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    De colores y carreras

    Los colores nacionales en las carreras

    Hubo un tiempo en el que para identificar a un coche de carreras y la nacionalidad del mismo, bastaba con mirar su esquema cromático y así saber por la gloria de que nación competía determinada marca. Eso acabó en gran parte con la llegada masiva del patrocinio, pero vamos a repasar los orígenes y curiosidades de los colores de carreras nacionales.

    Al principio del automovilismo, a finales del siglo XIX, el color identificativo no era una cuestión primordial, especialmente porque se trataba de carreras individuales en las que las marcas y pilotos corrían por la prueba en sí. Sin embargo, todo varió precisamente con el cambio de siglo y la creación de una prueba que podríamos definir sin temor a equivocarnos como el precedente más firme de un campeonato organizado, incluso se podría argumentar que mundial: la Copa Gordon Bennett.

    Los orígenes de los colores

    James Gordon Bennett junior era el acaudalado heredero del periódico New York Herald, fundado por su padre. En 1887 se trasladó a París, donde estableció una edición europea del Herald -el Paris Herald-. Con éxito y fama, en julio de 1899 propuso al ACF -Automobile Club de France- la organización y disputa de una prueba cuyo trofeo llevaría su nombre: la Gordon Bennett Cup Race. Se trataba de una competición entre clubes nacionales de automovilismo, los cuales, si querían participar, debían depositar antes del 1 de enero de 1900 la suma de 3.000 francos franceses. Y además, el país que ganase la carrera debería organizarla al año siguiente en su territorio.

    El trofeo de la Copa Gordon Bennett
    El trofeo de la Copa Gordon Bennett

    La primera Gordon Bennett se disputaría el 14 de junio de 1900. Pero antes de eso, llegaría el origen de los colores nacionales en las pruebas automovilísticas. La idea se la debemos al estadounidense de ascendencia francesa William Eliot Morris Zborowski, conde de Montsaulvain, que un par de años antes había desarrollado una profunda pasión por el automóvil, convirtiéndose en piloto -de hecho, fallecería en la subida a La Turbie el 1 de abril de 1903-. El conde comprendió que había que distinguir a los participantes por su nacionalidad, y propuso un esquema de colores para quienes se habían inscrito.

    Así, la idea era asignar a cada país participante y los tres coches como máximo que podían inscribir, uno de los colores primarios de su bandera. De este modo, propuso que Francia usara el azul, Bélgica el amarillo, rojo para los Estados Unidos y el blanco para Alemania. Los lectores más atentos se preguntarán el por qué el blanco se asignó a Alemania. La respuesta es que en 1900 estaba en uso la bandera del Imperio Alemán, que consistía en tres franjas horizontales con negro arriba, blanco central y rojo en la parte inferior.

    Nace el ‘British Racing Green’

    Así quedaron definidos los cuatro primeros colores de carreras. En 1901, para la segunda Copa, algunos países causaron baja, pero se sumó Gran Bretaña, con un Napier, que sin embargo no pudo participar al ser excluido por usar neumáticos Michelin, y no los Dunlop que les habían explotado camino de la salida: la norma decía que había que participar con neumáticos de la nacionalidad del país. Ese Napier, en realidad, ya era verde, como lo fue también el que se desquitó ganando la tercera Gordon Bennett Cup. Eran de un color oliva pálido que ya se parecía bastante al ‘british racing green’, y que era el que usaban las locomotoras británicas: fue un homenaje al poderío industrial del país.

    El Napier de 1903
    El Napier de 1903

    Sin embargo, este color asociado a Gran Bretaña quedó definido con la celebración de la cuarta Gordon Bennett, en suelo británico, en 1903. La teoría de su concreción se debe al color tradicional de Irlanda, lugar donde se celebró la carrera. De hecho, se disputó en dicho territorio -por entonces perteneciente a Gran Bretaña- porque en Reino Unido estaba prohibido conducir a más de 12 millas por hora, algo que no se limitaba en Irlanda. Así pues, en homenaje, adoptaron el ‘shamrock green’, verde tradicional irlandés, en su honor. El famoso color verde británico de carreras difiere muy poco de aquél color.

