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Prueba Toyota Camry, ¿se habrán vuelto locos estos japoneses?

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No corren buenos tiempos para las berlinas europeas. Pero eso no ha impedido a Toyota lanzar el Camry por primera vez en el continente. ¿Estarán locos estos japoneses o se trata de una buena jugada? Lo analizamos mientras lo probamos a fondo.

Cuando las berlinas no parecen interesar a nadie va Toyota y lanza el Camry en el mercado europeo. Pero todo tiene un porqué, y ese no es otro que Toyota es una marca global y ellos no pueden permitirse el lujo de pensar de forma local como nosotros sí hacemos en alguna ocasión. Pero la pregunta clara es la siguiente: ¿será esta apuesta buena para colmar las pocas necesidades que hay en el mercado? Pues veamos si los japoneses han jugado bien sus cartas.

El Camry, como todos los Toyota, presenta un diseño diferente al de resto de sus hermanos de marca

Antes de nada hay que mencionar un poco la historia de este modelo que aunque sea nuevo para nosotros tiene tras de sí un largo camino recorrido. El Toyota Camry nació en el año 1982, hace 37 dulces años, y a lo largo de esas casi cuatro décadas cada una de sus siete generaciones se ha ganado una merecida reputación de fiabilidad y eficiencia. Y por algo esta berlina es el octavo modelo más vendido a nivel mundial en lo que llevamos de año. Por el mundo, solo este 2019, han empezado a circular más de 250.000 Camry. Así que, he ahí una de las primeras razones por las que Toyota ha decidido traerlo a Europa.

El coste de certificación y homologación ha sido relativamente bajo teniendo en cuenta que Toyota tiene un mercado global con el que sufragar los gastos de traer su gran berlina al mercado europeo. Pero ¿por qué ahora? Pues por una sencilla razón. Actualmente en el viejo continente se están aplicando importantes medidas y reglamentaciones en lo que a movilidad sostenible se refiere. Los distintivos medioambientales se están convirtiendo es una poderosa arma de venta de coches nuevos, y como comprenderás el que el Camry sea híbrido con etiqueta ECO lo coloca muy bien de cara a esos compradores.

Ahora mismo en el mercado contamos con pocas berlinas híbridas de ese tamaño y formato. Tenemos el Ford Mondeo Hybrid, el Lexus ES, el Camry, y ya está. No hay más donde rascar. Es decir que por el momento solo son tres los modelos que reúnen unos requisitos cada vez más importantes para los compradores. Así que con un mercado en ciernes es cada vez más lógica la jugada de Toyota, que además copa el mercado con no uno, si no dos modelos. No arriesgan mucho y los beneficios pueden ser cuantiosos por ese planteamiento de híbrido convencional y etiqueta ECO.

Ahora bien, ¿qué plantea el Camry? Pues lo primero es una estética atractiva. Los coches orientales tienen ese punto estético arriesgado que las berlinas europeas no tienen. No se puede decir que estemos ante un coche feo, más bien lo contrario. Su morro bajo y afilado estila deportividad, lo mismo que sus nervios y líneas de carrocería. Se ha diseñado para gustar, y ni qué decir tiene que sus 4,88 metros de largo no dejarán a nadie indiferente, al menos de momento que es la novedad.

Por sus medidas el Camry no es pequeño, ubicado perfectamente en el segmento D

Otra cosa que hay que decir es que no estamos ante un coche especialmente pequeño. Por sus medidas se ubica claramente en el segmento D, con rivales tan poderosos como el Volkswagen Passat, el Opel Insignia, el Renault Talisman y el Mazda6, entre otros. Todos ellos sin versiones específicas híbridas, pero sí que hay alguno con soluciones híbridas enchufables como el KIA Optima PHEV o el Peugeot 508. Tampoco podemos meter a estas dos últimas en el mismo saco que el Camry porque no tienen el mismo planteamiento como ya digo. Caso aparte es el Hyundai Sonata, que dentro de poco llegará al mercado europeo con versiones hibridadas convencionales. En ese caso sí que hablamos de un rival directo.

Pero siguiendo con el tema del diseño, decir que no tenemos muchas opciones de personalización. Hay tres niveles de acabado para el Camry; Business, Advance y Luxury, y salvo por el tamaño de las llantas el resto del diseño no cambia. Luego tenemos ocho colores de carrocería diferentes y ya. Es el problema de tener las líneas de montaje lejos de los puntos de venta. Se limitan las opciones de personalización para no complicar la producción y abaratar los costes. A pesar de ello creo que el Camry luce bien, aunque no especialmente en esta tonalidad Basalto metalizado por la que hay que pagar 600 euros.

