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Prueba Mazda CX-5 2017, a las órdenes del cliente

Y ya van dos generaciones. Mazda renueva su modelo más exitoso en el viejo continente. Un trabajo tomado con cautela que se ha basado en actualizar y mejorar lo que ya conocíamos. Ya he probado el Mazda CX-5 2017 y esto es lo que me ha parecido.

Tras su primera aparición, el CX-5 estrena segunda generación con una imagen nueva

Mazda es la evidencia clara que no hay que ser el primero en algo para poder triunfar. Y que no seguir la corriente quiere decir estar equivocado. El tiempo ha dado la razón a esta marca japonesa tan admirada como querida. De sus hornos han salido grandes modelos a lo largo de la historia. Desde hace unos años se han centrado en los SUV, y a día de hoy nos llega la renovación del más exitoso de ellos; el Mazda CX-5 2017 que ya he tenido ocasión de probar.

Se trata de la segunda generación del SUV más vendido de Mazda en el viejo continente, aunque muchos podrán confundirlo con un profundo restyling. La verdad es que lo mismo da que da lo mismo, porque lo que han hecho ha sido coger lo que ya había y mejorarlo. Podrás pensar que ya ves tú que difícil, pero la verdad es que cuando tu producto ya era bueno, mejorarlo sin estropearlo no es tan sencillo como parece.

El diseño KODO se ha convertido en algo más que un lema de vida, en algo más que una filosofía de diseño. Se ha convertido en la base de todo lo que crea Mazda. Cuando el Mazda CX-5 hizo acto de presencia por primera vez en su historia estrenó este concepto que ya nos es habitual. Con el paso del tiempo el resto de modelos de la casa se ha adaptado a él, aunque ahora no se ha convertido en el primero que lo actualiza, ya que ese privilegio pertenece a su hermano pequeño, el Mazda CX-3.

Tampoco es que importe mucho, porque lo recibe y le sienta como un guante. El modelo pasado ya consiguió atraer a mucha clientela por su imagen, y el nuevo no tengo dudas que llamará más la atención. Estéticamente hablando, el nuevo CX-5 entra por los ojos. Un frontal más agresivo y estilizado donde caben destacar unos faros pequeños. Es más, el nuevo se parece más al prototipo del que nació, el Mazda Minagi Concept, que el viejo. Algo que resulta raro. He de reconocer que me gusta, y más es el color Soul Red, el mismo que luce la estrella de la firma: el Mazda MX-5.

Destacan los faros tan pequeños, los delanteros y los traseros

Más allá del frontal cuesta encontrar grandes cambios. En líneas generales estamos ante el mismo coche del pilar A hasta la trasera. Por cierto, esta parte también recibe un ligero lavado de cara gracias a la incorporación de faros nuevos, que a su vez obligan a cambiar el portón trasero y el parachoques. Es un estilo más refinado que el del pasado, pero que aun así nos recuerda claramente a él. Para completar la transformación exterior hay que sumar elementos cromados y nuevos juegos de llantas de hasta 19 pulgadas.

De puertas para adentro pasa tres cuartas partes de lo mismo. No son cambios radicales, pero sí que se encuentran notables modificaciones con respecto a la primera generación. De hecho da la sensación de tener más calidad, gracias a unos materiales renovados y gracias a elementos mejor integrados. Este efecto se consigue principalmente con la pantalla del salpicadero. Antes insertada de forma no muy vistosa, ahora domina la parte superior de la consola con un efecto flotante. Eso sí, caben mejorar ciertas zonas donde los ajustes no son todo lo buenos que cabrían esperar.

Hasta ahora no lo he comentado, pero el Mazda CX-5 apenas cambia sus medidas exteriores. Sin embargo se las ha apañado para que tengamos la sensación de un habitáculo más ancho y espacioso. Repito que es una sensación, porque con el metro en la mano no hay diferencia alguna. Cinco ocupantes podrán viajar de forma cómoda, al igual que las pertenencias de estos, gracias a un maletero de 506 litros como mínimo, y 1.620 como máximo. Apenas un crecimiento de tres litros que se ganan en el doble fondo.

Correcta remodelación interior, mejores materiales y más tecnología

Si por algo siempre me ha gustado el CX-5 es por su tecnología. Solemos hablar de los avances alemanes, o del grado de equipamiento de éstos. Sin embargo Mazda tiene en su cultura incorporar gran cantidad de sistemas desde el punto de partida. En el renovado SUV encontramos tres niveles de equipamiento posibles: Origin, Evolution y Zenith, además de dos paquetes especiales denominados: Zenith Black y Zenith White que incluyen un toque estético diferente al de sus hermanos.

