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Prueba Opel Grandland X, una apuesta bien argumentada (con vídeo)

El Opel Grandland X llega finalmente a España, y nosotros ya hemos tenido ocasión de probarlo en su variante diésel de 120 caballos con cambio manual. La apuesta de Opel para el segmento SUV europeo más concurrido, importante y comercial de todos.

El SUV más grande de Opel llega al mercado, su nombre es Grandland X

Las modas y las tendencias son lo que son. Corriente seguidas por compradores compulsivos que por mucho que quieran escapar, acaban cayendo en las poderosas redes de lo comercial. Los SUV son una más de esas corrientes. Hasta hace poco más de diez años apenas había un puñado de modelos en el mercado, y a día de hoy ya son el segmento más comercial de todos. El Opel Grandland X llega para aumentar la demanda, y ya he tenido ocasión de probarlo.

Está claro que las marcas han visto un filón, una mina de oro, y eso que ninguna creía que fueran a triunfar. De hecho no creían que alguien fuera a querer un coche que pesa más, corre menos, gasta más, que sale más caro y que en realidad no aporta grandes ventajas a la hora de salir fuera del asfalto. Pero obviamente estaban equivocados, y solo hace falta ver que actualmente tenemos SUVs de todas las formas, marcas, colores y tamaños.

De todos los tamaños existentes el C-SUV es el más importante de todos. Cuesta creer que una marca como Opel, una de las dominadoras del segmento B-SUV gracias al Mokka X, no tuviera un modelo con el que competir en el mencionado nicho de mercado. Para eso llega el Grandland X, que al igual que su hermano pequeño, el Opel Crossland X, ha surgido de la nueva alianza que une al fabricante alemán con el conglomerado francés PSA.

En realidad el Grandland y el Peugeot 3008 son el mismo coche, al menos por debajo. Ambos comparten plataforma, motores y cambios, aunque su puesta a punto no es exactamente la misma ya que cada empresa aportó sus propios toques llevando a cabo desarrollos paralelos. Lo mismo pasa con la estética, donde cada uno luce la filosofía de diseño de la marca a la que representa.

La firma lumínica ya es seña de identidad de la marca alemana

Hace unos meses ya tuve ocasión de conocer al Grandland X. Aquel primer encuentro tuvo lugar en España, y solo de forma estática. Entonces me causó una buena sensación, de hecho su aspecto me gusta más que el del 3008. Su diseño es alemán, serio pero equilibrado. Prescinde de histrionismos y aúna las claves gráficas de todo buen SUV. Estas vienen a ser: diseño contundente y musculoso, nervaduras de carrocería marcadas y pasos de rueda con plásticos reforzados. Los detalles son los que aportan el toque elegante, como la firma lumínica y los diferentes cromados que se reparten por la carrocería. 

La filosofía de diseño de Opel no sólo se centra en el exterior, sino que también lo hace en el interior. La estructura del salpicadero es prácticamente igual a la de cualquier otro modelo de la casa. Sin embargo con el que más semejanzas guarda es con el Opel Astra. Mismo cuadro, misma pantalla, mismo volante y mismo módulo de control de la climatización. Todo es igual, salvo los materiales.

Diría que los del Grandland X son ligeramente mejores. Por ejemplo, toda la parte superior del salpicadero es de goma blanda, la misma que se usa en las puertas. El resto de plásticos dan una buena sensación al tacto, y los ajustes están cuidados. El trabajo ha sido bueno, lo único que no me convence es el dichoso Piano Black que las marcas siguen empeñadas en usar para recubrir ciertas partes del interior. No me gusta por dos motivos, uno es que nunca está limpio, y el otro es que se ralla con demasiada facilidad. 

El salpicadero está bien conformado, con materiales bien elegidos y rematados

Como ya he dicho, los interiores del Astra y del Grandland son casi calcados, pero no sólo la forma es la misma, sino que también lo es la tecnología que esconden tras ella. La tecnología se ha convertido en uno de los principales motivos de compra, y en los últimos tiempos Opel lo ha marcado como seña de identidad. 