En cuanto a su interior se nos presenta un ambiente de calidad. Toyota sabe que el Camry es su berlina insignia y le concede mejores materiales y mejores acabados de lo habitual. Los materiales empleados son buenos, con superficies blandas y gomosas en gran parte de los paneles y también elementos decorativos bien resueltos como molduras de imitación a madera y otros perfiles de plástico gris que crean un buen contraste. El único pero se lo dedico a la superficie acristalada del frontal del salpicadero. No es Pianno Black pero tiene sus mismos problemas, siempre está sucio, aunque en este caso no se rallará. Algo es algo.

La composición del interior presenta buenos acabados y mucha tecnología

Como ya digo, en líneas generales es un coche cuidado en el detalle y bien acabado en cuanto a sus materiales. Todos los acabados mantienen ese estándar de calidad aunque en el acabado Business los asientos tendrán mezcla de materiales, mitad piel mitad tela. Pero salvo eso, en lo que a calidades se refieren, todos tienen buena presencia aunque claro está en el acabado Luxury se respira un ambiente mejor.

En cuanto a carga tecnológica se puede decir que el Camry viene bien servido. Tampoco es el paradigma del último gadget del mercado pero con lo que tiene cumple más que de sobra. Entre su dotación podemos llegar a contar con elementos como la cámara de aparcamiento trasera, asientos delanteros eléctricos y calefactables, Head-Up Display, conectividad para dispositivos móviles, acceso y arranque sin llave, climatizador de tres zonas, luces de LED, cargador por inducción, y un sistema multimedia con pantalla de ocho pulgadas. En realidad las 8 pulgadas son del marco de la pantalla, porque por su diseño el display no es tan grande.

El Camry se postula como un buen coche de flotas, pero eso no significa que pueda ser atractivo a un cliente particular

Toyota no ha dejado nada al azar en materia de seguridad activa y asistentes a la conducción. Su conocido programa de seguridad Toyota Safety Sense llega de serie para toda la gama del Camry. Eso nos deja con elementos tan importantes como el indicador del ángulo muerto, el control de crucero adaptativo, el radar de proximidad con alerta de peligro, el lector de señales de tráfico, aviso del cambio involuntario de carril, control inteligente de luces de carretera, alerta de tráfico trasero y alerta de atención al conductor. Es decir, toda una serie de elementos de salvaguarda que nos ayudarán a evitar accidentes y/o a reducir la gravedad de los mismos.

Pero sus cinco ocupantes no solo viajarán seguros, también lo harán cómodamente. Gracias a sus grandes dimensiones el Camry ofrece una excelente habitabilidad interior. Lógicamente las plazas delanteras disfrutarán de más comodidades, perolos ocupantes traseros no irán nada mal con mucho espacio para las piernas y la cabeza. Plazas cómodas y bien definidas para los laterales y una butaca central algo más incómoda por un respaldo que hace las funciones de apoyabrazos y un túnel central muy marcado pero no excesivamente intrusivo. Lo peor en este apartado se lo lleva el maletero sin opción a ser ampliado. La banqueta trasera no se abate y eso nos deja con una cifra de carga única de 524 litros para los acabados Business y Advance y 500 litros para el Luxury.

La fila trasera muestra mucho espacio en todas sus cotas

Donde no hay mucho problema con la toma de decisiones es con la mecánica. Toyota pone sobre la mesa una única versión, la versión Hybrid 220H. Un esquema mecánico extraído del Toyota RAV4 que desarrolla un máximo de 218 caballos. Por un lado tenemos un motor de gasolina de cuatro cilindros y 2,5 litros que genera 178 caballos y 221 Nm de par máximo entre las 3.600 y las 5.200 vueltas. A ese bloque se le suma una pequeña batería de iones de litio de 1,59 kWh de capacidad, y un motor eléctrico que por sí solo genera 120 caballos que, alimentándose de las baterías, podrá impulsar al coche de forma única durante una distancia aproximada de dos kilómetros.

Al volante del Toyota Camry

Es decir, ese esquema mecánico nos es de sobra conocido. Cifra arriba, cifra abajo, su funcionamiento es exactamente igual al de un Toyota Yaris o un Toyota Prius; un híbrido a secas. Esto a su vez se traduce en muchas ventajas y algún que otro inconveniente. En la parte positiva, y siempre seña de identidad del Camry es su eficiencia. Todos conocemos las ventajas de los híbridos, la más clara sin duda es el bajo consumo de combustible. Dado que el Camry, con sus casi 1.700 kilogramos de peso, puede desplazarse de forma 100% eléctrica el consumo medio estipulado por Toyota es de 5,3 litros. Durante la prueba, si bien hubo recorridos donde se cumplió con lo homologado o incluso se bajó, lo normal fue circular en cifras más altas, en torno a los seis litros por cada 100 kilómetros recorridos.

