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    IndyCarPenske propone devolver el GP de Detroit a las calles del núcleo urbano

    Penske propone devolver el GP de Detroit a las calles del núcleo urbano
    Belle Isle ha acogido el GP de Detroit durante tres décadas, pero eso puede estar a punto de cambiar...IndyCar Media
    Adrián Fernández
    Adrián Fernández12 min. lectura

    Los organizadores del evento, Penske Corp, han presentado una propuesta formal para trasladar la carrera, ubicada actualmente en Belle Isle.

    El trazado propuesto transcurre alrededor del Renaissance Center, al igual que el circuito empleado por la Fórmula 1 en los años 80.

    Belle Isle termina contrato en 2022, y existe la opción de prolongarlo dos años más.

    Alabado por unos y detestado por otros, el circuito semi-urbano de Belle Isle ha acogido el Gran Premio de Detroit desde su undécima edición en 1992, en las carreteras de este parque estatal isleño situado en el río Detroit, a las puertas de la bahía y junto a la frontera canadiense. Esta situación podría cambiar en 2023 debido a una propuesta de Penske Corp, propietarios de la IndyCar Series y organizadores del evento desde 2007. El objetivo: que la carrera vuelva a disputarse en las calles del centro financiero de Detroit, donde la Fórmula 1 e IndyCar compitieron en los primeros 10 años de existencia del GP.

    En una reunión celebrada este martes en el Consejo Ciudadano de Detroit, Bud Denker presentó los planes trazados por Penske Corp en calidad de director del órgano promotor del Gran Premio. Con la intención de mantener a IndyCar e IMSA como las dos competiciones profesionales estrella del mismo, estos planes serán discutidos de nuevo en otra reunión del Consejo Ciudadano el próximo viernes. En el documento, se incluye una propuesta de trazado de apenas 2.7 kilómetros alrededor del famoso Renaissance Center, emblema del 'skyline' de la ciudad, transcurriendo por la misma zona que el trazado empleado entre 1982 y 1991, aunque con un diseño mucho más simplificado y compartiendo muy pocos metros de pista con respecto al circuito de 4 kilómetros.

    El trazado transcurriría principalmente por dos largas avenidas, Jefferson y Atwater, unidas por ocho curvas compuestas en su mayoría de giros de 90 grados. Los pits, en la misma zona de los originales, y la línea de meta estarían ubicadas en la avenida de Atwater, pero las salidas lanzadas se efectuarían de forma separada en Jefferson, al estilo de Mid-Ohio o del circuito urbano de Nashville estrenado este año. Según la propuesta de Penske Corp, este diseño permitiría que más del 50% de la carrera pueda verse gratis sin abonar entrada, incluyendo a tal efecto un puente pedestre ubicado sobre la avenida Jefferson.

    Uno de los principales motivos detrás de esta propuesta es el gran éxito del debut de Nashville a nivel organizativo y publicitario, así como los excelentes retornos económicos que esta prueba, y otros trazados urbanos como St. Petersburg y Long Beach, han supuesto para el turismo, las economías y los negocios de esas zonas en este segundo año de pandemia. A su vez, el contrato para acoger la carrera en Belle Isle termina en 2022, y cada periodo de renovación se ha encontrado con fuertes oposiciones de organismos locales y medioambientales, argumentando la preservación del ecosistema natural del parque, así como el gran periodo de tiempo en el que se impide su uso lúdico para preparar y desmantelar el circuito.

    Los organizadores tienen la potestad de prolongar dos años más el contrato actual con el estado de Michigan, lo que mantendría la carrera en Belle Isle hasta 2024, pero contemplan la opción de volver al 'Downtown Detroit' como una alternativa viable. «El Gran Premio de Detroit ha asentado una gran tradición en 'Motor City', y estamos entusiasmados de añadir al legado del evento en los próximos años», aseguran en el comunicado oficial. «Una competición veraniega anual en las calles de Detroit representaría una conexión con la rica herencia del Gran Premio, la oportunidad de conectar con audiencias más amplias y proveer un impulso aún más grande a la economía local, a la par que contribuir a la energía e inercia que existe en la urbe y en nuestro hermoso paseo marítimo».

    El Gran Premio surgió en 1982 gracias a la iniciativa de un comité local que quería promocionar al mundo el Renaissance Center, un macrocomplejo de siete rascacielos de uso comercial, construido por empresarios locales y concebido como "la ciudad del futuro". Gracias a la cooperación del mismísimo Henry Ford II, la carrera debutó directamente como evento de Fórmula 1, algo totalmente inusual en una época en la que hasta los circuitos temporales debían albergar al menos una edición de prueba, y se sumaba a las carreras en Long Beach y Caesars Palace como tercer evento en los Estados Unidos, algo que no volvió a ocurrir en Fórmula 1 hasta que Italia lo hizo en el pandémico 2020.

