El plan automovilístico de Donald Trump está amenazado en su propia casa

A Donald Trump le crecen los enanos. Está poniendo de acuerdo a los chinos, europeos, mejicanos, canadienses, fabricantes en EEUU, sindicatos y consumidores contra su medida estrella de aumentar los aranceles de importación al sector del automóvil. Antes de noviembre sabremos si se atreve o si entra en razón.

En la web de la patronal de fabricantes en EEUU vemos el lema "Los americanos se benefician del comercio mundial" y avisan de las consecuencias negativas de incrementar los aranceles

Poco a poco, Donald Trump está consiguiendo que se una cada vez más gente en su contra. Una vez se ha iniciado de lleno la guerra comercial con China, donde no habrá vencedores y sí vencidos, los próximos objetivos de Trump son sus aliados: Canadá, Méjico y la Unión Europea, principalmente.

La Administración Trump sigue investigando si supone un riesgo para la seguridad nacional que se utilicen componentes fabricados fuera de Estados Unidos o se importen automóviles completos, incluso desde potencias aliadas. Se precisa este escollo legal para imponer aranceles al producto extranjero.

Hoy se han manifestado trabajadores del sector en Washington para llamar la atención del Gobierno federal

De llegar a esa conclusión, que los embajadores de Canadá y la UE han tachado de absurda, el Gobierno de Estados Unidos tendría carta blanca para inflar los aranceles al sector automovilístico, amparándose en la Trade Expansion Act de 1962, en concreto el artículo 232. En el caso de China, se llegó a esa conclusión.

Para ponernos en contexto, hay que decir que la industria del automóvil de Estados Unidos ha perdido algo de terreno desde el inicio del milenio. En el 2000 se fabricaron 12,8 millones de vehículos, mientras que en 2017 fueron 11,2 millones. Parte de la producción se ha relocalizado en Méjico o Canadá por razones de competitividad, 400.000 empleos se perdieron.

En el 2008 casi quebraron los tres principales fabricantes de EEUU: GM, Ford y Chrysler

Fabricantes como Ford, Volkswagen o Mazda se han aprovechado de las atractivas condiciones laborales en el vecino del sur, especialmente para fabricar coches de presupuesto más bajo. Dentro de la zona NAFTA/TLCAN, componentes y coches cruzan libremente, sin aranceles, por lo que la industria se ha colocado donde más le ha interesado.

Donald Trump pretende que no se "deslocalice" más producción, y el remedio está en poner aranceles (bajo su punto de vista). Los fabricantes y los representantes de los trabajadores de las fábricas de EEUU no están de acuerdo, porque todo eso va a tener consecuencias negativas, y superiores a los presuntos beneficios.

Un bad trade plan para la economía de EEUU

Según el equivalente estadounidense de FACONAUTO, la patronal de los concesionarios, imponer aranceles hará que se vendan en EEUU 2 millones menos de unidades al año, lo cual se llevará por delante al 10% de la distribución, es decir, más de 117.000 personas.

Las ventas tendrían que caer, obviamente, ya que el precio de un modelo importado puede crecer en 6.000 dólares de media, pero también los producidos en Estados Unidos, 2.000 dólares de media, por el mayor coste de importar componentes. No se pueden cambiar los proveedores de un día para otro, son contratos que se hacen con años de antelación.

De hecho, ya se ha notado subiendo los aranceles al aluminio y el acero de fuera, los fabricantes tienen que afrontar mayores costes y lo tienen que acabar trasladando a los consumidores. Si se incrementan los aranceles a los coches fabricados fuera un 25% los consumidores tendrán que palmar de su bolsillo 83.000 millones de dólares cada año. Los fabricantes están en contra de esta espiral, no les conviene.

Trump se cargó en sus primeros días el acuerdo Asia-Pacífico de libre comercio (TTP), se está cargando el TLCAN con sus aliados continentales, y peligra la relación con la UE (por no hablar de que no habrá TTIP con Europa)

El secretario de Comercio, Wilbur Ross, ha dicho que es pronto para saber si se pondrán los aranceles a los países amigos, pero algunos congresistas ya lo dan por sentado. La intención de Donald Trump es imponer el arancelazo antes de noviembre, cuando serán las elecciones legislativas, después de obtener la luz verde de los funcionarios.

Los fabricantes, por su parte, harán lo necesario para esquivar esos aranceles, incluso sacando producción de Estados Unidos y llevándosela a otra parte. Por ejemplo, BMW y Volvo pueden producir más en China, y Tesla en un futuro también. Los socios comerciales de EEUU ya han advertido que si son perjudicados con aranceles, harán lo mismo.

Al final, el mayor riesgo para la seguridad nacional, al menos desde el punto de vista económico, es que el presidente Trump siga insistiendo en sus erróneas políticas. Más tarde o más temprano, le va a salir el tiro por la culata, otros países se beneficiarán de ello. Las multinacionales lo tienen muy claro.

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