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¿Ha tocado techo la producción de automóviles? Bosch cree que sí

Diversos eventos han condicionado una tendencia ascendente que se veía observando desde hace años, en especial por el tirón de potencias emergentes como Rusia, China, Brasil o la India, en algunos casos ya estancadas. 2017 fue el mejor año para la OICA.

Producción y ventas globales de automóviles de 2005 a 2017. Fuente: OICA

Este impactante gráfico fue exhibido en el Salón del automóvil de Ginebra de 2018 durante la rueda de prensa del presidente de la OICA, Matthias Wissmann. La Organización Internacional de Constructores de Automóviles (OICA) se veía optimista respecto a los futuros escenarios, en los que se seguirían produciendo más unidades y se pasaría de 98 millones.

Se equivocaron. En 2017 se logró el pico de producción, 97.302.534 unidades, habían crecido los registros de producción y ventas en todas las regiones, salvo en Norteamérica, donde cayeron ambas, y en África, donde cayeron las ventas por cuarto año consecutivo pero se aumentó la producción. Sabían que había riesgos aunque la economía global estaba en auge.

Cayó la producción en 2018 y 2019, y, de acuerdo al proveedor global Bosch, durante 2020 la producción caerá por tercer año consecutivo. En consecuencia, Bosch sospecha que ya se ha alcanzado el pico histórico de producción de automóviles, y que a partir de ahora las cosas se irán racionalizando un poco.

Los datos del primer semestre de 2019 ya estaban dando señales muy claras de un retroceso en el sector, y eso respecto al primer semestre de 2018

¿Eso en qué se traduce? Que este año el mercado mundial se habrá contraído en 10 millones de unidades respecto a los niveles de 2017. Bosch no espera que crezcan de nuevo las cifras hasta el año 2025. El negocio aguanta bien pese al descenso porque cada vez los automóviles necesitan más sistemas de los proveedores.

En las cuentas de Bosch el frenazo se ha notado, en su beneficio antes de intereses e impuestos (EBIT) han pasado de los 5.400 millones de euros a 3.300 en solo un año, mientras que su margen comercial ha encogido al 4 % cuando antes era el 7 %. Donde más se nota el retroceso es en China y en la India.

En estos países el mercado ha crecido mucho (en el caso de China, era un crecimiento ya burbujil), hasta que habitantes y autoridades se han dado cuenta de que una enorme masificación de vehículos puede hacer sus grandes ciudades en zonas irrespirables, y donde hubo que tomar medidas impopulares. Las tensiones comerciales también han tenido algo que ver.

Evolución de las matriculaciones de coches nuevos a nivel global de 2008 a 2019. Fuente: GlobalData

No le faltan motivos a Bosch ni a otras empresas de la industria automovilística para pensar que van a producirse y venderse menos vehículos en un futuro próximo. La constante acumulación de personas en las ciudades reduce la necesidad de usar coches, y todavía más de tener coches. Más personas pueden beneficiarse de la misma flota.

El modelo "a la americana", donde cada familia tiene por lo menos un vehículo, está empezando a colisionar con las nuevas realidades sociales, demográficas y económicas. Cierto es que en el mundo en vías de desarrollo la relación entre vehículos y habitantes se tiene que ir estabilizando al alza, pero eso no compensará el freno en el "primer mundo" o su estancamiento, según región.

Razón de más para que los fabricantes se conviertan en algo más que simples productores y vendedores, deben incorporar a su filosofía el ser proveedores de soluciones de movilidad. ¿Cómo conseguir que la clientela use sus productos y servicios? ¿Qué medios son necesarios? ¿Hacen falta nuevas tecnologías o apostar más por desarrollos existentes? ¿Hay modelos de negocio no explorados?

¿Se han perdido cuatro ventas de automóviles en este ejemplo? ¿No se habrían producido igualmente?

Y no solo se trata de un reto de sobrevivir con menor negocio industrial, es cómo va a impactar eso a niveles laborales. Se precisan muchos menos trabajadores para producir vehículos eléctricos respecto a los necesarios para montar motores convencionales, mucho más complejos y con muchísimas más piezas. Y si encima bajan las ventas...

Los coches autónomos siguen llegando muy despacio, y cuando lo hagan reducirán aún más la necesidad de poseer un coche. El efecto combinado acabará con despidos o que se jubilen generaciones de operarios cuyos conocimientos ya no van a ser necesarios o no les compensa la reconversión a los nuevos tiempos.

Y todavía falta otra importante derivada, la lucha contra el cambio climático, que implica hacer un uso más eficiente de los recursos energéticos, y eso tiene que ver con el transporte en general. Ahora mismo los aviones de corto y medio recorrido, la marina mercante y los cruceros están empezando a verse con mucho recelo. En cambio, trenes y automóviles pueden mejorar mucho su fama...

Fuente: OICA

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