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    Virutas F1El coste de la vida

    Suzuka ha perdido, un año más, la posibilidad de acoger la Fórmula 1.

    El deseo de muchos organizadores por acoger carreras de Fórmula 1 se va a poner un poco más cuesta arriba. Si a algunos ya les costaba trabajo cubrir los gastos y cánones que ello supone, esto va a ir a peor. Y la respuesta está en Tokio.

    Desde la Segunda Guerra Mundial no se habían vivido unas Olimpiadas tan convulsas desde el punto de vista organizativo. Los responsables de Tokio 2020 desconocían que les estaban entregando un regalo envenenado cuando aquel 7 de septiembre de 2013 sonó su nombre por los altavoces en la 125 asamblea del Comité Olímpico Internacional en Buenos Aires. El país del sol naciente al completo se puso en marcha como solo ellos saben hacer sin saber qué tendrían que retrasar al menos un año su celebración, sin visitantes extranjeros, y con un coste de nada menos que 13.000 millones de euros según estimaciones recientes.

    A resultas de la pandemia, las dificultades encontradas por los rectores nipones, y el temor una sucesión de olas de Covid acaben convirtiéndose en tsunami para sus nacionales, han liquidado el Gran Premio de Suzuka de Fórmula 1, su prueba de MotoGP, y una retahíla de eventos deportivos afines y en los que se puede liar la mundial si se junta más gente de lo necesario. Contra todo pronóstico Japón es uno de los países con el índice más bajo de vacunación de todo el mundo desarrollado, y con un extra añadido: son una isla. Todo lo que allí ocurra, para bien o para mal, puede resultar siendo endémico, propio y exclusivo de un territorio rodeado por un muro de agua.

    Domenicali ya lo está advirtiendo, esto va a subir con un efecto rebote cual muelle de suspensión trasera

    Los Juegos Olímpicos son tras el Mundial de Fútbol el evento deportivo más visto del planeta, pero con ciertas salvedades: no se celebran cada quince días, o lo que es peor, ni siquiera cada año, y esto es algo que si ocurre en la Fórmula 1. Los eventos deportivos de carácter global son un (im)pagable recurso mediático que arrastra de la imagen pública en los lugares en los que se celebra. Poco o nada sabríamos de Monza, Interlagos, Suzuka, Silverstone o Montmeló de no ser por las carreras internacionales que en sus municipios se disputan. Las entidades públicas locales pelean —y pagan— por acoger eventos de este calibre por diversos motivos y en algunas ocasiones forman parte inherente de su industria, sociedad y a fin de cuentas su economía. Si se mete pasta en esto es porque directa o indirectamente se saca lo mismo o puede que más.

    Un gepé de Fórmula 1 es básicamente una herramienta de marketing de zonas, áreas de influencia, y entornos regionales que pagan con mucho dinero un servicio publicitario que siempre costaría muchas veces más si se contratase directamente. Añade a esto que no hay mejor publicidad que aquella que no lo parece… pero lleva tu nombre. Viviendo en la era del show business, hay mucho business que atender y sin show, sin enseñar, poco o nada venderás. Cuando pagas los 20 o 30 millones de un canon no te estás comprando solo un fin de semana festivo en el que tu presidente o ministro sale en la foto. Además haces de tu ciudad, región o país un epicentro en el que se fijan millones de pares de ojos. Si además tienes suerte y en tu carrera ocurre algo especial, un accidente (dios no lo quiera), una polémica, se anuncia algo gordo o alguien se proclama campeón, estarás viviendo en los titulares durante semanas.

    Con la pandemia las carreras en destinos remotos y lejanos, por cuestiones logísticas y médicas, ha retraído a la categoría hacia sus cuarteles de invierno, la vieja Europa, donde las cosas funcionan algo mejor que en el resto del orbe. Pero cuando todo este jaleo acabe, y Stefano Domenicali ya lo está advirtiendo, esto va a subir con un efecto rebote cual muelle de suspensión trasera. El italiano ya ha puesto nombre a las pistas clásicas que miran hacia la puerta y a algunas les ha sentado mal el desayuno. Mónaco, Spa o Monza, tres citas ineludibles del calendario europeo, penden de un hilo de nylon del finito. El mandamás del carrerismo les advierte que ‘los que viven de la tradición suelen vivir poco’, y les pide que aceleren en sus procesos de organización. Liberty Media, los amos del cotarro, no entienden de tradiciones, historia, o aficiones sino de negocio, porque esto no es más que un deporte-espectáculo encerrado dentro de un negocio, y el que no entiende esto es que no ha entendido el mundo en el que vive. Ese espectáculo es global, planetario, y Norteamérica llama a la puerta, los países asiáticos quieren salir en la foto, y los árabes tienen diversos motivos para desear lo mismo.

    Por todo esto la posibilidad, remota pero no imposible, de perder su Gran Premio aterra a los gestores del Circuito de Montmeló. Saben perfectamente que como pierdan la plaza, recuperarla es sumamente difícil. Salir del grupo se consigue muy fácilmente, pero el retorno se torna en cuesta arriba. En la puerta están croatas, indonesios, sudafricanos, los de Miami, New Jersey, Las Vegas y alguna ciudad del norte de EEUU, Catar, Filipinas, China que quiere una segunda carrera, India, Malasia e Indianápolis que quieren volver, y ciudades como Londres, Roma, o hasta Jerez lo ha planteado… La lista de los que están esperando es larga y basta con que den con la financiación y lleguen a un acuerdo para que ocupen un espacio irrecuperable para otros.

    Y lo de Tokio

    Los Juegos Olímpicos de Tokio han mostrado una de las caras más feas, tristes e indeseables de un evento de semejante fuste: el disparatado coste que conlleva. Con esos 13.000 millones de euros que dicen han costado sus juegos, tienes para pagar el mejor circuito de Fórmula 1 de la historia, a unos 500 millones de euros, y luego te queda pasta para apoquinar un generoso canon para algo más de tres siglos de competición a unos 40 millones/año. A cambio recaudas que sales por la tele planetaria durante una semana durante 312 temporadas. ¿Sale rentable? Es obvio que si. Suma que el Comité Olímpico no concede sus juegos a ciudades de menos de dos millones de habitantes y sus requisitos son realmente duros, que las obras acaban siendo pasto del olvido, o la piqueta en el mejor de los casos, y cuenta con una fuerte respuesta por parte del publicontribuyente. Siempre habrá quien se oponga, pero cuando cuesta 300 veces menos siempre puede caber la posibilidad de que te topes con una oposición 300 veces menor. Comparado con esto, la F1 es tirada de precio, una ganga, y si te hartas a los dos o tres años, cortas el hilo y a los barcos, las cosas que monta Red Bull, o habla con la Selección Nacional y que se venga a jugar a tu estadio, y algo podrás montarte.

    Si antes las ciudades se pegaban por montar Juegos Olímpicos, Olimpiadas para los amigos aunque sea incorrecto, en adelante esto empieza a convertirse en un erizo de intereses, que lo cojas por donde lo cojas, te vas a pinchar. Por todo ello, los gepés de coches y motos se van a revalorizar, van a subir de precio ante un previsible aumento de la demanda. ¿Que no? Ya lo verás, y vas a ver cómo sudan los organizadores para rajar aún más sus carteras en busca de fondos para pagarlo. Eso, o a buscar otros productos mediáticos con los que salir en los papeles… que siempre nos gustarán menos.

    Fotos: Red Bull Content Pool