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    La historia del BMW M1Amores de juventud: el BMW M1

    Amores de juventud: el BMW M1
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    El BMW M1 original, algunos mdelos de competición y la edición especial decorada por Andy Warhol.
    David Plaza
    David Plaza8 min. lectura

    En la década de los años 70, BMW quiso entrar en el mercado de los deportivos en el que Lamborghini, Porsche y Ferrari contaban con gran presencia y prestigio. Y lo hizo con un M1 que acabó convirtiéndose en uno de los modelos más exclusivos de la marca bávara.

    La historia del BMW M1 es la de un deportivo realmente especial, aunque su lugar en ella nada tiene que ver con asombrosas cifras de ventas o una longeva presencia en el mercado.

    Muy al contrario, el primer BMW de motor central-trasero de la historia acabó produciéndose durante sólo tres años y con una cifra final de ventas de menos de 500 unidades. Y es que el M1 fue concebido inicialmente como excusa para participar en la competición bajo la reglamentación del Grupo 4, que exigía un mínimo de 400 unidades producidas.

    Años antes, la firma afincada en Munich había creado BMW Motorsport, que se encargaba de dotar de un carácter más deportivo a algunos de los modelos de calle de la marca. El M1 sería el primer modelo íntegramente concebido por la filial de competición, pero su escasa capacidad de producción obligó a buscar alianzas.

    Lamborghini

    Esta llegó a través de Lamborghini, fabricante italiano con quien suscribieron un acuerdo mediante el cual todo lo relacionado con el chasis, la fabricación y el montaje sería responsabilidad de la firma de Sant'agata Bolognese. Sin embargo, pronto los planes iniciales se fueron al traste.

    La razón fue que la marca italiana pasaba por serios apuros económicos a consecuencia de una cuestionable gestión de la empresa y de la situación en Italia, donde las revueltas eran constantes en el sector metalúrgico. A ello había que sumar la crisis del petróleo, que sin duda había dañado especialmente las ventas de las marcas de coches deportivos y de lujo.

    Así es, por dentro y por fuera, un BMW M1 original.

    El resultado fue la ruptura del acuerdo en 1976, así como la posterior búsqueda de socios por parte de BMW Motorsport. Finalmente, la concepción del M1 permaneció en Italia, con Giorgetto Giugiaro diseñando la carrocería que fabricaría TIR. Marchesi se haría cargo del chasis y BAUR del montaje. Todas, excepto esta última, estaban situadas en el Motorsport Valley italiano de la Emilia Romaña.

    Los detalles del proyecto M26 eran dados a conocer en el Salón de Ginebra de 1977 y dos años más tarde el primer BMW M1 era entregado a su comprador, pero las expectativas de producción no podían ser satisfechas y muchos pedidos fueron cancelados ante los interminables plazos de entrega.

    La competición

    Para colmo, la reglamentación del Grupo 4 para competición cambió en ese momento y BMW tuvo que buscar el modo de mantener el proyecto con vida.

    El resultado fue el campeonato Procar, ideado por Bernie Ecclestone para acompañar a la Fórmula 1 en la mayoría de las carreras europeas. En ella tomaban parte los cinco pilotos más rápidos de la parrilla de la categoría reina, a los que se sumaban 15 de los pilotos de turismos más prestigiosos. Aquella idea fue un éxito rotundo, pues puso al BMW M1 en el mapa gracias a estas divertidas carreras en las que Niki Lauda se alzó con el campeonato en 1979, seguido de Nelson Piquet en 1980.

    El BMW M1 preparado para el campeonato Procar sigue siendo espectacular.

    Posteriormente, y tras el cese de la producción del M1 como turismo de calle a consecuencia de su desorbitado coste de producción (lo que generaba un elevadísimo precio de 7 millones de pesetas), las unidades de competición se adaptaron para competir en Resistencia y otros campeonatos europeos.

    Llamativo, rápido… exclusivo

    El M1 era un coche que llamaba la atención allá por dónde iba. No sólo porque era realmente complicado avistar uno por la calle, sino también por su afilado diseño a consecuencia de la carrocería de fibra de vidrio dibujada por Giugiaro, que arrojaba un coeficiente aerodinámico (Cx) inferior a 0,4.

    En el interior, tras los asientos, rugía un motor V6 atmosférico que en un principio estuvo cerca de ser un V10 turboalimentado. Finalmente, BMW prefirió hacer uso del bloque M90 modificado (doble árbol de levas y cuatro válvulas por cilindro) para pasar a denominarse M88, el mismo que posteriormente sería utilizado en el BMW M635 CSI.

    Todo ello redunda en una cilindrada de 3,5 litros, una potencia de 277 CV y una velocidad punta de 262 km/h para un coche de 1300 kg, lo que le permitía acelerar de 0 a 100 km/h en 5,6 segundos.

    En el interior, los escasos 114 centímetros de altura de la carrocería crean un entorno estrecho pero acogedor para dos personas, aunque la disposición de los mandos e indicadores resulta algo caótica y el tamaño del volante, exagerado para el escaso espacio disponible.

    Una vez encendido el motor, queda muy claro que la potencia está detrás y que no existe amortiguación alguna de sonido. Y, aunque hasta las 4000 vueltas dicho sonido es bastante contenido, conducir con la ventanilla abierta era casi obligado en cuanto se le exigía un régimen alto al motor.

    El manejo del vehículo era igualmente exigente a consecuencia de una dirección nerviosa y un cambio duro. En definitiva, se trataba de un deportivo temperamental no apto para conductores poco avezados, tal y como es norma habitual en todos los deportivos derivados de proyectos destinados a la competición.

    El M1 no triunfó en el mercado y, aunque fue muy conocido gracias a su vinculación con la Fórmula 1, tampoco fue unos de los grandes en las carreras. Sin embargo, rebosaba carácter, deportividad y encanto… ingredientes más que suficientes para convertirse en uno de nuestros amores de juventud.

    El interior del M1 era cómodo, pero pequeño.

    CARACTERÍSTICAS TÉCNICAS

    El motor de seis cilindros en línea del M1.

    No te pierdas el resto de clásicos recordados en nuestra sección, Amores de juventud.

    Fotos: wheelsage.org

    Amores de juventud: el BMW M1