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    Amores de juventud: el Mazda MX-5

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    Las cuatro generaciones del Mazda MX-5.Wheelsage.org

    Ni derroche de potencia, ni extravagancia, ni precio desorbitado. El Mazda MX-5 ha conseguido un lugar entre los grandes automóviles gracias a su sencillez y capacidad de hacer sonreír al conductor. ¿Quieres conocer la historia del roadster más vendido de la historia?

    El Olimpo de los dioses del motor está plagado de máquinas descomunales en un sentido u otro. O en varios a la vez. Sin embargo, entre ellos habita un pequeño descapotable que fue lanzado al mercado en 1989 y que aún sigue ofreciendo satisfacciones a sus creadores, los japoneses de Mazda.

    Y es que, no en vano, el MX-5 es el roadster más vendido de la historia de la automoción, habiendo superado el millón de unidades comercializadas en 2015. Cuatro generaciones abarcan una historia que vamos a repasar a continuación.

    El MX-5 NA, un japonés yanqui

    Como es habitual en los coches japoneses, la denominación cambia en función del mercado al que vaya dirigido y en el caso del Mazda MX-5, como le conocemos en Europa, las unidades destinadas a Estados Unidos y Japón se llamaron Mazda Miata. Además, la firma nipona creó el Eunos Roadster, una versión premium.

    Pero, independientemente de eso, el MX-5 destaca por haber triunfado con un concepto de coche que ha permanecido inalterable a lo largo de los años, proporcionándole un encanto especial y siendo venerado.

    Así de placentero puede ser un viaje con el MX-5 por los Alpes.

    Curiosamente, el origen de este pequeño descapotable está en la división estadounidense de Mazda, que en 1982 realizó un estudio para determinar cómo debía ser el próximo modelo deportivo de la marca. En aquel momento, la firma nipona contaba con una serie de modelos funcionales, como el 323 o el 626, pero también con el poderoso y singular RX-7 de motor rotativo.

    Los estadounidenses comenzaron a desarrollar un prototipo de tracción trasera y motor delantero en posición longitudinal, con los ingenieros de Japón optando por experimentar con dos alternativas simultáneamente: un todo delante y un tracción trasera con motor central. Cuando Toyota presentó el MR2 en 1983 dotado de esta última configuración, el encanto del descapotable pequeño y divertido de Mazda Norteamérica recibió el espaldarazo definitivo y se convirtió en la opción elegida.

    El ADN del Mazda MX-5 ya había sido creado, teniendo como premisa principal y casi única divertir al conductor, dibujarle una sonrisa en la cara. Nada de practicidad, tecnología punta o prestaciones de infarto: el pequeño Mazda era un juguete para amantes del volante.

    Biplaza y propulsión trasera

    El MX-5 fue presentado en el Salón de Chicago de 1989 como deportivo biplaza de propulsión trasera y un motor delantero situado en posición central longitudinal. Atrás habían quedado siete años de trabajo y tres evoluciones del prototipo para dar como resultado un coche que recordaba a los pequeños y ágiles descapotables británicos e italianos de décadas pasadas: Triumph TR6, MG A, Lotus Elan o Alfa Romeo Spider, entre otros.

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    El diseño destilaba simplicidad por los cuatro costados, con toda la carrocería del mismo color, los paragolpes -y los faros delanteros- integrados en la misma y sin arco de seguridad. Además, la capota podía manipularse desde el interior y sin esfuerzo, aislando por completo del ruido y el agua cuando se cerraba sobre el habitáculo.

    Eso dejaba claro el nivel de acabados del MX-5, bueno en general y combinado con una postura de conducción perfecta en la que destacaba el volante en posición muy vertical. Ni que decir tiene que el espacio para equipaje era escaso.

    Poca potencia… ¡pero qué importa!

    Una vez en marcha, el Mazda MX-5 era un ladrón de guante blanco de miradas sólo por su silueta. Y, en lo que respecta al conductor, el placer estaba asegurado a pesar de no contar con una potencia destacable, pues con 115 CV no había mucho de lo que presumir, en principio.

