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Britishvolt se declara en quiebra. Aspiraba a ser un megafabricante de baterías

Britishvolt se declara en quiebra. Aspiraba a ser un megafabricante de baterías
Javier Costas
Javier Costas6 min. lectura

Se ha estrellado una de las iniciativas surgidas en el Reino Unido para producir baterías de vehículos eléctricos para cualquier fabricante interesado en sus servicios. Los fondos se han agotado y no han entrado más, por lo que se han declarado en bancarrota.

Desde mediados de la década pasada, la industria del automóvil en el Reino Unido está a la deriva, dejando atrás los buenos años a consecuencia del «Brexit» y la incertidumbre que se ha generado respecto al futuro del sector. Una de las vías de su supervivencia a largo plazo pasa por fabricar vehículos eléctricos de forma masiva.

Estando todas las grandes automovilísticas en manos extranjeras (Nissan, Toyota, Stellantis, MINI y Rolls-Royce, Bentley...) han surgido varias iniciativas en el país para intentar dar un vuelco a la situación. Una de ellas fue la de producir baterías masivamente para que el Reino Unido volviese a ser atractivo como fabricante europeo -aunque esté ya fuera de la Unión Europea-.

En ese caldo de cultivo creció Power by Britishvolt Ltd., fundada en 2019, y que llamaremos simplemente Britishvolt. Sus cofundadores fueron el banquero de inversión Orral Nadjari y Lars Carlstrom, ambos de nacionalidad sueca. William Harrison, un importante accionista, también es el propietario de la constructora ISG.

En una primera fase, Britishvolt anunció la construcción de una fábrica de baterías en Bridgend (Gales del Sur) o Coventry (Inglaterra), pero el año de fundarse la empresa, diciembre de 2020, fue elegida como ubicación definitiva Blyth. Cerca de esta población hay unos terrenos en desuso de una antigua central térmica.

ISG comenzó los trabajos de construcción en septiembre de 2021. El presupuesto de construcción era elevado, pero nada exagerado considerando la envergadura del proyecto: 2.000 millones de libras de un total de 3.800 millones para la empresa. La previsión era producir baterías para 300.000 vehículos al año, crear 3.000 puestos de trabajo directos y otros 5.000 indirectos. El papel lo resiste todo.

Cuando se trata de levantar un proyecto como este, es necesario tener asegurada la financiación durante todos los años en los que no se va a generar una sola libra. Al contrario, hasta ese momento, habrá que quemar camiones de billetes. Esa parte fue la que no se dejó atada y bien atada, porque se han quedado sin dinero.

Una de las causas del secado de la caja es que la financiación prometida por el Gobierno del Reino Unido no acabó llegando, ya que eran fondos que no se iban a dar a fondo perdido, sino con condiciones. Britishvolt no había logrado pedidos en firme de ningún fabricante de automóviles. ISG dejó de mover la maquinaria en verano por falta de liquidez de su cliente.

Sí se habían logrado, en cambio, memorandos de intendimiento o declaraciones de intenciones. Sabemos que cuatro empresas se habían interesado por la producción de Britishvolt, siendo uno de ellos Lotus, parte del grupo chino Geely. Dichos memorandos de entendimiento comprometerían 7 GWh de los 30 GWh previstos para la fábrica cada año.

También había un acuerdo con Aston Martin, fabricante que tiene que electrificar una gama que se va quedando obsoleta según el signo de los tiempos. Ambas empresas acordaron desarrollar celdas a medida de tipo cilíndrico a partir de 2025, y así dar vida a su primer coche deportivo eléctrico.

En este vídeo corporativo podemos ver lo que se ha dejado de hacer por la bancarrota de la empresa

Pero mucho antes de facturar una sola celda, Britishvolt estaba pagando más de 300 nóminas y triturando 3 millones de libras al mes (a una media de 10.000 libras por cabeza, una cantidad muy elevada). Después de la declaración de bancarrota, por lo menos 230 personas han perdido sus puestos de trabajo.

Ahora mismo Britishvolt está manos de un administrador concursal, Ernst & Young (EY), que tiene que lograr una reestructuración de la empresa. Un inversor podría hacerse con la empresa por un precio simbólico, aunque los actuales inversores harían frente a grandes pérdidas en el proceso. Y si no aparece tal inversor, se repartirá lo que quede. Y adiós, muy buenas.

En la carrera hacia la electromovilidad unas cuantas empresas se han ido quedando por el camino. Normalmente tropezaban empresarios que aspiraban a construir vehículos más o menos realistas, pero esta vez hablamos de un fabricante de baterías. Varias empresas pujan en esta carrera para acabar con el oligopolio factual que hay ahora mismo en China.