Por la relación equipamiento-precio, el acabado más interesante es el Evolution. En este punto intermedio ya podemos disponer, de serie, elementos como el Head-Up Display, la cámara trasera de aparcamiento, detector del ángulo muerto, alerta de tráfico trasero y la pantalla anteriormente mencionada del salpicadero con siete pulgadas, así como climatizador bizona y control de crucero. Si queremos más tenemos el acabado Zenith donde sumaremos detalles como los faros Full LED, el navegador, el portón eléctrico, el acceso sin llave y el equipo de sonido BOSE.

El nuevo CX-5 disfruta de los últimos avances en materia de seguridad, donde cabe destacar la presencia del sistema i-ACTIVSENSE 

En cuanto a mecánicas la gama estará compuesta por dos motores de gasolina y uno diésel que serán capaces de mostrar un total de cuatro potencias diferentes. Los afamados motores SKYACTIV siguen presentes, y como mínimo se dispondrán de 150 caballos para la versión diésel de 2.2 litros. El máximo estará fijado por la variante SKYACTIV-G 2.5 de 194 caballos, que dicho de paso siempre llegará asociado a una caja de cambios automática de seis velocidades y a la tracción total. Será especialmente interesante, pues es un motor de nuevo desarrollo con sistema de desactivación de cilindros.

Y es que lo más normal será ver al CX-5 2017 con un cambio manual de seis velocidades y tracción simple al eje delantero. Pero Mazda también ha preparado cajas automáticas de seis relaciones y un sistema de tracción total, sin bloqueos de diferencia. Si sumamos las posibles combinaciones de mecánicas y acabados, tenemos un total de 29 unidades diferentes del CX-5.

Los motores SKYACTIV demuestran que el downsizing no es necesario para ahorrar

Como ya digo es una gama equilibrada y que se ajustará a todos los tipos de clientes. El precio de salida del Mazda CX-5 2017 se sitúa en los 27.270 euros. Se trata de la versión SKYACTIV-G 2.0 de 165 caballos con cambio manual, tracción delantera y acabado Origin. Por el contrario, en el otro lado de la balanza, se sitúa la unidad SKYACTIV-D 2.2 de 175 CV con cambio automático, tracción total y acabado Zenith White. Su precio es de 42.280 euros. 

Prueba Mazda CX-5 2017

Mazda ha sido el único fabricante que no ha reducido el tamaño de sus motores. Su tecnología SKYACTIV ha hecho que todos nos planteemos la obligatoriedad de las bajas cilindradas para obtener bajos consumos. No es así, y el CX-5 es ejemplo claro de ello. Y esto lo digo porque si para algo está pensado el nuevo superventas de Mazda es para ser ahorrador y eficiente, sin olvidarme del importante valor del confort. Posiblemente el mayor beneficio del coche con respecto a su predecesor. 

Como ya te habrás hecho a la idea el nuevo CX-5 prioriza el ahorro y el confort por encima del resto de cualidades. Entiendo perfectamente el porqué de esta decisión y configuración. Es lo que demanda el público y si un SUV es lo que buscas, esto es lo que te vas a encontrar en el 95% de las ocasiones. Si pienso en el rival más directo del CX-5 te diría rápidamente que sin lugar a dudas es un alemán; el Volkswagen Tiguan.

Información clara y sencilla a través de un cuadro que mezcla lo analógico con lo digital

Cada uno tiene sus ventajas y sus desventajas. Por ejemplo, en diseño gana claramente el japonés, en calidad el alemán, en tecnología están más igualados, lo mismo que es espacio, habitabilidad y confort. En cuanto a su comportamiento ambos se asemejan mucho. Los dos están pensados para una conducción tranquila y sosegada. Y por último si en los precios nos fijamos, tampoco es que haya mucha diferencia, ligeramente más económico el CX-5.

Pero no me voy a andar más por las ramas. Durante la presentación nacional he tenido ocasión de probar los que a priori se presentan como las versiones más vendidas. Por un lado el diésel SKYACTIV-D 2.2 4WD de 150 CV, y por otro el gasolina SKYACTIV-G 2.0 2WD de 165 CV. Me cuesta mucho decantarme por uno, pues los dos tienen buenos argumentos y alguna que otra pega. Pero si te parece empiezo por él gasolina.

Como ya hicieron el Mazda6 y el Mazda3, el nuevo CX-5 dispone de la tecnología G-Vectoring Control para un mejor comportamiento en curva

España es un país de diésel, pero sorprendentemente el público cada vez los rechaza más al ser considerados sucios. En el caso de Mazda yo, al igual que muchos compañeros de profesión, hemos alabado los bloques de gasolina por su gran comportamiento, su suavidad y su bajo consumo. En esta ocasión lo vuelvo a hacer atraído por un resultado muy bueno que hará que te plantees la necesidad de comprarte uno de esos diésel sucios que tanto están dando que hablar.

