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Prueba Porsche 718 Boxster, la evolución del ser superior

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Solo los más fuertes sobreviven. Los que mejor se adaptan a las circunstancias consiguen marcar el paso. El Porsche 718 Boxster ha sabio mutar a los nuevos tiempos. El cambio de denominación implica un cambio de filosofía, que no de concepto.

A finales del siglo XIX, Charles Darwin emuló la famosa teoría de la evolución de las especies. De ella sacamos la conclusión que solo lo más fuertes sobreviven, aquellos que mejor se adaptan al entorno y son capaces de cambiar su estilo en función de las circunstancias. Una teoría que puede aplicarse a muchos campos, incluido el de los coches. Un ejemplo perfecto es el del miembro de acceso a la familia Porsche, el cual cambia por completo para adaptarse a los nuevos tiempos. He tenido la ocasión de poner a prueba el Porsche 718 Boxster, y la pregunta es sencilla: ¿es mejor que su predecesor?

Antes de nada decir que el Boxster fue presentado por primera vez en el año 1996, más de un siglo después de que el señor Darwin emitiera su famosa teoría. Al ser el modelo de acceso a la marca alemana, y con la larga sombra del Porsche 911 cerniéndose sobre él, el Boxster no tuvo muy buena acogida por parte de los puristas. Sin embargo hay que reconocer que Porsche supo en esta vez colocar correctamente el motor, en el centro, y al igual que su hermano mayor, empleaba un bloque atmosférico de seis cilindros enfrentados.

Tras 20 años en el mercado, y tras haber vendido varios cientos de miles de unidades por todo el mundo, el Boxster, ahora convertido en el Porsche 718 Boxster para su cuarta generación, ha sabido conquistar a todos aquellos no confesos. Lo ha ido haciendo con el paso del tiempo, con ligeros retoques aquí y allí, pero sobre todo con una conducción que combina a la perfección el ADN de Porsche y las sensaciones inigualables de un descapotable. Se ha convertido en un coche muy serio, y eso hay que reconocérselo, y es por ello que cuando supimos de todos sus cambios empezamos a dudar si volvería a ser el mismo.

Estéticamente apenas cambia con su predecesor. Los alemanes, muy fieles a su concepto de diseño, han retocado unos cuantos detallitos por aquí y por allí. Si lo vemos solo de frente cuesta diferenciarlo del modelo anterior. Es sin embargo la trasera, la parte que más cambia. Parachoques nuevo, difusor nuevo, faros nuevos y alerón fijo trasero nuevo que a su vez incluye las letras mágicas de la marca de la que procede. Símbolo de calidad y reconocimiento.

Lejos quedan aquellas primeras cifras del Porsche Boxster con 204 CV: Hoy tienes como mínimo 300

Hay que reconocer que los diseñadores se han esforzado más en cambiar el interior que el exterior. Tampoco se me mal interprete, son cambios sencillos y correctos, nada revolucionarios, pero la verdad es que le sientan muy bien y nos hacen parecer que estamos ante un modelo completamente diferente, Porsche eso sí. Calidad a raudales, con todos sus elementos en su sitio. Da igual en qué modelo de la casa alemana te montes, los cockpit son tan semejantes que te sientas en terreno conocido.

Los cambios se han centrado en hacer al 718 Boxster un modelo más acorde con los tiempos que corren. Debido a esto se implanta una nueva pantalla del sistema PCM, mejor integrada en la consola y con funciones nuevas y mejoradas, respiraderos nuevos, circulares en vez de rectangulares, el famoso reloj de la parte superior del salpicadero, y un impresionante volante extraído directamente del 911 que a su vez es copia del Porsche 918 Spyder, con su mando selector de los modos de conducción.

Pero voy a centrarme en su cambio principal, en los grupos propulsores. El Boxster, perdón 718 Boxster, presenta como novedad motores de cuatro cilindros turboalimentados. Aunque la configuración no es nueva en la marca germana, ya lo introdujo el Porsche Macan, es la primera vez que lo vemos en uno de los deportivos de la firma. Una evolución necesaria dados los cambios que está experimentando el mundo y la industria y de la que pronto se beneficiará su hermano de techo rígido, el Porsche Cayman.

