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Baby Driver: acción sobre cuatro ruedas con el mejor ritmo

El director Edgar Wright (Zombies Party, Arma Fatal) vuelve a la pantalla grande con su película de mayor caché y presupuesto hasta la fecha. Por suerte, su talento sigue estando a la altura de sus anteriores obras e incluso llegando a superarlas en algunos casos.

Tras la aparatosa pre-producción de Ant-Man (la cual pudo llegarse a realizar gracias a un cortometraje creado explícitamente para ello por e ldirector británico), Wright se marchó del proyecto y comenzó a trabajar en el guión de su nueva película, en la que un joven conductor especializado en fugas llamado Baby (Ansel Elgort) conoce a la chica de sus sueños (Lily James), pero su jefe (Kevin Spacey) no va a dejar marchar fácilmente a su mejor conductor en atracos.

Ya en la portada del escrito original podía leerse algo muy particular: “Cada escena de esta película está conducida por la música”. Él mismo hizo una escena de este tipo en su ópera prima, Zombies Party. Pero realizar toda una película basada en esta idea es una locura y un riesgo innecesario para muchos.

Por suerte para los espectadores Wright está loco y es arriesgado. Desde el mismísimo comienzo en el que vemos a su protagonista manejar un Subaru Impreza WRX del 2006 haciendo auténticas virguerías al ritmo de la música, el espectador ya sabe por dónde van a ir los tiros y averigua poco a poco que la música no es solo un instrumento de acompañamiento a la imagen, sino que no sirven de nada si se disfrutan por separado.

Esta sincronía no se detiene prácticamente en ningún momento de la película, pero por suerte no llega a ser cargante en ningún momento gracias a una dirección variada, personajes con los que conectas rápidamente interpretados por actores de primera (no seré yo el único en destacar a Jamie Foxx como devorador de la pantalla en cada segundo en el que aparece) y escenas de acción tensas y divertidas con algunas de las mejores persecuciones al volante (y a pie) de los últimos años.

Subaru Impresa WRX del año 2006

Esto es una buena noticia para todos los amantes de los coches ya que vais a ver un desfile de automóviles de todas las épocas durante el metraje al completo, pasando de clásicos americanos como el Chevrolet Caprice del 87 hasta europeos actuales como el Mercedes Clase S. Cabe destacar que el uso de los efectos visuales brilla por su ausencia, por lo cual no vais a ver coches generados por ordenador ni filigranas imposibles que rocen lo estúpido. Prácticamente todo está hecho con especialistas de cine.

Aunque Baby Driver no resulte demasiado novedosa en su sinopsis (las comparaciones con Drive de Nicolas Windign Refn son fáciles de hacer) os aseguro que es un espectáculo digno de ver y escuchar, con un argumento que cada vez va haciéndose más interesante y entretenido y una banda sonora que solo engrandece a la película.

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