El futuro de la industria británica del automóvil tras el "Brexit", en el aire

Permanece la incertidumbre acerca del futuro de la industria británica del automóvil después de consumarse el "Brexit". El Gobierno del Reino Unido no es unánime en sus pretensiones, y la Unión Europea es el lado más fuerte en las negociaciones.

Verja protectora de Downing Street en Londres  - Fotografía: Simon Gibson (Flickr) CC BY ND

El Reino Unido continúa en su pretensión de salir de la Unión Europea a partir de 2019 y tener un acuerdo que le sea ventajoso, aunque ninguno será tan ventajoso como en las condiciones actuales. El ejecutivo de Theresa May no reconoce el más que probable error estratégico que es separarse del bloque continental.

Los británicos continúan perfilando la propuesta que harán a los negociadores europeos, lo que más les interesa es permanecer en la unión aduanera, para que las mercancías fluyan libremente de un lado a otro de la frontera. Sin embargo, rechazan la libre circulación de personas, y ahí la UE marcó una línea roja.

Salir de la unión aduanera implicará un 10% de aranceles en importaciones y exportaciones, que afectará duramente tanto al mercado interno (los coches se encarecerán) como a sus exportaciones (serán menos competitivas). Y más de un fabricante podría plantearse hacer las maletas.

Fábrica del Grupo PSA en Ellesmere Port, donde se fabrica el Opel/Vauxhall Astra ST

Los fabricantes japoneses son un importante elemento de presión: Nissan, Toyota y Honda. Entre ellos producen prácticamente la mitad de unidades del país, unos 1,67 millones. Su implantación se favoreció durante el mandato de Margaret Thatcher, que les ofreció condiciones ventajosas para hacer negocios, y la entrada en la UE obviamente fue un revulsivo, aunque no para todos.

Prácticamente no quedan fabricantes británicos, la industria nacional sufrió una gran extinción durante los 80 y 90 por su incapacidad de competir. Tenían problemas de calidad, ciclos de producto larguísimos, marcas que competían entre ellas... y al final las marcas cerraron o quedaron en manos extranjeras, salvo algunas de baja producción o boutique.

Los japoneses son muy pragmáticos, si producir coches en el Reino Unido deja de ser rentable, se irán a otro lado. También está dejándolo caer PSA, que dice que las fábricas británicas son poco competitivas. Una de ellas, Ellesmere Port, ya trabaja a un turno y cientos de empleados se van a la calle. Ford, otro a considerar, se plantea llevarse su división financiera a Alemania.

Los cálculos iniciales de la patronal británica del automóvil cifran el impacto del Brexit en 3.500 millones de libras anuales

Por lo tanto, si los negociadores británicos no consiguen un acuerdo de comercio ventajoso, como una zona libre de comercio, tendrá enormes problemas a futuro para todo lo que no sea exportar fuera de la UE o alimentar el mercado doméstico (y no es tan grande). Noruega, por ejemplo, funciona de esa forma, no está en la UE, pero tiene un acuerdo de libre comercio (zona EFTA).

Otra cuestión es la alineación con la UE en cuanto a homologaciones y normativas, en principio eso seguirá tal cual porque al Reino Unido no le interesa tener su propia regulación más allá de los volantes a la derecha. Eso implicaría más barreras de entrada y menor competitividad.

Se aprecian divergencias en el partido conservador en lo relacionado con el "Brexit"

Jeremy Hunt, ministro de Sanidad, aclaró el viernes en la BBC que habrá sintonía con la UE en esas materias, aunque de forma voluntaria. Es una forma de minimizar los daños. A nivel global la tendencia es a unificar homologaciones y normativas para reducir los costes de desarrollo. La postura de Reino Unido resulta por tanto lógica.

La Unión Europea tiene la sartén por el mango, y aún existe la posibilidad de revertirlo todo y anular todos los efectos del Brexit. Sin que este se haya consumado, ya ha tenido consecuencias importantes en la economía local, empezando por un desplome en la cotización de la libra esterlina frente al euro o su demanda interna.

Los gobernantes británicos han parecido olvidar un pequeño detalle, y es que el mundo ha cambiado mucho desde que UK dejó de ser un imperio que podía dictar reglas. Es una economía fuerte, sin duda, pero fuera de la UE, Gran Bretaña vuelve a ser lo que es: un archipiélago grande.

Habría que apelar al sentido común de su clase dirigente para detener este dislate y tender puentes con sus aliados continentales en todos los frentes. Lo malo es que eso es mucho pedir. A menos que se incendien las calles y acabe cayendo el gobierno conservador, Reino Unido continúa en línea recta hacia el desastre y viviendo su propia realidad paralela.

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