    En sus primeras siete ediciones, Detroit acogió al Mundial de Fórmula 1. John Watson ganó la primera carrera en 1982 pese a salir 17º, y Ayrton Senna encadenó tres triunfos entre 1986 y 1988. Con todo, el evento se ganó una mala reputación por las durísimas condiciones que presentaba para pilotos y mecánicas: múltiples frenadas, escapatorias escasas o insuficientes, un pésimo mantenimiento del asfalto y un sofocante calor en el mes de junio. Aunque nunca tuvo el nombre de Gran Premio de los Estados Unidos, fue la única cita estadounidense de F1 entre 1985 y 1988 antes de que FISA lo eliminase del calendario. El motivo principal: la negativa de la ciudad a pagar unos pits permanentes que reemplazasen las inadecuadas estructuras temporales, y las protestas ciudadanas que impidieron que Belle Isle fuese sede de la carrera.

    Tras su salida del calendario, los organizadores aún tenían tres años más de contrato que cumplir con la ciudad, y optaron por los 'Indycar' como nuevo plato principal. Pese a eliminar una impopular chicane antes de la recta principal, los aficionados no estaban conformes con el trazado, la superficie o la pobre visibilidad desde las gradas. Del mismo modo, la carrera presentaba importantes pérdidas económicas, tenía bajas audiencias por coincidir con el U.S. Open de golf, y la edición de 1991 vivió un dantesco suceso en el que Mario Andretti colisionó en la salida de una curva ciega con un vehículo de recuperación. Este intentaba sacar el monoplaza de Dennis Vitolo, contra el cual chocó Michael Andretti segundos después.

    Dado que IndyCar no necesita de pits permanentes, y tras un compromiso para invertir en las renovaciones que necesitaba la isla, se recibió permiso para mover el evento en 1992 a Belle Isle. Con ello no desaparecieron las críticas, en este caso por un circuito muy revirado y lento. Para cuando ese problema se solventó en 1998 con una segunda recta más larga, surgieron otros: las transiciones entre las secciones de asfalto y cemento eran muy resbaladizas, la superficie se bacheó notablemente, los aficionados no contaban con buenos accesos al circuito, y las instalaciones en general estaban muy mal mantenidas. Sumado a una bajada de la asistencia presencial, Detroit no renovó su contrato tras 2001, pese a barajarse un regreso a un trazado 100% urbano.

    Fue la Superbowl XL de 2006 albergada en la ciudad de Detroit, y la exitosa implicación de Roger Penske en su comité organizador, la que permitió el regreso en 2007 al trazado original de Belle Isle. Solo duró dos años debido a los efectos que la crisis económica tuvo en una industria del automóvil esencial para la ciudad, pero las mejoras en las escapatorias, el paddock y los accesos sentaron las bases para un tercer regreso en 2012, con el apoyo financiero y logístico de General Motors. Tras levantarse varias veces el asfalto de la sección interior en carrera, la edición de 2013 volvió a emplear la versión 1998-2001 con la recta larga.

    Además, ese mismo año se adoptó un formato de carrera doble que ha mantenido hasta la fecha, pero que perderá el próximo año. Su ubicación a principios de junio ha situado siempre a Detroit en esta época como la primera cita posterior a las 500 millas de Indianápolis, salvo en un 2020 en el que no se disputó por la pandemia. Pese a que las condiciones de la pista se han deteriorado de tal forma que ha recibido comparaciones con las del aeródromo de Sebring, los aficionados han disfrutado en estos últimos años de mejores carreras en este circuito, y los pilotos se han mostrado muy receptivos al desafío que ofrece, con secciones rápidas y lentas, baches y oportunidades de adelantamiento.

    A su vez, los organizadores han reducido notablemente el periodo de ocupación del parque, y celebran anualmente una gala en beneficio del Conservatorio de Belle Isle para proteger su ecosistema, suponiendo esto 5 de los 13.5 millones de dólares invertidos en la isla desde 2007. Pese a ello, los organizadores ven en el regreso a la ciudad la posibilidad de potenciar aún más un Gran Premio de Detroit cuya viabilidad a largo plazo en su ubicación actual siempre ha estado en duda. Siendo esta la única carrera impulsada formalmente por Chevrolet, su importancia para Roger Penske es capital, y este plan podría suponer una solución definitiva... si se evitan los errores del pasado.

    Fotos: IndyCar Media