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    Claire Williams, sobre su despedida: «Me dije a mí misma algunas mentiras para superarlo»

    Claire Williams, sobre su despedida: «Me dije a mí misma algunas mentiras para superarlo»
    Claire Williams, ya exdirectora adjunta del equipo fundado por su padre.Williams Racing
    David Plaza
    David Plaza3 min. lectura

    Durante el pasado verano, la familia Williams cerró la venta del mítico equipo fundado por Frank a Dorilton Capital, desvinculándose por completo de la Fórmula 1. Algo que, para Claire Williams, no fue ni mucho menos fácil de afrontar.

    La Fórmula 1 es un mundo muy absorbente y exigente, por lo que mucha gente termina por preferir alejarse por completo de él. En cambio, hay determinadas personas que la necesitan porque es parte de su ADN. Es el caso de la familia Williams, que de la mano de Frank creó uno de los equipos más exitosos de la historia.

    Sin embargo, los últimos años han sido profundamente dolorosos y, bajo la dirección de Claire, hija de Frank, han llegado los peores momentos de la existencia del equipo. Un desgaste que, junto con la avanzada edad y delicada salud de su padre, acabaron convenciendo a la ya exdirectora de que lo mejor era vender Williams.

    «Siempre pensé en la sede de Williams como mi segundo hogar»

    Ahora, Dorilton Capital lleva las riendas con máximo respecto a la herencia del equipo, pero con un futuro más prometedor y estable en el horizonte. Eso tranquiliza a la familia Williams, pero no evita el dolor de la despedida. «Despedirse de la gente fue horrible. Fue muy emotivo, particularmente con personas que conozco desde hace mucho tiempo porque son familia y son las personas con las que pasas la mayor parte de tu tiempo. Siempre pensé en Williams HQ Grove como mi segundo hogar, así que marcharme fue realmente triste».

    Algunas mentiras piadosas

    Claire Williams no ha triunfado como gestora de Williams, pero es indudable que ha puesto toda su alma en ello. Por eso, decir adiós fue tan duro para la británica. «Tuve que volver unas cuantas veces después de eso, para arreglar y recoger todas las cosas de mi padre. Creo que lo único bueno, si lo quieres llamar así, fue el hecho de que había muy poca gente en la fábrica. Fui a mi oficina, que estaba en el último piso, y no había nadie allí. Creo que si la gente hubiera estado allí habría sido mucho más difícil, porque habría sentido que el negocio seguía en marcha».

    «Casi podía decirme a mí misma: “Bueno, no quiero quedarme aquí, se acabó”. Me dije a mí misma algunas pequeñas mentiras sólo para poder superarlo. Es como si Williams se hubiera ido. Ya está hecho. Fue fácil de hacer porque nadie estaba en el edificio, aparte de algunas personas abajo en la fábrica. Pero luego bajar y ver a esos chicos, fue difícil decir adiós», concluye.

    Fuente: New York Times