Es por eso que en el interior del Grandland X se agolpan una buena cantidad de dispositivos de última generación. Hay dos niveles de equipamiento: Selective y Excellence. El primero de ellos llega con avances como la cámara OpenEye con reconocimiento de señales, volante multifunción, climatizador bizona, radio IntelliLink 4.0, display de información en el cuadro de instrumentos con pantalla de 3,5 pulgadas, y el ya conocido sistema de conectividad OnStar que no sólo actúa como medida de seguridad, sino que también permite conectarse vía WiFi con el coche.

Personalmente creo que el Grandland X es uno de los SUV más bonitos que hay, aunque la personalización es limitada

Si ya saltamos al nivel superior, al acabado Excellence, disfrutaremos de tecnología como los asientos delanteros y traseros calefactables, la apertura y arranque sin mando, control del ángulo muerto, la cámara de aparcamiento de 360 grados, techo solar, tapicería de piel, sistema IntelliLink 5.0 y la apertura eléctrica del portón del maletero. Es decir, una buena cantidad de gadgets con los que sus cinco ocupantes podrán jugar.

Y es que en términos de habitabilidad el Opel Grandland X está por encima de la media. Por supuesto que las plazas más cómodas son las delanteras, pero las traseras también resultan óptimas para albergar a tres ocupantes, que no sillas de niño. La plaza central es algo más estrecha, pero gracias a un túnel de transmisión poco intrusivo la comodidad es mayor que en otros modelos de la competencia.

En las plazas traseras no hay capacidad para tres sillas de niño, como en cualquier SUV

Los SUV están sustituyendo a los viejos monovolúmenes compactos, aunque éstos no sean capaces de igualar la relación espacio/tamaño. Aun así el Grandland X dispone de unos más que razonables 514 litros de capacidad mínima, que pueden extenderse por encima de los 1.600 litros si abatimos la segunda fila de asientos, que todo sea dicho de paso lo hace en una proporción 60:40. En el resto del coche encontramos prácticos huecos portaobjetos donde dejar las gafas, el móvil, la cartera o una botella de tamaño pequeño.

La gama mecánica encargada de mover al miembro más grande de la familia X de Opel es todavía demasiado escueta. En el momento de lanzamiento sólo dos motores estarán disponibles, uno diésel y otro gasolina. El primero de ellos es un bloque de cuatro cilindros turboalimentado con 1,6 litros de capacidad y 120 caballos de potencia. Por otro lado él gasolina sólo dispone de tres cilindros turboalimentados, 1,2 litros y 130 caballos de potencia. En ambos casos se pueden asociar a una caja manual o automática de seis velocidades.

Ya en el año que viene hará acto de presencia la variante diésel más potente de todas, que llegará con una potencia de 180 caballos y una transmisión automática de ocho relaciones. Más adelante, todavía no hay fecha confirmada, el Grandland X tendrá el honor de convertirse en el primer híbrido enchufable en la historia de Opel, tal y como se anunció en el pasado Salón de Frankfurt.

Todos los motores son turboalimentados y con un alto grado de eficiencia

Como tal, el Grandland X no dispondrá de una variante con tracción total. En su lugar Opel ofertará un sistema electrónico de gestión de la potencia denominado IntelliGrip. A través de un mando rotativo ubicado en la consola central, el conductor podrá seleccionar la forma en la que el coche responde en función del terreno sobre el que este se encuentre, ya sea asfalto, tierra, barro, arena o nieve.

Prueba Opel Grandland X 1.6 CDTi 120 CV

Llega hora de averiguar si el buen sabor de boca obtenido en la presentación estática se confirma a la hora de ponerse tras el volante. Aunque los motores gasolina están volviendo a reconquistar el mercado, España sigue siendo territorio diésel, y es por eso que me he puesto tras los mandos del Grandland X con mecánica diésel de 120 caballos y caja de cambios manual. La variante que a priori se debería posicionarse como la más vendida de todas.

