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Prueba Opel Grandland X 2.0 CDTi, la potencia extra nunca viene mal (vídeo)

Con las energías renovadas por su reciente incorporación al Grupo PSA, Opel sigue apostando por ampliar su oferta SUV. Hoy no estamos ante un modelo nuevo, pero si ante una nueva versión, el Opel Grandland X 2.0 CDTi de 177 CV con cambio automático de ocho velocidades.

A falta de nuevos modelos, Opel ha tomado la medida de ampliar la oferta actual. Hace unos meses tuve ocasión de asistir a la presentación internacional del Grandland X, y en aquél momento destaqué dos fallos que deberían corregirse. Uno de ellos era la escasa gama mecánica, y una caja de cambios manual que no resultaba del todo buena. Pues bien, Opel parece que me escuchó y a día de hoy me encuentro ante otro Grandland X, uno que lleva un nuevo motor y una caja de cambios automática. El nuevo 2.0 CDTi de 177 CV.

Con la llegada de esta nueva variante, Opel quiere adentrarse en un segmento poco explotado, por mucho que cueste creerlo. Ese nicho de mercado no es otro que el de los SUV generalistas con motores diésel de potencia superior a los 150 CV. Parece que la oferta es mucha, pero si sondeamos el mercado nos damos cuenta que solo hay un par de modelos. Uno de ellos es el SEAT Ateca 2.0 TDI de 190 CV y otro es el Peugeot 3008 con el bloque 2.0 BlueHDi de 180 caballos. Este último no es una mera coincidencia pues bien podríamos tacharlo del hermano gemelo del nuevo Grandland X, pero con tres caballos más.

Aunque Opel lleva relativamente poco tiempo en el Grupo PSA, la alianza fue forjada hace ya tiempo. Tanto que ambos C-SUV son exactamente iguales, al menos en la parte que no se ve. Peugeot y Opel han querido crear la sensación de estar ante dos modelos completamente diferentes gracias a diseños radicalmente opuestos. Por un lado los franceses apuestan por su propia filosofía, mientras que los alemanes optan por un estilo más sobrio, más germánico, que no más feo.

Exteriormente no hay nada que nos diga que estamos ante el Grandland X más potente

La verdad es que me gusta el estilo del Opel Grandland X. Los detalles y los nervios consiguen crear un diseño muy dinámico incluso desde parado. Sin embargo exteriormente no hay nada que nos haga ver que estamos ante la variante más potente de toda la gama. Pero Opel quiere recompensar a aquellos que opten por ella, y para ello ha creado un nuevo nivel de equipamiento, denominado Ultimate. Lo que este hace es sumar a su dotación de serie la mayoría de elementos que en el resto de niveles son opcionales, incluyendo unas llantas de 19 pulgadas, los faros Full LED, las molduras cromadas y el techo en contraste. 

En el interior pasa tres cuartas partes de lo mismo. El nivel Ultimate incluye casi todos los elementos que pueden integrarse en el Grandland X, y si lo comparamos con el nivel Excellence, el inmediatamente inferior, éste suma importantes detalles como los pedales de aluminio, los antiniebla delanteros, el cargador inalámbrico, el conjunto de cámaras de 360º, el asistente de aparcamiento asistido, y el equipo Navi IntelliLink 5.0 que supone montar una pantalla táctil de ocho pulgadas con navegador y conectividad para Android Auto y Apple CarPlay.

Ahora bien, ¿conviene pagar el extra de precio que supone ese equipamiento superior? Si nos centramos en la versión de gasolina de 130 CV, la única opción que se puede elegir con ambos niveles, la diferencia monetaria entre el nivel Excellence y el nivel Ultimate, a igualdad de equipamiento es de apenas 600 euros. Si tenemos en cuenta que únicamente los faros Full LED ya valen 1.000 euros, puede que saltar de nivel sea bastante interesante.

En cuanto al resto del equipamiento que podemos integrar en el Grandland X vemos como son detalles que se centran en mejorar la vida a bordo. Tapicería de piel, asientos delanteros calefactados, ventilados y con regulación electrónica, techo solar panorámico, equipo de sonido de ocho altavoces, parabrisas térmico y control de crucero adaptativo con función Stop&Go. 

El interior presenta las mismas calidades que ya conocíamos, aunque sí más equipamiento

Huelga decir que en términos de habitabilidad y espacio no hay diferencia alguna. Las cotas no se modifican en forma alguna, y eso sigue traduciéndose en un más que correcto espacio para todas las plazas. La fila trasera disfruta de espacio más que suficiente para piernas y cabeza, y el maletero por su parte sigue mostrando una capacidad mínima de 514 litros, ampliables a 1.652 litros si abatimos la segunda fila de asientos en su proporción 60:40.

Como ya he dicho un poco más arriba el acabo Ultimate te obliga a seleccionar los motores más potentes de la gama. Por un lado está la unidad de gasolina, un bloque de tres cilindros con 1.2 litros y 130 caballos de potencia que lleva asociado un cambio manual de seis velocidades. Y por otro lado está la unidad sobre la que versa esta prueba, el 2.0 CDTi de 177 caballos y caja automática de ocho relaciones. El bloque proviene de PSA y por algún extraño motivo pierde tres caballos con respecto a su homólogo francés.

