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Especial Skyfall. Los coches de James Bond (V): BMW Z8 1999

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La andadura de BMW y 007 se prolongó durante toda la década de los años 90 llegando a su final con la llegada del siglo XXI. Y qué mejor forma de poner punto y seguido a esta etapa que con uno de los modelos más exclusivos que BMW ha producido en serie en los últimos años: el roadster Z8.

Tras el éxito de crítica y público del BMW Z3 el 'matrimonio' entre James Bond y el fabricante alemán se extendió durante dos películas más. En “El mañana nunca muere” (1997), 007 cambió los deportivos por una señorial berlina. Aunque el buque insignia de BMW, el 750iL, dejó claro que el lujo no estaba reñido con la acción. Máximo equipamiento y hasta un sistema de control remoto con el que Pierce Brosnan lo lanzó desde la azotea de unos aparcamientos. El Serie 7 también había estado a la altura (nunca mejor dicho).

Pero en la siguiente entrega, “El mundo nunca es suficiente” (1999) se decidió que el agente secreto volviese a escena con una montura más deportiva y quiso el destino que, para aquel entonces, BMW tuviese listo uno de los automóviles más exclusivos de su historia. Un roadster biplaza solo apto para los bolsillos más pudientes y con una estética que combinaba a partes iguales lo retro y la vanguardia: el BMW Z8.

Tres fueron las unidades que la marca cedió para el rodaje de la película, por supuesto, no faltaron todos y cada uno de los gadgets imprescindibles, como los lanzacohetes o el ya popular control remoto. Personalmente, creo que este fue uno de los coches de James Bond con un final más espeluznante y es que ver como una sierra mecánica gigante, colgada en un helicóptero, lo partía en dos como si fuese de papel, fue una imagen de lo más 'escabrosa'.

En lo referente al coche en sí, BMW arriesgó más por fuera que por dentro. El motor fue el V8 del M5 E39 con casi cinco litros de cilindrada y 400 CV (uno de los mejores propulsores que han salido de Munich en los últimos años). Con las prestaciones aseguradas, lo siguiente fue dotarlo de una preciosa carrocería descapotable de la que se decía que se habían rescatando líneas del mítico 507 de los años 50, aunque lo cierto es que el parecido correspondía más a una estrategia comercial y el Z8 tenía lucía una escultural carrocería que no pasará de moda en mucho tiempo.

Exclusividad, deportividad y un desctructivo final para uno de los coches más espectaculares que ha conducido James Bond en su filmografía. Lo siguiente sería volver a los orígenes británicos del garaje de 007 pero eso te lo contaré en el próximo capítulo de los coches de James Bond en MOTOR.ES. ¡No te lo pierdas!

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