¿Siempre es mejor un coche con airbag?

El airbag es uno de los mejores salvavidas que hay en un vehículo, pero no hay que darle más importancia de la que tiene. Forma parte de un conjunto de medidas de seguridad que funcionan de forma conjunta, aisladamente no son tan eficaces.

Hoy día ya no podemos comprarnos un coche nuevo que no tenga por lo menos un par de airbags frontales y los laterales. Este sistema de seguridad es obligatorio para poder homologar un turismo o vehículo industrial, como mínimo para el conductor.

Este sistema de seguridad se convirtió en estándar en Mercedes-Benz hace 30 años, mucho antes de que fuese obligatorio. A mediados de los 90 aún había muchos coches que no incorporaban de serie este salvavidas, había que pagar aparte.

A continuación vamos a ver un vídeo que nos explica gráficamente por qué deberíamos viajar siempre en un coche que tenga airbags, y huir como de la peste de aquellos que no lo tengan. El metraje parte de diversas pruebas de colisión hechas a lo largo del mundo:

Sin duda, el vídeo es impactante. En todos los casos que hemos visto, el hipotético conductor sin airbag no habría salido vivo, al tener heridas incompatibles con la vida o lesiones irreversibles. Los más avispados se habrán dado cuenta de que hay otro factor, el propio coche.

Como los airbags son obligatorios en los principales países desarrollados, si hablamos de modelos sin ellos, es que son ya un poco antiguos, 15-20 años o más. En algunos países en vías de desarrollo los airbags son opcionales en utilitarios y compactos, sin airbags obtienen resultados de 0 estrellas NCAP.

¿Significa eso que sin airbag siempre estamos vendidos? No

La seguridad pasiva es todo lo necesario para reducir las consecuencias de un accidente cuando este es inevitable. Básicamente se basa en tres pilares: estructura de deformación programada, cinturón de seguridad y airbags. La seguridad activa es la que trata de evitar el accidente, antes de que este ocurra.

Según las leyes elementales de la física, todo lo que viaja dentro de un automóvil lo hace a la misma velocidad, es decir, velocidad relativa 0, de la misma forma que la Tierra nunca está quieta, pero podemos tener la sensación de estar parados. En una colisión, los cuerpos tienden a seguir a la misma velocidad.

El vehículo en sí empezará a decelerar violentamente, y para reducir las lesiones a los ocupantes, se produce una transformación de la energía cinética (asociada al movimiento) en deformación controlada de la carrocería para que esa energía no se la "coman" los ocupantes. El habitáculo es la zona más resistente, pero tiene límites.

Sin embargo, tanto en los coches de los 90 hacia atrás, como en los modelos destinados a países en vías de desarrollo, el acero no tiene la misma resistencia ni características mecánicas, por lo que las zonas de deformación programada colapsan por exceso de energía y los habitáculos se acaban retorciendo como si fuesen de manteca. Ahí no sale vivo uno ni con airbags, porque la estructura revienta. Y si sale vivo, es un tema de suerte o baja velocidad.

El papel del cinturón de seguridad es mantener a los ocupantes sujetos, que no salgan despedidos ni se hagan daño contra salpicadero, asientos, puertas, etc. El airbag es un suplemento del cinturón, y se encarga de decelerar el cuerpo, protegerle de esquirlas o restos producto de la rotura, y de paso mantener el pasajero mejor retenido en su asiento.

Si viésemos el mismo vídeo con un coche actual, hecho para países desarrollados, pero sin airbags, los pasajeros sufrirían daños superiores, pero no tan exagerados. Las estructuras de deformación programadas son mucho mejores y no colapsan con la misma facilidad.

En otras palabras, la eficacia del airbag va ligada a la del propio diseño de la estructura del vehículo, y cómo no, a la del cinturón de seguridad. Los más modernos disponen de pretensores pirotécnicos (se tensan en el momento del impacto) y limitadores de carga (alivian la tensión en el cuerpo según se va decelerando).

Al final, el límite que marca la diferencia entre la vida y la muerte es la propia resistencia biomecánica del cuerpo. En otras palabras, nuestro frágil organismo puede aguantar cierto tipo de impactos, pero otros no. Da igual que se tengan 300 airbags.

Hay casos de pilotos que han sobrevivido a accidentes brutales, como Robert Kubica, Fernando Alonso o Felipe Massa, pero iban en coches de competición, diseñados sin limitaciones relevantes de presupuesto, y con todas las medidas de seguridad conocidas. ¿Todas? No, no usan airbags. Son hombres fuera de lo común y muy preparados a nivel físico, una persona corriente probablemente no habría resistido algo así.

El airbag es un complemento, no es eficaz por sí solo

En último término, si los órganos internos colisionan fuertemente contra los huesos (como el encéfalo contra el cráneo o el corazón contra la caja torácica) es suficiente para la muerte del sujeto. Si el vehículo no ha podido absorber la energía necesaria, el cuerpo aguantará lo que aguante. El resto es cosa de suerte.

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