    En todo caso, no debe olvidarse que tanto el rojo, el blanco y el azul ya estaban siendo utilizados por otros países. Sin embargo, los colores asignados iban a variar ligeramente precisamente en 1904, cuando se creó la AIACR - Association Internationale Des Automobile Clubs Reconnus, precursora de la actual FIA- y adoptó en su normativa la paleta de colores asignados en las Gordon Bennett, pero determinando que Estados Unidos pasaba tener el color blanco con rayas azules -que luego también admitiría el azul con rayas blancas-. El rojo, por lo tanto, quedaba libre.

    La leyenda del ‘rosso corsa’

    La Gordon Bennett había sido disputada por última vez en 1905, ganada de nuevo por Francia, que al año siguiente no organizó la competición, sino un nuevo formato de carreras denominado Grand Prix, que ha llegado hasta nuestros días. Italia había participado en las ediciones de 1904 y 1905 de las Gordon Bennett representada por Fiat, pero usaron el color negro, y ello pese a que formalmente el rojo había quedado libre ese mismo 1904.

    Itala HP 40 de 1907
    Itala HP 40 de 1907

    Sin embargo, en 1907 se disputó la carrera Pekín-París. En ella participaba el príncipe Scipione Borghese, acompañado a bordo del Itala 40 HP del periodista Luigi Barzini. Se trataba de una carrera de 14.994 kilómetros organizada por el diario francés ´Le Matin’, y que fue ganada por sólo una hora de ventaja sobre su rival más cercano. El premio fue una botella tamaño magnum de champagne Mumm. Tal hazaña no pasó desapercibida para la federación italiana, que decidió adoptar entonces el color del Itala como el identificativo del país en las carreras: el rojo.

    ¿Y el plata de Alemania?

    De esta forma, los colores de los principales competidores europeos quedaron definidos, hasta que Alemania cambió su tonalidad. La historia alrededor del cambio es una exageración propia del genial Alfred Neubauer, director deportivo de Mercedes en la época. En 1934 hubo un cambio de reglas en las carreras de Grand Prix que restringió el peso de cada monoplaza a 750 kilogramos. El nuevo Mercedes-Benz W25 pesaría justo 751 kilogramos, lo que se descubrió en la víspera de la carrera del Eifelrennen de Nürburgring.

    El orondo alemán ordenó despojar del color blanco a sus monoplazas, y así, con el aluminio a la vista, cumplieron el peso. Pero la verdad es que esa carrera no estaba sometida a la normativa internacional de los Grand Prix, de modo que el coche podría haber tenido un peso sin restricciones. Más aún, el coche es altamente probable que ni siquiera hubiera estado pintado en blanco: en la carrera anterior, en Avus, ya compareció el Mercedes-Benz W25 y era plateado, aunque no compitió. Incluso años antes, algunos Mercedes ya habían corrido con el aluminio a la vista, y llamados ‘silver arrows’.

    Mercedes W25 de 1934
    Mercedes W25 de 1934

    La llegada del patrocinio y adiós a los colores nacionales

    En todo caso, y pese a las leyendas, los coches alemanes adoptaron el color plateado desde entonces, si bien BMW usó el blanco en su participación en la F1, y Porsche también lo usa en sus coches de competición. Sin embargo, el uso de los colores nacionales en las carreras hace mucho tiempo que se dejó atrás, apartado por la necesidad de dar preponderancia a los colores de los patrocinadores del equipo. La leyenda, igualmente, quiere que fue el equipo Lotus de Colin Chapman en el G.P. de España de 1968 quien, presentándose con los colores de la tabacalera Gold Leaf, cambió el rumbo de la historia.

    Pero, de nuevo, la realidad es menos ostentosa. Justo en el Gran Premio precedente, el de Sudáfrica, el piloto de Rhodesia John Love se presentó con un Brabham BT20 pintado de naranja. Ese color se debía al patrocinador que daba nombre al equipo: la marca de cigarrillos Gunston. Un naranja, por cierto, que no es el color de Nueva Zelanda, y por lo tanto, no corresponde a McLaren, cuyos colores son el verde y plateado.

    A partir de ese momento, los equipos empezaron a adaptar sus esquemas cromáticos a lo que necesitase el patrocinador. Pocos equipos mantuvieron la reminiscencia de los colores nacionales de las carreras, siendo Ferrari el único fiel al mismo en todas sus participaciones oficiales. Pero incluso ellos fueron modificando el propio tono del ‘rosso corsa’ para adecuarse a ciertas marcas. Poderoso caballero es don dinero.