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Prueba Ford Mustang Ecoboost 2015 vs Mustang V8 1966: el peso de la herencia

Los años pasan, incluso para los mitos. Probamos el nuevo Ford Mustang con el motor Ecoboost de cuatro cilindros y lo enfrentamos al clásico Mustang V8 de primera generación. ¿El legendario coupé americano con carrocería fastback ha conservado su herencia?.


La primera y la última generación del Mustang, juntas

Cuando te dicen tienes que conducir un auténtico icono del automóvil a nivel mundial es imposible que se te borre la sonrisa de la cara. Por si no fuera una experiencia suficientemente excitante, si además tienes la oportunidad de enfrentarlo a su antecesor, que ya supera el medio siglo de vida, cuentas los días, las horas y los minutos con ansiedad. La prueba del Ford Mustang tenía todos los alicientes para quedar marcada en el recuerdo de por vida.

Y así fue. Al fin y al cabo el Mustang es toda una religión en Estados Unidos, un estandarte del american way of life. A lo largo de sus más de cinco décadas de existencia y siete generaciones, el deportivo de Ford ha vendido más de 9 millones de unidades en todo el mundo desde su nacimiento en 1964, siendo el icono por el que han suspirado casi todos los jóvenes norteamericanos en cuanto tenían el carnet de conducir en sus manos.

Pero no ha sido hasta la generación actual cuando se ha convertido en un modelo global exportado a 81 mercados de todo el planeta, entre ellos España. La visión integral de su comercialización ha sido una jugada redonda para la marca del óvalo ya que la actual generación es el deportivo más vendido del mundo, casi nada.


Formas musculosas con un toque nostálgico recordando al clásico

Llegó el esperado día, me presenté en la sede de Ford España y en un abrir y cerrar de ojos ya estaba al volante del coupé americano rumbo a Huelva para encontrarme con su tatarabuelo, un Mustang de primera generación. Y no uno cualquiera. Por delante tenía 600 kilómetros para ir conociendo mejor a este deportivo.

Aunque todo el mundo ansía tener el V8, llevo la versión más básica de la gama, con carrocería fastback con el novedoso motor de cuatro cilindros Ecoboost y cambio manual. Su precio es de 39.500 euros (más extras), lo que está muy bien para estar sentado en una leyenda del automóvil y tener 317 CV bajo el pie derecho. Disponer de sólo cuatro cilindros parece poco estimulante pero démosle una oportunidad.

Una inesperada decepción

Los primeros kilómetros tuve que atravesar el habitual atasco diario en las carreteras de circunvalación de Madrid. Enseguida me di cuenta de que el Mustang capta todas las miradas. Lógico, no todos los días es posible cruzarse con un mito por la calle. La expectación no solo viene causada por su nombre sino también por su flamante aspecto.


Las luces traseras tridimensionales aportan mucho carácter a la zaga

Su diseño está inspirado en el Mustang clásico, reinterpretado acorde a los gustos y modas actuales. Con sus 4,78 metros de longitud es un coupé de tamaño generoso, pero compacto desde el punto de vista americano. Su carrocería fastback intimida por su larguísimo morro y trasera corta, unas proporciones muy dinámicas acentuadas por su notable musculatura. A pesar de la base clásica, la aerodinámica ha sido muy estudiada.

El habitáculo no es una oda al lujo pero está bien rematado y en general transmite sensación de calidad salvo algunos detalles donde se abusa del plástico. Además hay mucho espacio delante aunque no ocurre lo mismo en las exiguas plazas traseras debido a su carácter 2+2. El Mustang tiene un maletero de buen tamaño con 408 litros, lo que aporta una dosis de practicidad para plantearnos cualquier viaje sin problemas.

El cuadro de instrumentos no es ninguna maravilla por diseño. Entre las grandes esferas del velocímetro y el tacómetro se sitúan una pantalla de 4,2 pulgadas que muestra la completísima información del ordenador de abordo. Temperaturas, presiones, consumo, cronómetros de todo tipo del denominado Track Apps, acelerómetro que mide las fuerzas g, … Cualquier parámetro que necesites conocer (y más) está aquí.


El interior del nuevo Mustang es más refinado que nunca

Una vez en la autovía A-5 el tráfico era mucho más fluido y veloz pero tampoco había prisa, quise tomarme las cosas con calma para ir conociéndonos poco a poco. Una de las supuestas virtudes del motor Ecoboost es la eficiencia así que me planteé este recorrido de ida como una buena oportunidad de comprobar si los consumos correspondían a esa fama. Fijé el control de velocidad a unos prudentes 110 km/h.

Pronto me impresionó la comodidad de marcha. Encontrar la posición ideal es sencillo, los asientos delanteros son muy confortables y se ajustan bien al contorno del cuerpo, el rodar es silencioso y la suspensión trata con mimo a los ocupantes. Los coches con espíritu deportivo suelen mostrar un rodar más duro pero está claro que el americano ha sido diseñado pensando en recorrer muchos kilómetros sin fatiga.

