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    ¿Cómo serán las gasolineras del futuro?

    ¿Cómo serán las gasolineras del futuro?
    Estación de servicio TotalEnergies de Bussy-Saint-GeorgesJulien Luttenbacher (CAPA/Total)
    Javier Costas
    Javier Costas7 min. lectura

    A lo largo del Siglo XXI haremos la transición de los vehículos de combustión a los eléctricos, un proceso que llevará décadas. Uno de los símbolos de la era anterior, la gasolinera, está condenada a reinventarse o a acabar desapareciendo.

    Allá por 1994 había en Japón unas 60.000 gasolineras, pero en la actualidad quedan menos de la mitad y cierran unas 1.000 cada año. Es un proceso natural de consolidación y de supervivencia, que iba a darse con y sin los vehículos eléctricos. Pero estos últimos aceleran el proceso de ajuste del número de gasolineras. Las que sobrevivan tendrán mayor valor añadido.

    Los vehículos de combustión interna solo pueden repostar en gasolineras, no hay otra forma de conseguir combustible -legalmente- y deben cumplirse unas normas de seguridad. Las hay pequeñitas de ciudad, donde hay un mínimo de oferta de otros productos de primera necesidad, como aceites y lubricantes, y las hay enormes con multitud de servicios.

    En las áreas urbanas iremos viendo cómo las gasolineras pequeñas acaban cerrando, por no poder adaptarse a normativa, o cambiando los surtidores por puntos de carga, a ser posible rápidos y ultrarrápidos para que sea un servicio rentable. No necesitarán personal y pueden ser 100% desatendidas.

    En las grandes ciudades el número de vehículos de combustión interna se irá reduciendo, pero muy lentamente. Las restricciones circulatorias impactan primero a los vehículos más antiguos que no tengan un estatus de protección especial -vehículo histórico-, después al resto del parque. Muchos se irán a la periferia o poblaciones pequeñas, y otros tantos acabarán en desguaces.

    Por mucho que avance la electromovilidad en los núcleos urbanos, los vehículos eléctricos van a necesitar recargas rápidas para viajar más allá del límite de autonomía de sus baterías, y eso lo veremos sobre todo en las rutas principales. Allí los conductores tendrán que permanecer unos minutos esperando, en el caso más favorable, o hasta una hora en la mayoría de situaciones.

    En ese tiempo los conductores y sus acompañantes necesitarán estirar las piernas, tomar algo, ir al servicio o relajarse. Por lo tanto, las estaciones de servicio seguirán existiendo ocurra lo que ocurra, salvo un salto tecnológico importante en recarga por inducción mientras se circula o similar. Que haya servicios que den valor añadido al cliente mientras espera es clave para hacerles repetir, y una forma de complementar ingresos.

    Por normativa, las gasolineras van a ir añadiendo puntos de recarga de alta potencia. O bien se utilizan conexiones de tensión alta, o hay que utilizar baterías estacionarias para usar las conexiones actuales o autogeneración de energía renovable. Las baterías estacionarias pueden cargarse muy despacio y descargarse muy rápido para rellenar las baterías de los clientes.

    Las principales compañías petrolíferas están añadiendo servicios de electricidad tanto en sus gasolineras como para clientes domésticos e industriales en cualquier lugar

    La recarga rápida y ultrarrápida puede ser rentable a partir de cierto ratio de utilización diaria, una vez se cubren los costes de la electricidad y la propia instalación. A partir de ahí, se puede sacar beneficio. De forma muy lenta y paulatina, la clientela de combustión irá siendo menos importante que la de clientela eléctrica.

    ¿Y el hidrógeno? De momento lo más viable es que este combustible alternativo se emplee en vehículos de mayor tamaño, sobre todo industriales, y en turismos y motocicletas apenas se usará, al menos durante años. Existe la posibilidad de generar hidrógeno in situ con las suficientes placas solares o un molino eólico de cierta potencia. El hidrógeno puede coexistir con surtidores de gasolina, gas y gasóleo, también con puntos de recarga.

    Shell EV Charging Hub en Fulham (Londres)

    Menos claro está el futuro de la típica gasolinera fuera de las rutas largas, dependerá del uso que tengan. Hay una frontera difusa entre lo que es una recarga que no es suficientemente rápida para ciertos vehículos (que no admiten más), pero tampoco tan lenta como para dejar el vehículo aparcado durante horas. Es el caso de una gasolinera en Londres que ahora es una estación de servicio exclusivamente eléctrica.

    Recargar en una gasolinera siempre será más caro que hacerlo con un punto de recarga de baja potencia y durante la noche

    Al menos con electricidad, y tal vez con hidrógeno, las gasolineras podrán producir su propia energía y venderla, y todos los excedentes de producción se pueden verter a la red. En otras palabras, podrán vender todo lo que produzcan. Personal seguramente sigan necesitando para atención al público, limpieza, venta en caja, etc.

    Puede que veamos un día gasolineras 100% robotizadas, donde no haya empleados, pero eso no está tan cerca. Dicen muchos expertos que las profesiones de menor valor añadido se podrán automatizar y dejarán de hacerlas personas. Ya decidirá el cliente si prefiere tratar con personas o prefiere ser atendido por máquinas. Ahí estará buena parte del quid de la cuestión.