    La realidad es que el MX-5 era todo un prodigio de comportamiento dinámico, con una dirección muy rápida y una palanca de cambios corta, suave y precisa asociada a una caja de cinco velocidades. El motor, un 1.600 de cuatro cilindros, ofrecía una aceleración progresiva casi más propia de un coche eléctrico, subiendo de vueltas con dinamismo y alegría a partir de las 4500 rpm y hasta las 7000 rpm.

    El MX-5 era pequeño, pero muy divertido.

    Los frenos de disco en las cuatro ruedas, potentes, progresivos y resistentes, combinaban a la perfección con el carácter del chasis, de corta batalla y muy rígido, lo que confería al MX-5 una adictiva mezcla de nerviosismo y agilidad en las curvas. Mientras no le provocáramos, los poco menos de 1000 kg de peso perfectamente compensados entre ambos ejes y suspendidos sobre suspensiones independientes en las cuatro ruedas, nos permitían ir sobre raíles para ir cogiendo confianza poco a poco.

    Con los datos en la mano, el MX-5 no podía competir con el resto de deportivos de los 80, obsesionados con las prestaciones. Sus 115 CV daban para rozar los 10 segundos de aceleración de 0 a 100 km/h y la velocidad punta se quedaba en poco más de 180 km/h, pero en lo que a sensaciones se refiere era difícilmente batible.

    La segunda y tercera generación, el MX-5 NB y NC

    En 1997 llegó la segunda generación de nuestro protagonista, que tres años antes había vivido un restyling que incluía doble airbag, diferencial de deslizamiento limitado y un nuevo motor 1.8 de 135 CV. De igual modo, nació la mítica MX-5 Cup de competición, que aún hoy sigue disputándose en algunos países del mundo.

    El NB dijo adiós a los faros escamoteables por imposición de seguridad, pero conservó sus líneas sencillas y suaves. El peso superó la tonelada por poco y el motor 1.8 se elevó hasta los 140 CV, siendo algo más cómodo e incorporando la caja de cambios manual de 6 velocidades en 2001. Esto también vino acompañado de una revisión del motor, que subió hasta los 145 CV.

    En 2005, la tercera generación tomaba el relevo con un diseño mucho más agresivo y dos motorizaciones principales, la 1.8 de 126 CV y la 2.0 de 160 CV. Al igual que la potencia, el peso también subía y el techo plegable pasaba a ser rígido.

    Su popularidad no alcanzó en ningún momento la de las dos primeras generaciones, pero el MX-5 NC seguía siendo un biplaza divertido y digno heredero de sus predecesores. El nuevo chasis aportaba aún más rigidez y la capota, que aislaba por completo a los ocupantes del ruido aerodinámico, se desplegaba en sólo 10 segundos.

    Con la llegada del 20º aniversario, Mazda lanzó una actualización coincidiendo con su venta número 900.000 en 2009, rediseñando el frontal e imprimiendo al MX-5 un estilo más deportivo.

    Un millón de unidades vendidas

    La cuarta generación del MX-5, denominada ND, fue presentada a finales de 2014 y poco después el modelo alcanzó el millón de unidades comercializadas. Este nuevo modelo pretendía acercarse de nuevo a los orígenes y se hacía más ligero y pequeño que el NC.

    Las motorizaciones disponibles incluían un bloque 1.5 de 133 CV y uno 2.0 de 160 y 184 CV respectivamente, mientras que las suspensiones, el chasis, la dirección y los frenos se desarrollaban con una obsesión en mente: volver a ofrecerle al conductor las mejores sensaciones posibles, con la diversión y la sencillez como pilares básicos.

    El Mazda MX-5 no era el mejor en la mayor parte de cosas que suelen tenerse en cuenta en un deportivo biplaza, pero siempre fue un referente a la hora de satisfacer a su conductor. Y eso, sobre todo en estos tiempos, no tiene precio.

    El interior del Mazda MX-5 de primera generación.

    CARACTERÍSTICAS GENERALES

    El motor del primer Mazda MX-5, que fue lanzado al mercado en 1989.

    ESPECIFICACIONES TÉCNICAS

    Fotos: Wheelsage.org

    Amores de juventud: el Mazda MX-5