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El Gobierno lucha para mantener a Nissan en Barcelona

La ministra de Industria, Comercio y Turismo, María Reyes Maroto, tras el Consejo de MinistrosBorja Puig de la Bellacasa

Una vez más toca salvar a la planta de Barcelona de un posible cierre. La estrategia gubernamental consiste en hacer ver a la multinacional que marcharse le va a salir más caro que quedarse y mantener los puestos de trabajo.

Mientras la Alianza Renault Nissan Mitsubishi está tratando de mantenerse en el futuro, lo cual parece que progresa adecuadamente, está la espinosa cuestión de qué pasa con Nissan en el continente europeo. La planta de Barcelona es la única que les queda, ya que Sunderland (Reino Unido) está a nivel político fuera y económicamente en periodo de transición.

En el Viejo Continente el papel de Nissan ha estado a la sombra del de Renault, y las razones son evidentemente históricas. Nissan llegó como algo exótico y se implantó en Europa a través de la planta de Barcelona en 1980. Más tarde llegó la fundación de Sunderland. Para lo demás han tirado de plantas de Renault.

Hoy ha tocado Consejo de Ministros, y en la rueda de prensa posterior al mismo una de las preguntas ha ido para la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, en relación al futuro de la planta. Faltan dos días para que los japoneses anuncien si cierran Barcelona o si los trabajadores se van a librar por los pelos.

«Estamos trabajando en reforzar ese plan de inversiones para que el futuro de las plantas de Nissan en España esté garantizado y creemos que definitivamente podemos dar una tranquilidad a los trabajadores», indicó la ministra. En realidad, el Gobierno trabaja en dos planes.

El plan A consiste en lograr una adjudicación para la fábrica de Nissan, preferentemente un modelo eléctrico, lo cual supondría una inversión de 300 millones de euros. Eso podría dar a la planta viabilidad para otros 10 años, tiempo de sobra para que Nissan remonte el vuelo.

Se especula con que podría pedirse la adjudicación del modelo que derive del Ariya Concept, el destinado a reemplazar al Qashqai en el segmento eléctrico, o para hacer al Leaf como más atractivo en un mercado que prefiere los crossover por cuestiones de diseño. Justo lo que hay en su visión estratégica. La producción de furgonetas e-NV200 y pick-up se mantendría, de momento.

¿Y si Nissan decide echar el cierre igualmente?

El secretario general de Industria y Pyme, Raül Blanco, avisó que el coste de cerrar la planta sería de unos 1.000 millones de euros a repartirse entre costes laborales (principalmente indemizaciones por despido) y por ruptura de relaciones contractuales.

Blanco dijo: «Que Nissan sepa y le quede muy claro que marchar de España y de Europa le va a salir mucho más caro que invertir en la planta de Barcelona, y por tanto, cerrar Barcelona no va a resolver sus problemas globales, sino lo que va a hacer es complicarlos». Mientras tanto, Sunderland está muy amenazada por el «Brexit».

O cierra Barcelona, o cierra Sunderland

La megafactoría del Reino Unido, al paso al que van las negociaciones entre los británicos y los negociadores continentales, se quedará fuera del mercado único, haciendo que los coches que se produzcan allí sean menos competitivos. Los británicos ni comen ni dejan comer, y el tiempo se agota, lo que se suma al parón que ha provocado el coronavirus.

Nissan Motor Ibérica, en la Zona Franca de Barcelona

De acuerdo a eleconomista.es, el Gobierno está sondeando a distintos fabricantes chinos que quieran implantarse en España, si Nissan se va, organizando un periodo de transición. El espacio donde está la fábrica se alquila al Gobierno y al Ayuntamiento de Barcelona, no es de Nissan.

Hasta la fecha los chinos han entrado en Europa con un goteo de importaciones y una producción de muy baja tirada en el este, no tienen una fábrica grande. CATL, fabricante de baterías, tendrá listo una fábrica en Alemania en un par de años e invertirá 1.850 millones de euros. Pero fabricantes automovilísticos propios no hay.

Si aceptamos pulpo como animal de compañía, Geely tiene huella europea al haber comprado Volvo

Nissan tiene planes para despedir a 20.000 personas, lo que supone el 15% de sus trabajadores, de los cuales 600 ya han sufrido un ERE en Barcelona. La producción de la fábrica catalana lleva años cayendo y se encuentra a una quinta parte de su capacidad, por lo que es claramente deficitaria.

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