A la hora de conducir el Grandland X éste se descubre como un gran rodador, un devorador de kilómetros, cuyo hábitat natural serán las autopistas rápidas y las ciudades, donde dominará el panorama gracias a su puesto de conducción elevado, que otorga una gran visibilidad en todas direcciones. Es un coche tan valido para usar en el día a día como para viajes largos, sobretodo por el confort y la eficiencia de sus motores.

Resulta un SUV cómodo por dos motivos, el primero es que el interior está bien aislado. Tan solo rodando a altas velocidades, tipo Autobahn alemana, la aerodinámica y la rodadura empiezan a resultar molestas. Nada desagradable. El otro motivo de su confort deriva de la suspensión con un claro ajuste blando. Esto hace que los baches apenas se noten y se eleve la comodidad de los ocupantes.

Bien uno podría pensar que esa suavidad puede causar estragos a la hora de entrar en una carretera de curvas, pero la verdad es que no. Bien es cierto que no es dónde más cómodo se encuentra el Grandland, pero resulta efectivo gracias a un chasis bien ajustado que le permite enlazar giros con cierta solvencia. Eso sí, el exceso de dirección asistida impide recibir toda la información necesaria para realizar los giros de una forma más precisa.

Opel ha puesto especial hincapié en fabricar un SUV ligero, sirva como ejemplo los bloques, fabricados en aluminio

El motor por su parte resulta solvente. Pocas pegas se le pueden poner a este bloque. La entrega de potencia es enérgica en los rangos óptimos de marcha, principalmente en la parte baja del cuentarrevoluciones, donde entrega sus 300 Nm de par a 1.750 vueltas, fuera de ellos el empuje es más lineal, aunque nunca llega a desfallecer de forma notoria. 

Esto en parte corresponde al escalonamiento de la caja de cambios, que sabe aprovechar hasta el último caballo de potencia. Como ya digo, las marchas cortas lanzan al coche con bastante solvencia, las relaciones más altas están pensadas más para el rodaje a velocidades sostenidas, aunque la capacidad de recuperación de 80-120 en quinta me ha resultado más que satisfactoria. La sexta eso sí, es excesivamente larga optimizada para bajar los consumos.

Opel no se ha olvidado de integrar los últimos avances en materia de seguridad

La única pega que encuentro en el cambio manual es el tacto. Resulta curioso que es el mismo problema que detecté en la prueba de Peugeot 3008. Los recorridos son bastante toscos y largos, y la holgura de la palanca una vez la marcha está engranada es excesiva. Un punto negativo que si bien no afecta a la conducción sí que empaña el resultado final.

En cuanto a los consumos, durante la presentación no hubo lugar a comprobar si los datos oficiales se acercan a los reales. Opel marca un consumo medio de cuatro litros a los 100 kilómetros. Por su parte el bloque de gasolina marca registros semejantes, con un gasto medio de 5,1 litros cada 100 kilómetros recorridos. Sobre el papel es uno de los SUV más eficientes del mercado, gracias en parte al ser uno de los más ligeros, con un peso mínimo declarado de 1.350 kilogramos.

Conclusiones

Pues bien, finalmente Opel ha confirmado las expectativas que esperaba. El Grandland X se postula como un gran representante del segmento C-SUV. Sus rivales no se lo van a poner nada fácil, pues llevan mucho más tiempo jugando en este partido multitudinario. Sin embargo el alemán cuenta con una buena carta de presentación. Argumentos de peso como el diseño, la tecnología y el comportamiento deberán hacer que miles de compradores opten por uno.

Ha tardado, pero al fin Opel cuenta con un modelo para luchar en el segmento más duro

En su contra tiene el tiempo de desventaja, la escasa gama mecánica y una caja de cambios manual algo tosca. Las primeras unidades pronto pisarán el asfalto. El precio de salida será de 25.100 euros para la variante gasolina con acabado Selective. Por su parte la oferta diésel arranca en los 26.800 euros. Todo ello sin descuentos especiales de concesionario. El acabado Excellence encarece el presupuesto 2.300 euros en ambos casos. 

BP ultimate

Nota: 8.1

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