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    El coche y el verano: ¡Peligro! Ojo a estas posibles averías por el calor

    Ojo al calor, que potencia algunas posibles averías mecánicas.

    La mayor parte del territorio español alcanza en verano temperaturas extremas cercanas a los 35 o incluso 40 grados. Algo que a nuestro coche le puede hacer mucho daño si no estamos atentos o descuidamos algunos elementos del mismo.

    El coche y el verano son sinónimo de viaje y vacaciones. Pero cuando se trata de disfrutar y relajarnos tras un duro año de trabajo, lo que menos nos apetece es sufrir una avería durante el viaje.

    Por eso es importante llevar al día el mantenimiento del coche y su mecánica, minimizando con ello posibles averías durante el trayecto. Pero, a pesar de eso, seguimos expuestos a algunos problemas que son fruto del calor extremo y que en realidad no siempre guardan relación con el estado del vehículo. Vamos a verlo.

    Sobrecalentamiento del motor

    Todo aficionado al motor y a los coches sabe que uno de los hábitos más importantes a la hora de extender la vida útil del motor de nuestro vehículo es no forzar la mecánica con acelerones mientras la temperatura del mismo no sea la óptima.

    Esto sigue siendo importante en verano, por mucho calor que haga, pues la temperatura idónea ronda los 90 grados y es en esa franja cuando el aceite y el líquido refrigerante ofrecen su mejor rendimiento.

    Una vez en marcha y con el motor ya a su temperatura óptima de trabajo, es importante no forzar en exceso el motor y eso no pasa necesariamente por llevarlo bajo de vueltas, pues tan malo es revolucionarlo en exceso como demasiado poco, pues al mismo le faltará fuerza para mover el coche y tendrá que hacer un sobreesfuerzo que repercutirá negativamente en importantes elementos mecánicos como, por ejemplo, los pistones.

    Es muy habitual cometer dos errores con el aire acondicionado: encenderlo sólo en verano y no desconectarlo antes de apagar el motor

    Además, llevando el motor alegre de vueltas conseguimos que la bomba de agua mueva más volumen de líquido, refrigerando mejor el motor en consecuencia. Ni que decir tiene que llevar los niveles de aceite y líquido refrigerante adecuados, así como anticipar el cambio de los manguitos que estén ya resecos nos ayudará de manera decisiva a tener un viaje sin calentones.

    Independientemente de las causas, si vemos que la temperatura del coche sube por encima de lo normal, lo mejor es detener el mismo lo antes posible en un sitio seguro y verificar las posibles razones del problema o llamar a una grúa. De lo contrario, nos estaremos arriesgando a un gripado e incluso la rotura total del motor.

    El aire acondicionado

    Es muy habitual cometer dos errores con el aire acondicionado a la hora de utilizarlo. El primero es ponerlo en marcha exclusivamente cuando tenemos calor y queremos bajar la temperatura del habitáculo, algo que en España puede provocar que el sistema pasé varios meses sin utilizarse.

    Esto propicia que se generen malos olores, pero también que se produzca un mayor deterioro de las juntas de sellado del sistema. Para evitarlo, es conveniente conectar el aire acondicionado de manera regular durante todo el año, aunque no tengamos calor. Con sólo un minuto bastará para evitar problemas futuros.

    El buen funcionamiento del aire acondicionado es vital para viajar en verano.

    El otro error común es no desconectar el aire acondicionado antes de apagar el motor. A consecuencia de ello, el compresor se detendrá bruscamente y eso generará un estrés innecesario en el sistema que puede salirnos caro a largo plazo. Lo mejor es apagar el aire acondicionado y, pasados unos segundos, hacer lo mismo con el motor.

    Ya en clave de mantenimiento, es igualmente importante cambiar la correa del compresor cuando notemos que empieza a chirriar (patina sobre la polea al desgastarse), sustituir o limpiar el filtro del habitáculo con regularidad y comprobar si existen fugas en el sistema estanco del gas refrigerante si notamos que pierde eficacia a la hora de enfriar el habitáculo.

    El turbo

    Esto que hemos comentado sobre el modo de apagar el aire acondicionado guarda relación directa con el modo en que debemos actuar si tenemos un coche dotado de turbo. La razón es que la turbina del mismo gira a miles de revoluciones por minuto, muchas más que el motor en sí, por lo que apagar el motor nada más llegar a nuestro destino puede provocar una avería costosa.

    Esto se debe a que el turbo se calienta mucho, especialmente si circulamos de manera sostenida en autovía. Por tanto, para permitir que la turbina se detenga y baje la temperatura, lo mejor es esperar alrededor de un minuto con el motor al ralentí antes de apagar el motor. De ese modo, la vida de esta importante pieza será mucho más larga.

    Los neumáticos y los frenos

    Dos elementos que también sufren mucho con el calor son los neumáticos y los frenos. El primero porque está en constante rozamiento con el abrasador asfalto y el segundo porque su eficacia depende directamente de la fricción entre discos y pastillas.

    Para evitar problemas con los neumáticos, es vital llevar la presión adecuada en todo momento, así como evitar deterioros en la banda de rodadura o en el flanco. Cosas como la típica bola producida por un bordillazo en realidad se produce por la rotura de la estructura del flanco. Cuando la temperatura aumenta, esta acabará estallando por el exceso de presión.

    También es vital no sobrepasar la velocidad recomendada para el neumático, pues de lo contrario este no será capaz de aguantar la sobrepresión provocada por el calor y el rozamiento a alta velocidad, derivando en un peligroso reventón.

    Y es que las altas velocidades en autovía, que además se mantienen durante un largo periodo de tiempo, son grandes enemigas de unos neumáticos en mal estado o con insuficiente mantenimiento.

    La presión de los neumáticos es vital para su integridad.

    Lo mismo ocurre con los frenos, que en cuanto cogen demasiada temperatura sufren de fading, perdiendo eficacia y generando una situación peligrosa. Algo similar le ocurre al líquido de frenos si ya lleva tiempo sin cambiarse, pues habrá absorbido agua con el paso de los kilómetros y tendrá mayor tendencia a entrar en ebullición a consecuencia del calor. Obviamente, esto ocurre en trayectos con uso frecuente de los frenos, es decir, carreteras secundarias o de montaña, especialmente en bajada.

    Para terminar, no podemos olvidarnos del conductor, que al fin y al cabo también sufre el calor. Por ello, es vital mantener el habitáculo bien refrigerado y tener agua a mano para hidratarnos, así como realizar paradas frecuentes para estirar las piernas y descansar o evitar las comidas copiosas, tras las cuales es probable que nos entre sueño.

    Todo ello con el objetivo de tener un viaje satisfactorio y así empezar o terminar del mejor modo posible nuestras tan ansiadas y merecidas vacaciones.

    Fotos: Freepik