Si se quiere ir a un ritmo tranquilo el Mustang acepta su rol sin rechistar. Otros modelos deportivos de su rango de precio y potencia como el Subaru WRX STI o el Nissan 370Z te incitan a pisar el acelerador, pero el americano se muestra muy sumiso. Eso no quiere decir que sus prestaciones sean insuficientes, ni mucho menos. En autopista gana velocidad con suma facilidad y lo hace con una entrega de potencia muy progresiva. No es explosivo y quizá esa aparente falta de nervio nos muestra un comportamiento algo descafeinado.


No le asustan los viajes largos: demuestra su polivalencia con un gran confort de marcha, una buena habitabilidad y un generoso maletero

Tampoco ayuda mucho la sonoridad. O, mejor dicho, la inexistente sonoridad. El motor y el escape no suenan nada, una discreción absoluta incluso pisando el acelerador a fondo. Francamente, es algo que resulta decepcionante y, al final, básicamente es como ir en un Ford Focus ¿Un deportivo no debería rugir cuando se le exige?

Tenemos a nuestra disposición cuatro modos de conducción (Normal, Sport Plus, Track y Snow/Wet) que ajustan la respuesta del acelerador, los cambios de marcha (en los modelos de transmisión automática), el calibrado de la dirección y la actuación del control de estabilidad. Jugando con ellos es evidente que los más dinámicos suenan mejor… con truco.

Como otros muchos fabricantes, la marca del óvalo ha recurrido a un sistema de sonido activo para esta variante Ecoboost (la versión V8 no lleva esta característica). A través de los altavoces del equipo multimedia se ensalza el sonido del motor y el escape, es decir, no se trata de un sonido artificial sino una amplificación del sonido real. En cualquier caso el efecto está bastante conseguido y mejora la experiencia de conducción, aunque en el exterior el Mustang siga sin dejarse oír.


El nuevo modelo recuerda orgulloso su herencia

Una de las justificaciones del downsizing de este deportivo de cuatro cilindros es su eficiencia energética. El gasto en este recorrido fue de 8 l/100 km. Para un coche de más de 300 CV no es un consumo muy alto, pero tampoco es para presumir puesto que el escenario era muy favorable para conseguir un consumo contenido.

Un salto de medio siglo

Tras pasar por Sevilla y recoger a Fran ya estábamos llegando a nuestro destino mientras le comentaba que, siendo sincero, mi primera impresión de conducción con el nuevo Mustang me estaba resultando insípida y decepcionante. Mientras iba reflexionando en las contrariadas sensaciones que me estaba dejando el Mustang rodaba ya por la capital onubense, llegando a las puertas de Aristo Dynamics.

Allí estaban esperándome Alberto y Dany junto con Pablo, el director de esta empresa especializada en la potenciación y personalización completa de vehículos. Su pasión por el mundo del automóvil quedó patente al subir la persiana de su taller. El espectacular Ford Mustang Fastback 289 V8 de 1966, al que aún faltaban algunos detalles para su restauración completa, lucía tan espléndido que el propio Steve McQueen se sentiría orgulloso.


La primera generación del Mustang es una leyenda entre los clásicos americanos

La primera generación del Mustang fue la precursora de los pony car, denominación con la que los norteamericanos definían en aquella época a los deportivos, compactos y asequibles y que pronto tendría que enfrentarse a otros mitos como el Chevrolet Camaro, el Dodge Challenger, el Plymouth Barracuda o el Pontiac Firebird. Los años 60 fueron un frenesí para cualquier petrolhead. Y el origen de todo aquello estaba ante mí.

La unidad de color negro de primera generación marcó su territorio al girar la llave de contacto. Un furioso bramido brotó llenando el espacio del incomparable sonido de la mecánica de ocho cilindros del clásico made in USA. Música celestial. No pude evitar girarme hacia el Mustang actual, que permanecía mudo en la puerta.

Con sendos coches pasaríamos el resto de la jornada. Queríamos aprovechar al máximo la luz para la pertinente sesión de fotos así que nos dirigimos hasta la localización que teníamos planeada y allí estuvimos hasta que anocheció. Al día siguiente completamos la ronda fotográfica de ambos coches y con el trabajo gráfico hecho, cuyo resultado con el inconfundible sello de Alberto puedes ver en la galería de imágenes, hubo tiempo de probar y comparar los dos Mustang con más minuciosidad.

Tuve oportunidad de conducir el clásico brevemente, un coche que exige fuerza y decisión para mover el volante y, a la vez, delicadeza a la hora de pisar el acelerador. Dejando patente mi torpeza para mover el clásico con cierta agilidad me pasé al asiento derecho y fue Pablo quien se puso tras el volante para demostrar que aquel hierro estaba en plena forma.

Aquel coche con cinco décadas a sus espaldas no sólo atraía todas las miradas sino que además dejaba patente en todo momento su enorme fuerza. Bajo el capó habita el motor Windsor de 289 pulgadas cúbicas según las medidas yankees, el equivalente a 4,7 litros de capacidad. Un motor grande que entrega una potencia de 200 CV, cifra muy notable para un coche relativamente pequeño y ligero.


