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    PruebaBMW i3 (III): comportamiento dinámico

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    Te contamos nuestras impresiones de conducción al volante del BMW i3, el primer modelo eléctrico del fabricante alemán. Su motor entrega 170 CV con cero emisiones. El i3 sorprende por su confort, prestaciones, agilidad y el peculiar tacto del acelerador. El eléctrico alemán ya está a la venta desde 35.500 euros.

    Anteriormente te hablamos del BMW i3, cuando tuvimos la oportunidad de conocerlo por primera vez en una presentación estática. Ha llegado el momento de ponerse al volante del primer modelo eléctrico de BMW y te vamos a contar nuestras impresiones de conducción, donde nos hemos llevado alguna sorpresa.

    Tras la presentación estática ya discutimos del diseño y la habitabilidad ofrecida por el modelo alemán y del mismo modo te detallamos sus características técnicas y precio de venta, así que en esta ocasión dejaremos de lado estos temas para no repetirnos, centrándonos en sus cualidades dinámicas.

    Antes de comenzar cabe puntualizar que el modelo que hemos probado disfruta del paquete de equipamiento Loft, que encarece el precio del i3 en 1.499,99 euros. En la presentación anterior, la unidad fotografiada contaba con el paquete Lodge (cambia el diseño de la tapicería y algunos detalles del salpicadero), que cuesta 2.000 euros adicionales al precio de partida.

    AL VOLANTE

    Vamos al grano, nos ponemos al volante. Encontrar una postura de conducción cómoda es sencillo gracias a las regulaciones manuales del asiento y del volante. Vamos sentados altos, como en un monovolumen. Esto es así porque el piso está bastante alto también, ya que debajo se encuentran las baterías eléctricas. Esta altura del piso obliga a levantar la pierna más que en otros coches para acceder al habitáculo, algo que puede resultar incómodo para algunos usuarios, por ejemplo niños.

    Es hora de arrancar el motor. Para ello, basta con pisar el pedal de freno y apretar el botón Start/Stop que hay en el mando satélite que sobresale a la derecha de la caña de dirección. Se oye un leve aviso sonoro, se encienden las pantallas y no se escucha nada más. El motor está listo para llevarnos donde haga falta, pero a diferencia de un coche con motor de combustión, la ausencia de ruido es total. Giramos el mando satélite para engranar la marcha y pisamos el acelerador.

    En el primer párrafo te comentaba que el i3 tiene alguna sorpresa. Pues bien, no hace falta recorrer muchos kilómetros para darse cuenta de una de las peculiaridades que lo diferencian del resto de coches: la retención. Cada vez que soltamos el pie del acelerador la intensidad de la retención es tal que prácticamente podemos olvidarnos de usar el freno.

    Este funcionamiento, que BMW denomina “One Pedal Feeling”, obliga a dosificar constantemente la presión sobre el acelerador y requiere una cierta práctica conseguir una deceleración suave y precisa. Una vez familiarizado con este tacto, lo cierto es que este sistema permite realizar una conducción muy cómoda y fluida actuando la mayor parte del tiempo en un único pedal.

    El único inconveniente que le veo a este sistema es que no puedes ir a vela de forma natural, por ejemplo, cuando estas circulando cuesta abajo. En otros modelos, en esa situación se puede levantar el pie del acelerador y dejar que el coche avance por inercia. Con el i3 no es posible ya que al dejar de presionar el pedal el coche comienza a frenar notablemente. Para conseguir el mismo efecto habría que mantener el pie en el acelerador buscando el punto del pedal que evita esa retención.

    A pesar de que existen tres modos de conducción, en ninguno de ellos es posible desactivar el sistema “One Pedal Feeling”.

    TRES MODOS DE CONDUCCIÓN

    A través de un interruptor situado entre los dos asientos delanteros es posible seleccionar tres modos de conducción: Confort, Eco Pro y Eco Pro+.

    Los modos Eco permiten incrementar la autonomía. En concreto, el modo Eco Pro reduce la potencia del climatizador, la calefacción de los asientos y la luneta térmica, además de limitar la velocidad máxima a 130 km/h. El modo Eco Pro+ quita la climatización y calefacción de los asientos y limita la velocidad a 90 km/h. En ambos casos la limitación de velocidad puede superarse pisando el acelerador a fondo.

    Según BMW, el i3 con las baterías completamente cargadas puede disfrutar de una autonomía máxima de 200 kilómetros. En nuestra prueba, con las baterías rondando el 90% de la carga al inicio de la conducción, el ordenador determinaba una autonomía máxima de 135 kilómetros.

    El consumo eléctrico puede fluctuar mucho dependiendo del tipo de conducción, pero tengo la impresión de que conseguir esos 200 kilómetros de alcance es posible si se dan las condiciones necesarias, buscamos una conducción muy eficiente y elegimos el modo Eco Pro+ desde el principio.

    En ciudad, el i3 se mueve como pez en el agua. Como mencionaba al principio, vamos sentados altos y además contamos con una buena superficie acristalada lo que nos permite controlar el entorno con facilidad. El tacto de la dirección es muy acertado. Otra sorpresa del i3 la encontramos en la suspensión, muy firme y a la vez muy cómoda. La carrocería apenas oscila en los giros pero las irregularidades del asfalto se absorben con una gran eficacia.

    Fuera del territorio urbano, la suspensión también permite que el i3 presente un gran aplomo incluso a velocidades altas. En este terreno podemos comprobar que las prestaciones del eléctrico alemán permiten aventurarse por cualquier tipo de vía sin problemas.

    SENSACIONES DEPORTIVAS

    El i3 nos engaña en cuanto a prestaciones. Su altura de 1.578 mm lo sitúa en la categoría de monovolúmenes como el Ford B-Max o un Hyundai ix20. Pero a pesar de sus dimensiones de pequeño monovolumen, sus prestaciones son impropias de un coche de este tipo ya que transmite una buena dosis de deportividad. El i3 anda, y mucho.

    Está claro que BMW no ha querido renunciar a las sensaciones deportivas ni siquiera en su modelo eléctrico. A pesar de ser alto resulta muy dinámico gracias a su bajo centro de gravedad fruto de colocar las baterías bajo el suelo del habitáculo. El i3 destaca por ser ágil y con una sorprendente rapidez de reacciones gracias su enorme radio de giro (9,9 metros entre paredes) y una dirección con sólo 2,5 vueltas entre topes.

    Con 170 CV, el i3 acelera brillantemente y con contundencia hasta sus 150 km/h de velocidad máxima. Los datos oficiales nos hablan de un paso de 0 a 100 km/h en sólo 7,2 segundos. El poder de aceleración, gracias a la entrega de 250 Nm de par constantes desde el primer momento, el enérgico i3 convierte en un juego de niños realizar cualquier incorporación.

    Y todo ello en un silencio casi absoluto ya que, además de la ausencia total del sonido del motor, el i3 disfruta de una buena insonorización que apenas deja penetrar el ruido de rodadura o del tráfico exterior, proporcionando un gran confort a los ocupantes. Definitivamente, el BMW i3 es un coche que sorprende desde el primer instante.

    Toma de contacto del BMW i3, índice de capítulos:

    BMW i3 (III): comportamiento dinámico
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