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El Ferrari 308 GTS del creador del Batmobile esconde un diseño adelantado a su época

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Este bizarro Ferrari 308 GTS fue propiedad y obra personal de George Barris, el célebre preparador estadounidense, creador de modelos como el Batmobile original.

Sin entrar a valorar lo bonito o no que pueda resultar, lo cierto es que cuenta con algunos elementos algo impropios para su época, que parecen haberse adelantado a su tiempo.

Su frontal es muy particular, pierde el paragolpes y los faros retráctiles.

Este es con casi toda probabilidad el Ferrari 308 GTS más extraño que llegaremos a ver nunca. Pertenecía a la colección particular de George Barris, el célebre preparador estadounidense responsable de modelos míticos como el primer Batmobile, y ahora está a la venta en un concesionario de San Luis, Missouri.

Su precio puede parecer escandaloso, 200.000 dólares, y de lograr alcanzar esa cifra se convertiría automáticamente en uno de los ejemplares más caros del modelo hasta la fecha, superando incluso las elevadas cotizaciones de los 308 GTB vetroresina, que en algunos casos ya duplican el precio de las unidades fabricadas en acero. Sin embargo, su relación con Barris puede ser determinante para elevar su cotización, ya que en los Estados Unidos es todo un mito.

Este modelo además también tuvo su minuto de fama, ya que participó en un episodio de la serie “El coche fantástico”.

En la trasera se aprecia más el ensanchamiento de la carrocería.

El acabado estético de este ejemplar es digno de estudio, pues sin entrar a valorar el resultado (que cada uno opine lo que considere), lo cierto es que cuenta con algunos elementos que llaman mucho la atención a día de hoy. Hay que tener en cuenta que esta obra se realizó a finales de la década de los setenta, fue adquirido en 1978 y poco después fue preparado por el taller de Barris.

El primer detalle que llama la atención es su carrocería ensanchada, que es tan sutil que pasa incluso desapercibida. Solo se nota en ciertas perspectivas del modelo. Pero lo más interesante es lo que no se ve a simple vista. En primer lugar Barris eliminó los pequeños paragolpes negros externos, una necesidad para poder homologar el vehículo en mercados como el norteamericano, donde además eran más prominentes que en Europa. La imagen resultante de esa zona (tratando de no fijarnos en la extraña y psicodélica combinación de colores) resulta muy moderna, con un acabado más propio de décadas posteriores.

El segundo detalle es la ausencia de faros retráctiles, estos han sido sustituidos por unas tapas fijas que continúan el juego de las rejillas que encontramos sobre el capó. Los faros realmente se sitúan tras la parrilla delantera, en conjuntos de dos faros cuadrados. La misma configuración que mostró el Ferrari 288 GTO varios años después, un modelo basado estéticamente en el 308. Aunque en el caso del ejemplar de Barris, estos se ocultan tras la propia rejilla de la parrilla.

Faros tras la rejilla delantera.

En esa zona encontramos además otro detalle muy curioso, Barris añadió un spoiler bajo la parrilla, cuyas formas son muy similares a las que Ferrari terminó empleando en siguientes versiones del 308.

El color dorado y la bandera italiana son los motivos principales de este diseño

Otro detalle que nos resulta muy llamativo para un modelo de los años setenta es la constante presencia de la bandera italiana. En un país como el estadounidense donde se venera la bandera nacional por encima de todo, añadir una bandera extranjera de esta manera a un vehículo no era ni mucho menos habitual. De hecho, la costumbre de añadir la bandera de procedencia del vehículo como otro elemento decorativo es bastante reciente. El último ejemplo lo tenemos con el Lamborghini Huracán Performante, que dispone de la bandera italiana a modo de línea de estilo en varios puntos de su carrocería.

Por último, en su interior, plagado de cuero de dos colores y de aparatos electrónicos, lo que realmente nos ha llamado la atención es el tablero de mandos digital. Y no porque no existieran en 1978, sino porque todavía eran toda una rareza. El primero que se montó en un modelo de producción fue en el Aston Martin Lagonda de 1976, y en 1978 el Cadillac Seville estrenó este elemento. El cuadro de mandos del Ferrari 308 de Barris está formado por diversos displays separados que dan diversas lecturas, como la velocidad.

El tablero de mandos digital no era nada habitual en los setenta.

De resto, este 308 GTS es un compendio de la estética rococó que imperaba en aquel entonces. Hablamos de una época en la que los automóviles norteamericanos eran auténticas cajas con ruedas en lo referente a lo estético, y no porque no supieran hacerlos con líneas más suaves y fluidas, sino porque era precisamente la corriente imperante del mercado. Modelos de lujo como el Lincoln Continental coupé eran mastodontes de 5 metros de largo plagados de superfluos detalles cromados.

Como podemos ver en las imágenes de detalle, el 308 GTS de las imágenes dispone de multitud de estos detalles que pasan desapercibidos a simple vista, como las filigranas pintadas a mano que rodean gran parte de las aristas y que forman una especie de lazo bajo el emblema delantero de la marca o alrededor de los faros, como si de un envoltorio de regalo se tratara.

El color dorado se extiende, en varios tonos, por el cuerpo del modelo. Desde las propias llantas BBS hasta la carrocería y la piel del interior, y la doble antena trasera seguramente se deba a la necesidad de crear una simetría. Por otra parte, el televisor y el teléfono son añadidos posteriores.

No hay un panel que no disponga de la filigrana pintada a mano.

En suma y sin entrar a valorar la estética, lo cual es algo muy personal, el modelo es toda una pieza de colección. No solo por el modelo sobre el que está realizado o por estar firmado y haber pertenecido a una personalidad como George Barris, sino por el valor que tiene como muestra del diseño de la época, y como no, de su propio autor.

El vehículo, a pesar de su edad, se encuentra en muy buen estado, y su kilometraje es muy bajo, solo 12.874 kilómetros, por lo que también es de los ejemplares de la época con menor kilometraje disponible actualmente. Aunque su particular naturaleza le confiere el valor de pieza de museo.

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