Me sigue pareciendo un dato espléndido si tenemos en cuenta el tamaño del coche, el peso y también la potencia. Y ya que hablo de potencia decir que esos 218 caballos lucen bastante bien. Cierto es que en una conducción normal no se dejan notar todos pero sí que les puede sacar provecho. La respuesta es buena, generosa y suficiente para hacer maniobras peliagudas como los adelantamientos en vías secundarias o salir desde parado. En cuanto a eso no hay problema porque además Toyota nos brinda varios modos de conducción: Eco, Normal y Sport, además de un complementario EV que nos permitirá darle la orden al coche que solo use el motor eléctrico para desplazarse (siempre y cuando haya carga suficiente en las baterías).

La etiqueta ECO nos permitirá entrar en zonas de acceso restringido y poder circular en días de protocolo anticontaminación

Huelga decir que estos modos de conducción se dejan notar lo suficiente pero tampoco alteran el comportamiento de forma salvaje. En el modo ECO tendremos una respuesta más laxa por parte de algunos componentes como por ejemplo el acelerador, el motor y la caja de cambios. En el modo Normal, todo transcurre como su propio nombre indica, y en el modo Sport el coche se tensa lo suficiente como para generar una mayor sensación de agilidad, algo en lo que el Camry no termina de destacar.

Tampoco es algo malo porque en líneas generales no es un coche diseñado para un comportamiento excesivamente dinámico. Se maneja con soltura en una conducción normal pero a la hora de apretar el acelerador se le nota más incómodo. La respuesta del chasis es perezosa y el paso por curva no es eficaz por culpa de una suspensión con un marcado tarado blando. Insisto que es algo que no supone mayor problema porque el coche no ha sido desarrollado para ello, pero sí hay que tenerlo en cuenta si somos de esos que nos gusta darle al gas.

Tampoco creo que haya mucha gente que se compre un Camry para tal forma de conducir porque echaremos por tierra el objetivo principal del coche, que repito una vez más, es el ahorro. Estamos ante una berlina de grandes dimensiones y que pretende no solo ser ahorradora, también confortable. El punto extra de los desplazamientos ausentes de ruido a baja velocidad ya lo tiene, y a eso debemos sumar una suspensión de gran empeño en tragarse todas las irregularidades de la carretera y un aislamiento interior bien rematado. El único problema, una vez más, es la rumorosidad de fases de aceleración. En esos casos el ruido del motor se filtra claramente al habitáculo y reduce significativamente la sensación de calidad de rodadura.

La tecnología se muestra de una forma sencilla y limpia, sin grandes lujos ni estridencias

Digo una vez más porque esto ya es sabido en cualquier Toyota que se precie. Los japoneses usan una vez más su cambio e-CVT, que si bien es muy suave y resistente, no es tan agradable en una conducción más alegre y en esos momentos donde tenemos que pisar el acelerador a fondo. En ese caso el motor se viene arriba de vueltas y no cejará en su empeño hasta que nosotros reduzcamos la presión sobre el pedal. Es algo a lo que ya estamos acostumbrados pero eso tampoco significa que sea algo que nos termine de gustar por la poca sensación de refinamiento que produce.

El Camry puede ser considerado un modelo generalista, con buena calidad, buenos acabados y buen equipamiento pero generalista al fin y al cabo. Y por eso su precio de venta es relativamente accesible teniendo en cuenta el concepto y el tamaño. El Toyota Camry tiene un precio de salida de 36.500 euros, sin ofertas ni promociones. Esa cifra puede crecer si saltamos al resto de acabados, 1.400 euros extra por el acabado Advance y 6.900 más por el acabado Luxury. Eso nos deja que el tope de gama puede irse por encima de los 42.000 euros, algo que parece mucho pero que tampoco es tanto teniendo en cuenta que con la etiqueta ECO tenemos ciertas ventajas fiscales.

Conclusiones

Que Toyota se introduzca en el mercado europeo de las grandes berlinas cuando éstas no hacen más que reducir sus ventas no es algo casual o improvisado. Europa vive un momento de cambio de movilidad y los coches menos contaminantes se postulan como los grandes dominadores de cara a los próximos años. A pesar de su formato el Camry no tiene muchos rivales a la vista por el momento. Surgirán más, y aunque sea un coche muy enfocado a flotas, también puede resultar atractivo a un comprador particular que busque un enfoque muy determinado.

Toyota no da puntada sin hilo, y la jugada del Camry es una apuesta de largo recorrido

El Camry tiene muchos puntos fuertes como sus consumos ajustados, su buen hacer en materia de interiores, una gran habitabilidad y una etiqueta ECO. Su conducción no pasa del mero correcto, pero eso es tan malo como parece. Su conjunto híbrido sirve a la causa perfectamente, siendo eficiente cuando debe y también algo más prestacional cuando se le requiere algo más. Las pegas vienen marcadas una vez más por la rumorosidad a altas vueltas y por un maletero que no es ampliable por culpa de una segunda fila de asientos fija. Por todo ello un notable alto para la berlina más grande que Toyota trae a nuestro mercado.

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