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    El control de presión de neumáticos TPMS y su mantenimiento, te contamos sus secretos

    El control de presión de neumáticos TPMS y su mantenimiento, te contamos sus secretos
    Detalle del testigo luminoso TPMS, el control presión de neumáticos
    Fran Romero
    Fran Romero4 min. lectura

    Hace siete años que el control de presión de los neumáticos se convirtió en un dispositivo obligatorio en todos los coches nuevos vendidos a partir de 2014 en la Unión Europa. Conocido bajo las siglas TPMS, indica cuándo la presión de aire de una de las ruedas se encuentra en mínimos. Aunque su funcionamiento no es perfecto, te contamos lo que no sabes de este sistema, que requiere mantenimiento.

    Todos los coches nuevos que se venden en la Unión Europea desde 2014 están equipados con el sistema de control de presión de neumáticos. Un equipamiento que se estandarizó en todos los modelos, obedeciendo a una directiva europea tras concluir un estudio en el que apuntaba que los conductores -o propietarios- no revisaban las presiones cada 14 días. Con el sistema, a pesar de que se recomendaba también la pertinente revisión, al menos se delegaba la responsabilidad a este sistema.

    La gran mayoría de los coches nuevos cuentan con dos sistemas de medición de la presión de los neumáticos, uno directo y otro indirecto. El primero, el «TPMS», es el que mide la presión a través de los sensores instalados en la válvula de los neumáticos, mientras que el segundo no cuenta con estos sensores específicos, sino que se vale de los del ABS que vigila la velocidad de giro de las ruedas para detectar los fallos. Por ejemplo, una bajada en la presión informa como un fallo en el ABS.

    Foto funcionamiento sistema TPMS
    El control de presión de neumáticos TPMS recalibra la presión suministrada hasta tres veces

    El TPMS, el control de presión de neumáticos que necesita mantenimiento

    Pero la Unión Europea quiso un sistema más concreto que indicase cuál de las ruedas perdía presión, informando más concretamente al conductor. Así nació el «TPMS», como se conoce abreviadamente, montando sensores en las válvulas de las ruedas. Al detectarse una bajada de presión según el estándar que guarda en la centralita, se avisa con el encendido de este testigo en el cuadro de instrumentos señalando cuál de los cuatro neumáticos es el del problema.

    Diversos estudios han manifestado que su funcionamiento no es perfecto, pues falla más de lo deseable. Y, a buen seguro, a más de uno le habrá avisado incorrectamente. Pero el gran problema no es solo que falle, sino que pocos saben que requiere mantenimiento cada vez que se cambian las gomas. Si bien lo que recomienda la Unión Europea es que se cambien los sensores por unos nuevos, algo que es relativamente fácil porque se encuentra en las válvulas y estas también deben ponerse nuevas.

    La norma permite que se limpien, pero esto puede llevar a un mal funcionamiento del sistema y a lecturas falsas, el motivo por el que se recomienda el cambio, y obligatorio en caso de daños. Los más atrevidos incluso capan el funcionamiento montando válvulas sin los mencionados sensores, lo que hace saltar la alarma en la inspección técnica cuando se conecte el vehículo a la toma de datos OBD, registrando una falla en el «TPMS». Pero no es el único coste el de la reposición de los cuatro sensores, sino que dado que transmiten la información de forma inalámbrica, su operatividad depende de la energía de una pequeña batería, cuya vida útil es de un máximo de seis años.

    Fuente: Autoforum.cz