Precios. Dado que hablamos de los modelos más prestacionales y mejor equipados de la gama Grandland, estamos ante las versiones más caras. Por su parte la variante de gasolina tiene un precio de salida, sin descuentos, de 31.150 euros. Eso deja al 2.0 CDTi de 177 caballos como la unidad más cara de la familia, con un precio que arranca en los 39.800 euros. Opel ha dispuesto suculentas ofertas que prometen abaratar el presupuesto en hasta 4.000 euros.

Las unidades más potentes de la gama llegarán con un equipamiento especial

Prueba Opel Grandland X 2.0 CDTi 177 CV

Dejando ya a un lado el tema equipamiento, los cambios más notables de esta versión se dejan notar una vez nos ponemos en marcha. Los 57 caballos extra con respecto a la unidad que ya habíamos probado se dejan notar desde un principio, y es que el sumar potencia manteniendo el peso siempre resulta una buena fórmula, y aunque en muchos casos estigmatizamos a la potencia, también merece la pena considerarla desde un punto de vista de seguridad.

Una potencia elevada te aporta ventajas que pueden afectar a la seguridad del viaje. No es lo mismo realizar una maniobra de adelantamiento o una salida desde parado con un coche de 75 caballos que con uno de 177. Eso es una realidad más que evidente, cuanto menos tiempo empleemos en realizar estas operaciones de riesgo, más margen de seguridad tendremos. Aunque claro está la potencia tiene que ser gestionada de una forma correcta.

La esperada variante híbrida enchufable llegará al año que viene, y convertirá al Grandland X en el primer híbrido de Opel

Más allá de eso el incremento de potencia supone una mejora en los datos de rendimiento, que en el caso del Grandland X de 177 CV siguen siendo meramente correctas. No estamos ante un SUV demoledor, más bien estamos ante un SUV que busca ofrecer un alto grado de confort con la ventaja de tener más potencia bajo el pie derecho. Pero para aquellos que quieran saberlo, esta mecánica es capaz de impulsar al Grandland X hasta un máximo de 214 kilómetros por hora y marcar un tiempo de 0 a 100 Km/h en 9,1 segundos.

Lo que realmente importa es la fuerza del propulsor, porque las cifras anteriormente mencionadas solo son datos marcados sobre un papel. El bloque 2.0 CDTi turbo alimentado es capaz de exprimir un máximo de 400 Nm de par a 2.000 revoluciones. Eso quiere decir que en la parte baja del cuentarrevoluciones tendremos una buena pegada, mientras que fuera de ese rango la entrega de potencia y par se vuelve más lineal. No llega a morir por completo.

El motor nuevo va acompañado de una caja de cambios automática de ocho relaciones

De esto último se encarga una caja de cambios automática de ocho velocidades. Es la misma transmisión que ya monta el Opel Insignia GSi, y que una vez más ha sido desarrollada por PSA. Al ser tipo convertidor de par presenta las ventajas típicas de estos; suavidad de marcha, transiciones imperceptibles, y eficiencia. Eficiencia en cuanto a consumos, más adelante hablaré de ellos, y eficiencia en cuanto a rendimiento. No es el cambio más rápido del mundo, pero está bien configurado, siendo capaz de aprovechar la potencia del motor.

A diferencia de otros modelos el Grandland X no dispone de modos de conducción, siempre presenta la misma configuración, para bien y para mal. Como ya he dicho antes se busca ofrecer un buen confort, algo que consigue, que ofrecer unas elevadas capacidades dinámicas que si bien no son malas no están a la altura de otros rivales como el SEAT Ateca. Pero ya digo que es un SUV que sabe comportarse en todo tipo de situaciones, y que está pensado y desarrollado para ser lo que la gente busca.

Por si alguno se lo está preguntando no, no habrá versiones 4x4. Opel ha sustituido la tracción total por un selector de modos denominado IntelliGrip. A través de una rueda ubicada en el túnel central podremos seleccionar diferentes programas de ajuste que alterarán la forma en la que se entrega la potencia para así, en teoría, poder afrontar obstáculos de una forma más solvente. En cualquier caso, mi recomendación es no alejarse demasiado del asfalto.

La información del cuadro es muy clara, analógica de fácil de leer

Consumos. Dado que la prueba tuvo lugar en una presentación no hubo posibilidad de probar la veracidad de los datos oficiales. Aun así la marca registra un consumo mínimo en ciclo mixto de 4,8 litros a los 100 kilómetros, que sumados a un depósito de carburante de 53 litros, adelanta una autonomía superior a los 1.000 kilómetros. Como ya digo no hubo modo de ponerlo a prueba, pero sí que me dio la sensación de que se puede rodar con bastante facilidad en cifras próximas a los seis litros.

Conclusiones

Es fácil acostumbrarse a más potencia. El segmento C-SUV generalista no es especialmente prestacional, y por eso la llegada de una variante diésel de más de 150 caballos siempre resulta llamativa. Para aquellos compradores que busquen ese extra de rendimiento en un SUV las alternativas pasan por ser unas pocas, y una de ellas es este Opel Grandland X 2.0 CDTi de 177 caballos, al cual puedo asegurar que la subida de potencia le ha sentado bastante bien.

En realidad estamos ante el mismo coche que ya conocíamos, con las mismas ventajas de equipamiento, espacio y confort. Solo hay que sumar un motor nuevo que encaja perfectamente en el planteamiento del coche. Una opción que puede resultar muy interesante aunque eso supone pagar 5.000 euros más con respecto al diésel de 120 caballos con cambio automático e igual equipamiento. 

La subida de potencia le ha sentado muy bien al Grandland X. Sus 177 CV son los ideales

Nota: 8.3

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