El puesto de conducción del Mustang clásico es muy deportivo

Llegó el momento de cambiar los papeles y dejar que Pablo condujera el modelo actual del deportivo con nombre de origen español. Yo cavilaba para mis adentros que se iba a llevar un desengaño, al fin y al cabo medio siglo ha pasado entre el primer Mustang y esta nueva generación. 50 años, que se dice pronto.

Después de la ruta, Pablo se bajó del coche con una sonrisa de oreja a oreja. “¡Me encanta!”, dijo para mi sorpresa. Las palabras de Pablo me dejaron desconcertado. “¡Es igual que el mío! Mira, el diseño exterior es el mismo, una silueta igual, con los mismos detalles. Por dentro también, la forma del salpicadero, del volante, el aspecto de la instrumentación... Donde esté un V8 que se quite un cuatro cilindros, claro, pero la verdad es que anda muy bien, es divertido y la trasera invita a jugar. Sólo le falta que el escape suene más, pero las sensaciones son las mismas”, aseguró.

Las horas se habían pasado volando y tenía que regresar a Madrid. Me despedí de Pablo no sin antes agradecerle la experiencia con su coche y sus valiosas opiniones sobre el nuevo modelo. Sus inesperadas palabras seguían resonando en mi cabeza. Recordé el animado paseo como acompañante en el Mustang del 66, haciendo memoria de las sensaciones y la nueva perspectiva que me ofreció esa experiencia.


50 años de historia en una imagen

El mismo espíritu

El camino de vuelta lo planteé de manera diferente. Me olvidé del control de crucero, del consumo de combustible y del apellido ‘Eco’ del motor Ecoboost para darme alguna que otra alegría con el acelerador. Está claro que el Mustang de cuatro cilindros gana velocidad con una rapidez demoledora. En un santiamén puede ir a un ritmo de vértigo casi sin darte cuenta y le resulta fácil mantener velocidades altas, siempre manteniendo un gran confort de marcha.

A medio camino salí de la autopista por una carretera revirada que ya conocía de anteriores ocasiones. Con el modo Sport Plus activado el pony car puede mantener un ritmo frenético. La suspensión trasera multibrazo es todo un acierto, los frenos son potentes y perfectamente dosificables y la dirección no es demasiado comunicativa aunque su asistencia se puede ajustar en tres niveles.

La caja de cambios manual de seis velocidades es una delicia, con recorridos cortos y precisos. Va tan bien que invita a jugar con ella. Olvídate de la transmisión automática: eleva notablemente el consumo de combustible, cuesta 3.000 euros más y a buen seguro irá en detrimento de la experiencia de conducción.


Olvídate del cambio automático, la caja manual es magnífica

Pablo tenía razón, la actual generación mantiene el mismo espíritu del modelo clásico, el mismo atractivo. Un exceso de euforia supone que la zaga deslice sin cortesías. El Mustang está dispuesto a jugar duro, más vale que tengas una buena mano para mantenerlo bien atado porque de lo contrario la trasera te puede sorprender. Vale, me ha convencido, este coche mola.

Definitivamente el viaje de vuelta había sido mucho más divertido que el de ida y me dejó un buen sabor de boca que confirmé en rutas posteriores que hice con él hasta el día de su devolución a Ford España. No es un coche para cualquiera: quien busque la máxima efectividad, un coche radical que asalte el cronómetro en un circuito, se llevará una decepción.

Como decía en los primeros párrafos, el Mustang es muy dócil, hace lo que le pidas sin desobedecer. Si quieres ir tranquilo te cuida con guante de seda y si buscas emociones fuertes te trata con mano dura. Esa dualidad es difícil de encontrar en Europa y es uno de los grandes valores del coupé americano.


La evolución es innegable pero el espíritu es el mismo

Muchos deportivos similares son exigentes todo el tiempo: incómodos, ruidosos, inflexibles. Muy buenos en prestaciones pero inadecuados para el día a día. Otros deportivos tienen un enfoque confortable para su uso a diario, pero muestran sus carencias en condiciones exigentes. Con el Mustang, el tranquilo Dr. Jeckyll se convierte en el explosivo Mr. Hyde a nuestra voluntad y borda perfectamente ambos papeles.

Un deportivo es una compra de capricho. El modelo más icónico del catálogo de Ford se desmarca de la competencia porque no sólo hay motivos pasionales para hacerse con un Mustang. Tienes un pedacito de historia, un vehículo seductor, prestacional, divertido y precioso. Pero también consigues un coche refinado, confortable, espacioso, con un maletero notable y todo a un precio muy interesante. La razón y el corazón se dan la mano.

El motor Ecoboost cumple muy bien y está disponible desde 39.500 euros, un precio realmente sugerente. Es satisfactorio y una compra acertada pero si el presupuesto lo permite es mejor honrar la herencia del modelo y decantarse por el V8 de 418 CV del Mustang GT: cuesta 46.500 euros, en el mercado no hay ningún otro modelo con motor de ocho cilindros más asequible ¡Toda una tentación!

Nota: 8.3

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  • Comentario de Pablo
    01/11/2016 (10:20)

    Pablo

    "¡Qué pasada de fotos!"

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