Pero no hay que tener miedo a estos, pues tras más de 80 años de historia deportiva de Porsche, la fe es lo último que se puede perder. Si lo comparamos con su predecesor y si ponemos las cifras sobre la mesa, la generación 718 Boxster gana en todos los apartados, punto por punto. La introducción del bloque de dos litros ha hecho que el pequeño descapotable biplaza gane potencia y prestaciones a la vez que reduce los consumos y ajusta las emisiones.

¿Magia? Para nada. La tecnología moderna así lo permite, y más vale que nos vayamos acostumbrando porque no solo los modelos de acceso cambiarán sus propulsores, también el gran 911 está abocado a las evoluciones, y ya se especula que en 2020 podría surgir el primer 911 híbrido de la historia. No, nos echemos las manos a la cabeza, confiemos una vez más en los ingenieros de Porsche, solo hay que echar un vistazo al 918 para comprobar que la combinación funciona a las mil maravillas. El futuro señoras y señores, esa adaptación que Darwin adivinó hace más de 100 años.

Ahora bien, vuelvo a la pregunta con la que he empezado esta prueba: ¿es mejor que su predecesor? Pues como no hay otra manera de comprobarlo que poniéndose tras su volante, allá que me he ido hasta la vecina Lisboa para así comprobar de primera mano cómo y cuánto afectan los cambios anteriormente mencionados en el pequeño 718 Boxster.

Prueba Porsche 718 Boxster

La tarea que tiene ante sí el nuevo Boxster es de considerable tamaño. De poco o nada la vale la herencia de un número mítico en la firma alemana como es el 718. Tiene que demostrar que es digno merecedor de tal privilegio, y para saber si realmente lo es, hay que analizar de donde procede su grupo propulsor, el principal cambio y la principal arma de este roadster biplaza.

Se ha trabajado el sistema de escape para que emita un sonido parecido al de un bóxer de seis cilindros

Como ya te digo hay mucha herencia en ese motor central. Porsche tiene sobrada experiencia en el desarrollo de estos motores pero para no arriesgar ha tomado prestado un bloque de seis cilindros y tres litros del 911 y le ha cortado una bancada, concretamente la última, la que pega en el respaldo de los asientos. Su lugar lo ocupa ahora un turbo de gran rendimiento que se encarga de reforzar el empuje de los dos litros del Boxster normal y los 2,5 litros del Boxster S.

Muchos pensarán que este cambio es impropio de una marca como la alemana, pero solo hay que ver lo poco que nos acordamos de los motores refrigerados por aire anteriores a la generación 996 del “nueveonce”. Pero claro, hay que concretar, ¿qué se pierde y qué se gana con este cambio?

Perder, además de lo obvio, pierdes esencia. Por mucho que confíes en Porsche, el cambio genera dudas. Pero al contrario ganas mucho. Más pegada, más empuje, más potencia, más aceleración y más eficiencia, más sensaciones en realidad. 300 son los caballos mínimos de la gama 718 Boxster, y 340 los máximos del 718 Boxster S. En cuanto al par, la ganancia es incluso mayor, 100 Nm extra para el modelo de acceso y 60 Nm más para la unidad S.

Gracias a eso también se incrementan las cifras de prestaciones, el Boxster es casi un segundo más rápido que su predecesor en el 0-100, mientras que el S es 0,6 segundos más rápido en el mismo ejercicio que el antiguo. Y en cuanto a velocidades máximas, solo decirte que ambas unidades rozan los 300 Km/h, apalabras mayores para un coche de este tamaño. Los puristas ya deben estar más tranquilos, pero todavía os estaréis preguntando, ¿cómo se siente y cómo es su conducción?

Decir que es rápido es quedarse tan corto como injusto. No es un coche pensado únicamente para ir en línea recta, pues es en las curvas donde un Porsche se la juega, permítaseme la analogía con el famoso anuncio. Nada más girar la llave del contacto, a la izquierda como debe ser, surge del culo un sonido bastante ronco, no es el sonido de un bóxer, no os voy a engañar, pero no está nada mal. Es diferente, y punto. ¡Ya me gustaría a mí que mi cuatro cilindros sonara igual!