A favor de la versión de gasolina, encuentro la suavidad de marcha, el tacto y el bajo consumo, cada vez más ajustada la diferencia con los gasoil. Sin embargo en esta ocasión los 165 caballos del modelo probado se me han antojado un poco descafeinados. Entiéndase que con semejante potencia un coche de estas características debería andar más que sobrado, pero no. Sobre la báscula son 1.380 kilogramos. Una cifra baja para un coche de semejante tamaño, así que ese no es el problema.

Su rodaje suave no invita a correr, confort más que rendimiento, algo ideal para este tipo de coche

El problema llega desde el motor y el cambio. La potencia máxima la obtenemos a 6.000 vueltas, y el par máximo, de 210 Nm, a las 4.000 revoluciones. Es un régimen de giro muy alto, y fuera de él la fuerza es escasa. Demasiado. Esto obligará a ir reduciendo de forma constante. Una pena la relación de cambio tan larga, aunque eso sí, la tercera es válida para casi cualquier momento. Es un mal endémico que no sólo sale a reducir en el CX-5, es en toda la industria. Eso sí, algo bueno tiene. A lo largo de la ruta, de más de 100 kilómetros, con mucha subida y carretera revuelta, el consumo medio quedó fijado en 6,7 litros a los 100 kilómetros. No me extrañaría nada que en una conducción más eficiente se pudiera incluso bajar de los consumos oficiales de la marca, 6,4 litros. Un dato excelente.

Por su parte el diésel se presenta más ahorrador, pero también con más garra. En este caso los 150 caballos sí que se hacen evidentes. El equilibrio entre rendimiento y consumo está más conseguido que en el caso anterior. Además la unidad de pruebas incorporaba el cambio automático de seis velocidades, algo que en un principio pensé que podría lastrar la conducción, pero en absoluto. Está muy bien ajustado y aunque no se trate de la caja más rápida del mundo, la verdad es que no es perezosa ni en subidas ni en reducciones. Una apuesta a tener en cuenta y que yo realmente valoraría como opción a la hora de comprarme un CX-5.

Si hablamos de semejanzas en uno y otro, repetiría el alto confort de ambas unidades. Es impresionante la calidad de rodadura de un coche que a pesar de considerarse premium, no lucha en precios con estos. No tiene nada que envidiar a sus rivales alemanes, tipo BMW X1 o Mercedes GLA. Créeme, nada de nada. Puro confort y un altísimo grado de aislamiento interior. De verdad que todavía estoy sorprendido por ello. Bien por Mazda, que ha sabido leer las peticiones del cliente.

Tras el volante te recogen unos asientos excepcionales, muy cómodos y mullidos

Por otro lado tengo una pega que poner a ambas unidades; la dirección. No tengo nada que objetar en contra de las direcciones blandas, pero una cosa es eso y otra es pasarse de asistencia. El CX-5 2017 peca de lo último. En ciudad, o a ritmo tranquilo, no resulta ningún problema, pero según crece la velocidad o mengua el ángulo de la curva, el problema es notable. Echo en falta un endurecimiento de la dirección en función de la velocidad. El conductor apenas recibe información de las ruedas y en ciertos momentos puede crear cierta inseguridad. 

Conclusiones

En términos generales el CX-5 ha evolucionado muy bien. Estéticamente es un coche atractivo. De puertas para adentro evidencia un cambio notable en tecnología y refinamiento, aunque algunos plásticos y ajustes deberían mejorarse mucho si de verdad Mazda pretende atacar a los estamentos más altos del segmento, es decir, a los alemanes. A todo esto hay que sumar un espacio y una habitabilidad más que generosos, y sobre todo un confort elevado que sí puede equipararse con los modelos más premium.

En cuanto a comportamiento no hay duda en que Mazda ha decidido priorizar la calidad de rodadura y el ahorro por encima de cualquier otro detalle. Las diferencias entre el diésel y él gasolina son evidentes. Cada uno tiene sus puntos fuertes. Yo en este caso apostaría por el SKYACTIV-D de 150 CV por su mejor respuesta. Eso sí, ambos pecan de una dirección exageradamente blanda. Por lo que vale no me extrañaría que el CX-5 siguiera siendo el 40% de las ventas de Mazda en España. Es un modelo que obligatoriamente hay que mirar si queremos comprarnos un SUV del segmento C. Hay vida más allá del territorio europeo.

Las cosas le van a ir muy bien al CX-5, una apuesta muy clara y sensata para el segmento

Nota: 8.3

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