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Prueba Mazda CX-3 2.0 120 CV 2WD

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De las tres mecánicas disponibles en la gama de Mazda CX-3, la relacionada con el motor de gasolina de 120 CV era la que durante menos tiempo habíamos podido conducir en su presentación. Nos tomamos la revancha con una prueba más profunda de esta versión.

La versión de acceso del Mazda CX-3 cuenta con un motor de gasolina de 120 CV vinculado a un cambio manual de seis marchas aunque en opción se puede equipar uno automático que cuesta 1.800 euros más. Este motor se ofrece únicamente en combinación con la tracción delantera, quedando la tracción total i-Activ relegada a la versión de gasolina con 150 CV y al diésel.

Mazda ha optado por dejar de lado el downsizing de las pequeñas mecánicas turbo por el que están apostando la mayoría de las marcas y emplea un motor atmosférico de 2,0 litros. El fabricante japonés se empeña en señalar que la serie de tecnologías Skyactiv permiten conseguir un “gasolina con consumos de diésel y un diésel con consumos de híbrido” y creo que no es así. La propia marca pone las expectativas muy altas y después, al comprobar que los consumos son buenos pero no sorprendentes, tenemos una sensación de ligera decepción.

Esta versión del CX-3 anuncia un consumo de combustible de 7,4 l/100 km en trayectos urbanos, 4,9 l/100 km en recorridos extraurbanos y 5,4 l/100 km en ciclo combinado. Súmale medio litro a cada medición y tendrás los datos en su uso real. Incluso es posible igualarlos si nos esforzamos en practicar una conducción muy eficiente. No me parecen cifras muy llamativas, simplemente correctas, pero al menos no se desvían demasiado de los valores homologados por la marca y eso es algo que pocos pueden decir.

La tecnología Skyactiv se aplica a motores, transmisiones, chasis y carrocería

El SUV de Mazda se sitúa en línea con la competencia en cuanto a consumo y, como he dicho en otras ocasiones probando otros de sus recientes modelos, la ventaja estriba en que el gasto de combustible oscila muy poco aunque nos pese el pie derecho. Aunque no sea en forma de consumos asombrosos, las tecnologías Skyactiv brindan incontables beneficios en lo que a comportamiento se refiere.

De lo que no hay dudas que su diseño KODO es todo un acierto y le imprime mucha personalidad. Esta unidad está vestida con el color Artic White, el único que no tiene sobreprecio. Quizá sea más discreta que los tonos Dynamic Blue (+450 euros) o Soul Red (+600 euros) pero, aunque es cuestión de gustos, creo que podemos afirmar sin temor que estamos ante unos de los crossovers urbanos más bellos del segmento.

El interior es sofisticado y la calidad general raya a buena altura. La principal anotación en el debe es que las plazas traseras son un poco claustrofóbicas con un espacio justo en longitud y anchura y poca superficie acristalada. También se echan en falta más huecos donde vaciarnos los bolsillos. Destaca la ausencia de un cofre cerrado entre los dos asientos que sirva además de apoyabrazos, sólo hay un pequeño espacio abierto para dejar las llaves y poco más. Al menos la guantera sí ofrece una capacidad generosa.

La fila trasera brinda poco espacio para las piernas y los hombros

Hablando de espacio hay que mencionar que el maletero tiene una capacidad de hasta 350 litros. Digo ‘hasta’ porque equipando el sistema de audio Bose se pierde volumen de carga ya que bajo el piso se ubica un subwoofer. Esta opción también supone despedirse de la rueda de repuesto, dejando espacio nada más que para el kit de reparación de pinchazos.

En todo caso el espacio de carga es bastante aprovechable gracias a sus formas interiores regulares. No hay perchas para colgar bolsas pero si un práctico doble fondo que nos permite distribuir la carga en dos alturas. Los respaldos de los asientos traseros son abatibles en proporción 60/40 y permiten ampliar la capacidad hasta los 1.260 litros.

Dinamismo y confort

En marcha queda claro que el habitáculo está muy bien insonorizado y las vibraciones a bordo casi no se notan aunque al ralentí son un poco más evidentes. Todo queda a mano, con especial mención de los mandos -tras la palanca de cambios- del sistema multimedia MZD Connect equipado con un preciso navegador con cartografía europea Navteq.

La puesta a punto del chasis raya la perfección

La entrega de potencia es lineal y la respuesta del motor de 2,0 litros del CX-3 es suficiente aunque si queremos algo de brío habrá que buscar la zona alta del cuentarrevoluciones como buen atmosférico que es. Para ello habrá que jugar con el cambio de vez en cuando, aunque no es un problema porque la palanca ofrece un muy buen tacto.

A la venta desde 20.795 euros

El comportamiento del crossover de Mazda no tiene tacha. Practicando una conducción espirituosa el eje delantero guía con precisión y mantiene a raya el subviraje, pudiendo enlazarse curvas con una destacable agilidad. Las reacciones nobles y el aplomo que muestra en todo momento ofrecen una gran seguridad.

El rendimiento de la suspensión es en buena parte responsable del andar refinado de este crossover, con una capacidad para filtrar las irregularidades del terreno muy notable. Además la inclinación de la carrocería es bastante contenida, resultando todo ello en un confort de marcha elevado y un gran agrado de conducción.

El equipamiento es muy completo, con elementos inéditos en el segmento como el HUD y los faros LED

A pesar de su estética crossover la altura libre al suelo no es mucho mayor que la de un turismo convencional (sólo 155 mm) así que al salir del asfalto es mejor no buscar complicaciones, y menos aún con las limitaciones propias de un automóvil de tracción a un solo eje.

El CX-3 no se presta especialmente a hacer viajes con todas las plazas ocupadas y el maletero lleno así que los 120 CV de esta mecánica de acceso son más que suficientes. No merece la pena subir un escalón hasta el de 150 CV salvo que la climatología nos exija con frecuencia el extra de agarre que ofrece la tracción total de este último.

Conclusiones

El Mazda CX-3 mantiene los principios de los últimos lanzamientos de la marca japonesa, mostrando mucha personalidad y un buen equilibrio en todas sus facetas. El CX-3 con el motor de gasolina con 120 CV presume de un andar muy aplomado que transmite confianza al conductor. El crossover de Mazda es muy agradable de conducir y el eje delantero se inscribe muy bien en las curvas dando como resultado un coche ágil.

Las suspensiones son muy eficaces y cuentan con un tarado acertado. Salvo por su aspecto no tiene ninguna cualidad SUV, ni por tracción ni por altura libre al suelo, así que su enfoque va destinado esencialmente a los entornos urbanos. Este detalle junto a la escasa habitabilidad de las plazas traseras limita un poco su polivalencia.

Por diseño, calidad y comportamiento el Mazda CX-3 es uno de los crossovers urbanos más atractivos de nuestro mercado, algo que tiene mérito ya que se trata de un segmento que no para de crecer.

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