Con solo pisar el acelerador te das cuenta que este pequeño descapotable esta pensado para correr, pero como sus padres reconocen, también se han centrado en el confort. La verdad es que se nota y aunque no se monte la suspensión activa, no resulta duro o incomodo. Y si la incluye se puede comprobar aún mejor el carácter bipolar de la afirmación.

El chasis también ha sido modificado para la ocasión, pues no son las mismas fuerzas a soportar con seis cilindros que con cuatro cilindros turbo. Todo un trabajo de artesanía que ha sido llevado a cabo en circuitos como el de Nürburgring donde el Boxster S es capaz de marcar un tiempo de 7 minutos 42 segundos, cifra muy parecida a la de un Cayman GT4. Ahí dejo eso.

Llega un tramo de curvas, y aquí el 718 Boxster, da lo mismo la versión, se siente como pez en el agua. Es en este terreno donde demuestra de dónde viene y el trabajo que se esconde en su puesta a punto. Porsche no ha cambiado la tracción, por lo que las ruedas traseras siguen siendo las encargadas de impulsar al coche. Se podría esperar un poco de pérdida de tracción o sobreviraje por ello, pero nada más lejos de la realidad, siempre tiene tracción, siempre agarra, y sale de cada curva como alma que lleva al diablo.

Pero no sólo es la salida la que impresiona, sino todo en general, primero lo tremendamente rápido que puedes llegar a ir, y lo segundo es lo exageradamente rápido que puedes afrontar una curva. El paso por esta es demencial, tracción, suspensión, acelerador...todo trabajando en una perfecta armonía. Algo que ya pude comprobar tiempo atrás cuando puse a prueba el Porsche Boxster GTS.

Con respecto a su predecesor, el 718 Boxster es 16 segundos más rápido en dar una vuelta al circuito de Nürburgring

El mando giratorio del volante te permite seleccionar hasta cinco modos: Normal, Sport, Sport +, Individual y Power Response. Este último solo es posible si equipamos el cambio PDK y el paquete Sport Chrono. En las diferentes posiciones el coche por sí solo va regulando todos los parámetros que son sensibles de modificarse electrónicamente. Es decir, acelerador, suspensión, cambio (solo el automático), motor y dirección.

El programa Power Response te otorga durante 20 segundos la máxima respuesta posible de todos ellos. Es decir, si lo pulsamos, es el botón central, el turbo se carga automáticamente a su régimen más alto de revoluciones, hasta 180.000 vueltas por minuto, para así catapultarte hacia el horizonte con solo rozar el acelerador. Sin pérdidas y sin los habituales problemas de los motores turbo.

Por otro lado, mención especial a parte, se merecen los cambios. El nuevo Boxster sigue teniendo la posibilidad de equipar tanto un cambio manual de seis velocidades, como un PDK automático de doble embrague y siete velocidades. Siempre he sido muy fan del cambio automático de Porsche, pero tengo que reconocer que elijas el que elijas no te equivocaras, pues la opción manual es sensacional, un tacto muy parecido al del GT4, pero sin esa radicalidad. Aunque eso sí, debes saber que los mejores registros los consigues con él PDK, así de bueno es.

En definitiva, ¿el 718 Boxster es mejor que su predecesor? Pues diría que sí. No solo por las cifras, sino porque también te aporta unas mayores sensaciones. El empuje es mucho mayor, mucho más rápido en la patada. Tanto que llega a impresionar. Además se le siente ágil y ligero, pero reconozco que el anterior ya presentaba esas cualidades. Por lo tanto si, el 718 Boxster, ya sea el normal o el S, es mejor que su predecesor. Tal y como he dicho al principio, es mera cuestión de adaptación y supervivencia. Los rivales ya tienen al más fuerte del segmento, ahora les toca mover ficha a ellos y a ti. Tan solo tendrás que pasarte por un concesionario a partir de finales de este mes y desembolsar desde 60.371 euros por el 718 Boxster o desde 74.263 euros por el Boxster S.

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