«Este coche nunca debió existir», el varapalo interno de un responsable de Mercedes a su propio AMG GT eléctrico
Terremoto en Mercedes. Un directivo de la marca de la estrella ha confesado que el nuevo AMG GT eléctrico «no debería haber llegado a existir», destapando también que el consejo de administración ya sabía en 2023 que el EQS y el EQE eran un fracaso.

El reconocimiento público de Oliver Blume con el Macan de combustión es algo inédito en la industria del automóvil. Asumir que se equivocaron de estrategia y reconocer que erraron no se suele contar, pues se supone que ellos son expertos, los que verdaderamente conocen el mercado.
Clientes, lectores y precio nos encontramos al otro lado, y nuestra percepción de la situación siempre será diferente, haríamos pero no mandamos. Las crisis de estrategia no se cuentan pero, más temprano que tarde, acaban filtrándose y una frase suele decirlo todo. Es lo que ha pasado con un alto directivo de Mercedes, que no ha querido ser identificado, pero que ha confesado que el nuevo AMG GT de cuatro puertas eléctrico, que ya está a la venta, «no debería ni existir».

Miles de millones para un coche que nadie pidió parar
La frase resume mejor que cualquier informe el momento que atraviesa la marca de la estrella con su apuesta por el eléctrico de altas prestaciones. El propio alto cargo reconoce que, cuando surgieron las primeras dudas serias sobre el proyecto, el desarrollo ya estaba demasiado avanzado como para cancelarlo sin asumir pérdidas todavía mayores.
El desarrollo de la gama eléctrica de AMG ha costado ya más de 1.000 millones de dólares, una cifra que se queda corta frente a los cerca de 5.000 millones de euros invertidos en el EQS y el EQE SUV, un proyecto impulsado en su día por el propio Ola Källenius, entonces responsable de desarrollo y hoy CEO de Mercedes, que perseguía plantar cara al ascenso de Tesla en Bolsa.
Pero, el dato que da contexto a todo lo demás es que cuando el consejo de supervisión de Mercedes revisó los planes de 2024 a finales de 2023, las ventas del EQS y el EQE ya se habían desplomado un 90 %. El propio directivo admite que para entonces ya era evidente que estos modelos eran de los mayores fracasos en la historia de la compañía.

El precedente: el Clase G eléctrico, de icono a advertencia
El caso del Clase G eléctrico, comercializado como G 580 con Tecnología EQ, es el ejemplo de lo que Mercedes lleva tiempo evitando reconocer en público.
Presentado en abril de 2024, llegaba con argumentos de peso: la batería más grande jamás montada en un Mercedes, con 116 kWh netos y utilizables que permitían disponer de una autonomía de hasta 455 kilómetros, según el ciclo WLTP, cuatro motores que lo convertían en el todoterreno de producción más potente del mercado, y el llamativo «G-Turn», capaz de girar el coche 360º sobre su propio eje.
Los números de ventas, sin embargo, cuentan una historia muy distinta. Según datos de la consultora Dataforce, recogidos por Handelsblatt, Mercedes solo había vendido 1.450 unidades del Clase G eléctrico en todo el mundo hasta finales de abril de 2025, frente a las 9.700 unidades de las versiones de combustión del mismo modelo en el mismo periodo: una proporción de casi siete a uno a favor del motor térmico.
El batacazo es aún más evidente por mercados: en China, el mercado de coches eléctricos más grande del planeta, apenas se matricularon 58 unidades; en Estados Unidos las entregas fueron directamente cero.
La propia dirección de Mercedes ha admitido, según el mismo diario alemán, que el Clase G eléctrico ha sido «un fracaso absoluto». Mientras tanto, la versión de combustión vive un momento dulce: más de 42.000 unidades producidas al año a pleno rendimiento, con un crecimiento del 18% en el primer trimestre de 2025, impulsado sobre todo por mercados fuera de Europa.
La lección que deja este episodio y que Mercedes no aprenderá
Lo llamativo no es que un coche eléctrico de altas prestaciones no convenza al público, sino que ahora sabemos que dentro de la propia Mercedes tampoco convenció a quienes lo aprobaron.
Cuando un directivo admite en privado que un producto «no debería existir», el problema no es solo de mercado: es interno, de cuánto cuesta parar un proyecto una vez lanzado, y de cuántas decisiones se toman por miedo a quedarse atrás, en lugar de por convicción.
El AMG GT eléctrico llegará a los concesionarios de todos modos, pero la pregunta es cuántos más como él está dispuesta a lanzar Mercedes solo porque ya no hay marcha atrás.

