos opuestos. Principalmente debemos tratar al 420d Gran Coupé como un rutero. Este papel lo cumple a la perfección por su confort y por su eficiencia. Sin embargo penaliza a la hora de hablar de la dinámica más pura. Cumple, pero tampoco sobresale. No puedo tacharlo como una pega, porque hay que entender que el concepto del coche, por muy BMW que sea, no es tal. Sí que puedo decir que no me ha gustado ni la rumorosidad del motor, ni el precio de determinados elementos opcionales, que de incluirlos incrementan la factura demasiado.

BMW ha logrado crear una buena berlina, principalmente rutera aunque con un toque deportivo

Nota: 8.1

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